El arquetipo del niño sin madre

Ese es el verdadero triunfo del “abandonado”; la tremenda batalla ganada, que no es la de luchar por la superviviencia sino por la creación, por darse y crearse una vida llena, plena y buena, por lograr la prosperidad.
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Las personas que tienen este arquetipo activo, se distinguen por una respuesta de querer hacerse invisible, desaparecer, estar desprotegido, o regresar instantáneamente al pasado cuando sienten amenaza o mal trato por parte de otro adulto.

Lo importante es saber que este arquetipo tiene una llama interna que puede y debe ser encendida. Esa llama sigue ahí, jamás se apagó y jamás se apagará aunque no la tenga brillando en este momento. Aunque haya sido humillado, retirado y castigado como persona.

Esta llama la enciende y la cuida la madre interna. Para desarrollar la madre interna hace falta tener un deseo de amor incondicional y respeto hacia uno mismo.

No se trata de buscar amor (externo) de otros a toneladas hasta que te salga por las orejas. Esto les dejará insatisfechos…

Se trata de tener la madre guía, la que señala los puntos buenos y malos, la que tiene consciencia, intuición. La sabiduría consciente que te guía. La que cuando te guía te está amando (amar = mostar guía). La que pone luz en la oscuridad.

Cuando un bebé crece en normalidad, su infancia le reporta la sensación de paraíso: cuando tiene hambre, es alimentado; si tiene frío, se le da calor.

Es aquí donde obtiene la grata sensación de vivir, de ser aventurero, viajante en la vida. Más tarde, cuando es niño y va al colegio, se sale del paraíso y recibe mordiscos, o malos tratos de otros niños, etc… Debe enfrentarse con aspectos más oscuros del ser humano. El enemigo está fuera.

Pero cuando ese niño crece en una familia donde sus enemigos son el padre o la madre porque no atienden/no saben atender sus necesidades, ese niño se cría a la defensiva. La respuesta que aprende es que la vida no es un paraíso sino que hay que defenderse. Crece sin guía en el exterior (sin función de madre). Ante cualquier estímulo, suele responder a la defensiva (es un elemento distintivo del arquetipo “huéfano”). Tienen miedo de ser viajantes por la vida porque perciben sus amenazas.

Aprenden a incrementar su sensibilidad para “averiguar” o “adivinar” de dónde les vendrá la próxima amenaza, patada o bofetada… se hacen muy intuitivos. Se convierten en adultos “en alerta”. Y normalmente no sólo pueden prever o identificar a las personas negativas sino también a las positivas.

El problema es que tienen una fuerte tendencia a suprimir o destruir su intuición. A despreciarla, a minusvalorarla, especialmente si seguirla les supone una pérdida externa de amor… (perder a personas).

Hay dos tipos de malos tratos en el arquetipo huérfano:

Abuso: pegar, insultar, humillar, castigos inapropiados, gritos… cualquier estímulo que provoque una innecesaria respuesta de lucha en el niño

Negligencia: La madre no presta atención a los sentimientos o necesidades del niño (no lo coge bien para amamantarlo, etc.) y el niño no siente seguridad. Primeramente, lo vuelve melancólico, y con el tiempo se vuelve desesperado, deprimido. En la mayoría de los casos se da porque la madre es inmadura (ya sea por edad o por inmadurez psicológica –internamente no ha crecido, no tiene madre).

Cuando la luz (la consciencia) es puesta sobre este arquetipo, el abuso o negligencia se desvela con significado. La circunstancia del abuso no es un sinsentido. Se desata el tremendo poder, la tremenda intuición. Los mejores curativos son niños sin madre. Y los artistas, los músicos… todo aquél que vive con la mano puesta en el corazón, a la escucha del corazón.

Llegando a la adolescencia, el abuso tiene mucho que ver con la identidad. Saber quién es uno. Y quién será la semana que viene. El dolor de estar solo. Sentirse como un árbol con las raíces fuera, buscando una tierra donde plantarse. El abusado suele tener problemas de identidad, de estabilidad en el tiempo de su identidad.

La frialdad: no tener amigos, no hablar con los vecinos… E incluso, aunque se tenga amigos, el abandonado siente frío interno. Frío por estar apartado de uno mismo. Suele tener problemas para querer a los demás y también a sí mismo.

Responsividad ante sonidos. Hay bebés que enseguida lloran y se agitan ante estímulos sonoros mientras que otro no. A los sensitivos, lo peor que les puede pasar es que sean “niños sin madre, abandonados”. Si les rascas, prácticamente empiezan a sangrar. Se les denomina “los sin piel”. Tienen los nervios sin proteger por la piel, expuestos. Su preocupación como adultos es “crecer la piel”, que no es más que el proceso de aprender a que no les llegue hasta el corazón todo lo que les ocurre.

Por eso son tan intuitivos, porque ven, oyen y sienten de manera acentuada.

La mala noticia es que duele. La buena noticia es que si lo notas (sentir el dolor) entonces puede ser curado. Las cicatrices se verán (no queda igual que si no hubiera sido dañado) pero serán motivo de orgullo. Serán un reflejo de tu fortaleza, un mapa de tus tesoros.

La psique del huérfano tiene un hambre terrible, una soledad terrible que le hace o le lleva a recorrer compañías de las peores, hábitos no saludables… todo debido a ese sentimiento de soledad. Se tiene hambre de personas hasta llegar a la obsesión, hambre instintiva. Hambre de consumir personas.

El bebé que puede chupar de la teta de la madre, deja de tener hambre. Pero el que no puede hacerlo, está hambriento continuamente. El huérfano tiene problemas para darse alimento psíquico a sí mismo: reconocimiento, amor, autoestima, respeto… Y trata de conseguirlo fuera.

Otra característica es el amontonar cosas por si luego no hay, por si luego no tengo. Esa sensación de “por si acaso falta”.

Está tan cerca de la muerte psíquica que parece que no la va a superar. Pero ese es el verdadero triunfo del “abandonado”. La tremenda batalla ganada, que no es la de luchar por la superviviencia sino por la creación, por darse y crearse una vida llena, plena y buena, por lograr la prosperidad.

Clarissa Pinkola Estés

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Hallan un remedio para la ansiedad generalizada y el “miedo al miedo”

Óscar Martín
La Federación Mundial de Sociedades de Psiquiatría Biológica recomienda Lyrica como tratamiento eficaz de primera línea en pacientes que sufren trastorno de ansiedad casi permanente

La Federación Mundial de Sociedades de Psiquiatría Biológica (WFSBP) ha actualizado sus directrices de práctica clínica y recomienda Lyrica (pregabalina) como tratamiento de primera línea para pacientes con trastorno de ansiedad generalizada, una enfermedad crónica que se estima que afecta a un 6% de la población europea. La recomendación de pregabalina se basa en la eficacia mostrada en los ensayos clínicos y en la relación favorable beneficio/riesgo que presenta.

El profesor Borwin Bandelow, del departamento de psiquiatría y psicoterapia de la Universidad de Göttingen de Alemania apunta al respecto que “las nuevas directrices son un paso importante para mejorar la calidad de los pacientes con ansiedad. Espero que estas recomendaciones se integren dentro de las pautas europeas, ya que éstas son el pilar de la práctica clínica”.

¿Qué es el Trastorno de Ansiedad Generalizada?

El síntoma fundamental es la ansiedad, que es persistente en el tiempo (dura más de 6 meses) y generalizada, sobre una amplia gama de acontecimientos o actividades (como el rendimiento laboral o escolar), no estando restringida a una situación en particular como en las fobias ni presentándose exclusivamente en forma de crisis, como en el caso de las crisis de pánico.

El estado de ansiedad es casi permanente, oscilando levemente durante el transcurso del día y afectando la calidad del sueño. La ansiedad esta asociada muy frecuentemente a preocupaciones excesivas (llamada expectación aprensiva). Por ejemplo: miedo a que algún familiar cercano o la misma persona que sufre este trastorno puedan tener un accidente, enfermarse o morir. A la persona le resulta difícil controlar este estado de constante preocupación.

La ansiedad y preocupación se asocian a 3 o más de los siguientes síntomas:

– Nerviosismo, inquietud o impaciencia
– Fatigabilidad (cansancio) fácil
– Dificultad para concentrarse o poner la mente en blanco
– Irritabilidad
– Tensión muscular, temblor, cefalea (dolor de cabeza), movimiento de las piernas e incapacidad para relajarse
– Alteraciones del sueño: dificultad para conciliar o mantener el sueño o sensación al despertarse de sueño no reparador
– Sudoración, palpitaciones o taquicardia, problemas gastrointestinales, sequedad de boca, mareos, hiperventilación (aumento del número de respiraciones por minuto)

Miedo al miedo

La ansiedad, la preocupación o los síntomas físicos provocan un malestar significativo o deterioro en las relaciones familiares, sociales, laborales o de otras áreas importantes de la actividad de la persona. Los síntomas de ansiedad en el Trastorno de Ansiedad Generalizada son constantes a diferencia de lo que ocurre en el Trastorno de Pánico donde la ansiedad-pánico aparece en forma paroxística tomando la forma de una Crisis de Pánico.

La Crisis de Pánico no suele durar más de 30 minutos pero deja a quien la padece con mucho temor a presentar una nueva crisis. Este “miedo al miedo” se lo denomina “Ansiedad Anticipatoria” y puede confundírse con un Trastorno de Ansiedad Generalizada.

Es importante además descartar que los síntomas de ansiedad no sean debidos a la ingesta de algún tipo de sustancia ansiogénica: cafeína, anfetaminas o a una enfermedad médica (hipertiroidismo por ej.). Asimismo los Trastornos Depresivos se asocian con mucha frecuencia a ansiedad. Es muy importante realizar un correcto “Diagnóstico Diferencial” para poder llegar a un diagnóstico acertado de lo que le ocurre a quien se encuentra padeciendo un cuadro de ansiedad.

La principal causa de fracaso terapéutico es la falta de diagnóstico o un diagnóstico errado. El Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) es mucho más de lo que una persona normal con ansiedad experimenta en su vida diaria. Son preocupación y tensión crónicas aún cuando nada parece provocarlas. El padecer este trastorno significa anticipar siempre un desastre, frecuentemente preocupándose excesivamente por la salud, el dinero, la familia o el trabajo. Sin embargo, a veces, la raíz de la preocupación es difícil de localizar. El simple hecho de pensar en afrontar el día puede provocar ansiedad.

El estudio demuestra la eficacia de Lyrica

Los datos procedentes de los estudios demuestran que pregabalina proporciona eficacia rápida y sostenida para el tratamiento del trastorno de ansiedad generalizada desde la primera semana de administración del medicamento, tanto sobre los síntomas psíquicos como en los físicos.

Además de Lyrica, La Federación Mundial de Sociedades de Psiquiatría Biológica recomienda como tratamiento de primera línea para el TAG, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotina (escitalopram, paroxetina y sertralina) y los inhibidores de la recaptación de serotina y noradrenalina (duloxetina y venlafaxina). Por otro lado, destaca la necesidad de combinar el tratamiento farmacológico con otros no farmacológicos, como la terapia cognitiva para mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Sobre Lyrica

Lyrica es un medicamento desarrollado por Pfizer indicado para el tratamiento de dolor neuropático periférico y central en adultos, para el tratamiento combinado de las crisis parciales de epilepsia con o sin generalización secundaria y en tratamiento del trastorno de ansiedad generalizada (TAG) en adultos.
Pregabalina recibe la aprobación en Europa en el 2007 para el tratamiento del Trastorno de Ansiedad Generalizada basada principalmente en cinco estudios controlados, aleatorizados, doble-ciego, con una muestra compuesta por más de 2.000 pacientes.

http://www.elsemanaldigital.com/articulo.asp?idarticulo=91442&tema=&accion=&mes=&ano=ref=

el quinto mandamiento .Lucía EtxebarríaEL QUINTO MANDAMIENTOUna lee

el quinto mandamiento .Lucía Etxebarría

EL QUINTO MANDAMIENTO

Una lee las memorias de Isabel Sartorius y descubre a una madre que nunca cuidó de sus hijos porque para eso había “señoritas” . No una señorita, no: señoritas, en plural. Una madre que enviaba a sus hijos a pasar las vacaciones solos en un hotel, al cuidado de las susodichas señoritas, porque ella iba a pasar un mes de ensueño en un yate con su novio. Una señora que le enviaba a su hija a los catorce años a comprar cocaína. En coche oficial, eso sí. Una señora que a los cuarenta, cincuenta años, seguía dependiendo de su hija económica y emocionalmente. Una señora que a ojos de esta lectora – yo- es un monstruo de egoísmo y que le ha destrozado la vida a su hija como su propia hija en realidad, admite. Y sin embargo las memorias de Isabel Sartorius son un canto de amor a su madre. La justifica en todo momento. Culpa de todo a la adicción de su madre , sin darse cuenta de que el episodio de los niños abandonados en un hotel en vacaciones junto con las señoritas tuvo lugar antes de que la adicción surgiera. Pero hay una necesidad desesperada no solo de perdonar a la madre, sino de eximirla de culpa.

Isabel Sartoruis es codependiente. Ha pasado por todo tipo de terapias . A día de hoy, después de años de intenso sufrimiento, parece feliz. Ella misma reconoce que si está sola ha sido por su incapacidad de crear vínculos íntimos y estables con hombres, y por su terror al compromiso, derivado de la historia de codependencia que creó con su madre.

La hermana de un ex novio me contaba la historia del padre. Voy a llamarle Angela, porque tiene un aspecto muy angelical. Yo sabía que el padre era un maltratador psicológico, su propio hijo me lo había contado cuando mantuvimos una relación. Lo que no sabía era que también era un maltratador físico. A su hija no solo la insultaba y despreciaba, sino que le pegaba a la mínima, palizas completamente injustificadas. La hija, de mayor, aquejada de una fobia social muy seria, acudió a un terapeuta. El terapeuta le hizo ver la responsabilidad de la madre en el asunto. La madre nunca se había enfrentado al padre, muy al contrario, le había justificado y había, de paso, culpabilizado a la niña: “ Pero no le provoques, ¿ no ves cómo se pone luego?”. Esa niña continuó siendo siempre una niña, pese a que ya tenga cuerpo de adulta. A día de hoy, sigue justificando a la madre: Tenía miedo, dice. No sabía hacer otra cosa, dice. Tampoco se ha enfrentado nunca directamente al padre. Sigue yendo a comer a casa de los padres todos los domingos. No tiene valor para decir simplemente: “Me habéis destrozado la vida, ahí os quedáis”, y cortar el vínculo. Imposible.
Esta mujer tiene 45 años. Nunca ha tenido una relación estable con un hombre. Casi no tiene amigas. Vive centrada en su trabajo. Está altamente medicada. Va a terapia.

Cenando con David y Eloy apareció un chico aparentemente muy inteligente. Le llamaré Hugo porque olía a Hugo Boss desde la distancia. Hablaba cuatro diomas y había estudiado una ingeniería. Nos contó su vida. Cuando tenía diecisiete años, su madre descubrió por casualidad que él era homosexual. Le prohibió salir de casa, le gritaba todos los días. Le enviaron a una psicóloga. La psicóloga le aconsejó al chico que aguantara estoicamente la actitud de su madre y que confiara en sí mismo, que no se culpabilizara, que él tenía derecho a elegir la opción sexual de su preferencia. También le dijo al chico que no le contara nada a su madre sobre las sesiones. Pero el chico acabó por hacerlo y lógicamente la madre dejó de pagar a la psicóloga. Me ahorro relatar todo el calvario subsiguiente. El caso es que a día de hoy este chico, ahora un hombre, sigue viviendo con su madre, cuyo comportamiento justifica: “ Mi madre es buena, solo que es muy conservadora”. Miente a su madre y le dice que sale con mujeres.
Este hombre ha ido encandenado una relación desgraciada tras otra.

No debería ser lo normal, pero lo normal es que la gente sienta una lealtad potentísima hacia sus padres. Las consultas de los terapuetas están llenas de pacientes que sufren por culpa de padres excesivamente críticos o degradantes, o abusivos, o intrusivos, a los que no soportan, y cuya aprobación, sin embargo, siguen buscando y necesitando.
No debería ser lo normal, pero es lo normal.

No debería asombrarnos tanto.

Las investigaciones sobre vínculos tempranos, tanto en humanos como en primates, muestra que estamos muy ligados a los lazos afectivos, incluso a aquellos que no son buenos para nosotros.

Los hijos de padres o madres tóxicas _ lo que se llama en jerga “ padres narcisistas”, aquellos que no anteponen el bien de su hijo al propio- , crecen como mujeres y hombres que viven con un eterno dilema: ¿Debo visitar y quizá perdonar a mi padre/madre, o protegerme a mí mismo, cortar todo tipo de realación y vivir el resto de mi vida con sentimiento de culpa, si bien injustificado?
El tema tiene poca o ninguna presencia en los libros de texto o en la literatura psiquiátrica, lo que quizá refleje la noción común y equivocada de que los adultos, contrariamente a los niños y los ancianos, no son vulnerables al abuso emocional.
Otra creencia muy dañina y muy extendida es la de asumir que los padres están predispuestos a amar a sus hijos de manera incondicional. Esto no es cierto, así de simple. Hay padres que se acaban convirtiendo en una amenaza psicológica para sus hijos y hay hijos que deberían evitar la relación con sus padres. Es cierto que se trata de una medida drástica, como amputar un miembro gangrenado para salvar la vida de un paciente.

El problema es que , incluso los padres más abusivos puede ser afectuosos. De hecho, padres extremadamente abusivos, manipuladores o intrusivos son muy afectuosos, porque si no manipulan a su hijo o hija es difícil que él o ella tolere la crítica, el desprecio o las palizas. Este tipo de relación se llama “ relación de doble vinculación” ( en cristiano: una de cal y otra de arena) y confunde enormemente a quien la sufre. En muchos casos , dejándole incapacitado de por vida para establecer vínculos emocionalmente sanos .
Para explicar cómo funciona la doble vinculación me remito a Akiva Tatz, que en uno de sus libros ¨Vivir Inspirado¨ busca respuestas en la Torá “¿¨Por qué este árbol del paraíso es llamado árbol del conocimiento del bien y el mal ¿ Debió haber sido llamado árbol del conocimiento del mal?. Si él constituye la fuente del mal en el mundo ¿por qué lo del bien y el mal?” esa es la idea. Si el árbol fuese solo del mal, a nadie se le ocurriría probar sus manzanas, que sabrían ácidas. ¿ Cómo iba a tentarte una manzana ácida? No, el árbol es el árbol del Bien y del Mal y por lo tanto sus manzanas son dulces y apetitosas. Es el conocimiento del bien y el mal combinados , confundidos entre sí, lo que constituye el problema. En hebreo el conocimiento (daat) siempre denota una asociación intima , un nexo intrínseco: el árbol une tan completamente el bien y el mal que después de que la fruta ha sido ingerida, la naturaleza humana se convierte en un embrollado nudo de ambos elementos . Y desde entonces ninguna situación será totalmente clara.¨

Los vínculos tóxicos, por lo tanto, nacen allí donde todo indica -aparentemente- enormes dosis de amor. Y luego, en la vida adulta, se reproducen – como un esqueje transplantado – en hogares donde todo indica enormes dosis de amor.

Esa madre tan española que les repite una y otra vez a sus hijos que ella, para sentirse bien, sólo necesita que ellos estén bien, y por lo tanto cría a unos hijos que vivirán constantemente culpabilizados en cuanto ella suelte unas lagrimitas porque si algo le pasa a ella, y ella solo vive en función de sus hijos lo lógico será pensar que ellos son los responsables del sufrimiento de su madre. Ella vive por y para sus hijos, ella espera que ellos la completen. Y eso no es amor, es vampirismo.

La consecuencia más visible de los hijos de padres tóxicos es que fueron preparados para ser niñeros y niñeras de los demás. “No podrían establecer una relación con alguien que esté bien -dice Emilia Faur-. Porque necesitan ser necesitados para sentirse valorados, necesitan sentir que sirven para algo. Suelen elegir parejas que de algún modo ocupan el lugar que tenía alguno o ambos padres: personas compulsivas, adictas al alcohol, al juego, las drogas, violentos, inmaduros, maltratadores. Esto no se vive en forma consciente, pero el planteamiento es es: lo que no logré con mi mamá o mi papá lo voy a conseguir con este hombre o esta mujer. Ser hijo de padres tóxicos explica perfectamente bien conductas codependientes en la vida adulta: sólo sirvo si otro me necesita.” A

Lo que probablemente asombre más a quien me lea es que la vinculación con un padre tóxico es mucho más fuerte e intensa que la que se establece con un padre sano. No extrañará si han leído la historia de Isabel Sartorius, que prácticamente cortó la relación con su padre – sanísimo – para ocuparse en exclusiva de su madre, y que no retomó esa relación hasta ya pasados los treinta años de ella.
Existe una explicación a este hecho aparentemente tan absurdo.

El síndrome de Estocolmo describe una reacción inducida por el estrés o el terror. Supongo que todos sabéis de que hablo. Las víctimas de secuestros que han sido tomadas como rehenes desarrollan un lazo emocional y un sentido de lealtad muy fuerte hacia sus captores. El síndrome de Estocolmo también describe el comportamiento de las víctimas después del que el incidente ha terminado. En muchos casos las propias víctimas abrazan al secuestrador y ruegan a los jueces indulgencia para quienes les secuestraron. Uno de los casos más conocidos de víctimas de este síndrome fue el de Patricia Hearst, secuestrada por el Ejército Simbiótico de Liberación Patricia no solo perdonó a sus secuestradores, sino que se acostó con ellos y más tarde se unió al Ejército y , ya convertida en guerrillera, participó en el atraco a un banco. Precisamente en el juicio uno de los argumentos de la defensa fue que Patricia sufría de síndorme de Estocolmo.

Los sobrevivientes de abuso sexual, como los rehenes, suelen formar lazos emocionales con sus abusadores. Crean vínculos tan intensos y tan enfermos como para que el sobreviviente mantenga durante años el secreto el abuso por lealtad al agresor y que incluso, protectoramente, salga en defensa de quien abusó de él o ella. Por alucinante que llegue a parecer a quien lo lea y no lo haya vivido, es bastante común entre los sobrevivientes de abuso sexual infantil mostrar un mayor grado de apego al progenitor abusivo que al no abusivo. La furia normalmente se desplaza al otro progenitor, al que le culpan por no haber protegido. Casi siempre – no siempre – el abusivo es el padre. Las reacciones de furia suelen dirigirse a la madre. Nunca diciendo “ tú has permitido que papá abusara de mí” – porque, como ya he dicho, los abusados y abusadas protegen al padre y guardan el secreto – pero sí en forma de peleas y enfrentamientos continuos. Esa madre probablemente nunca sepa por qué, de pronto, su hija comenzó a odiarle de semejante manera.

Tanto en casos como el de Isabel Sartorius ( madre drogadicta y negligente) cono en el de Angela ( padre maltratador, madre cómplice) , como en el de Hugo ( madre intrusiva), ese extremo vínculo con el progenitor tóxico se desarrolla como habilidad de supervivencia. Si uno se siente muy cercano a ese progenitor, se protege contra el dolor. Se engaña a sí mismo porque piensa que en realidad no ha pasado nada, que él o ella controla, que es él o ella el que está a cargo de la situación. El vínculo enfermo se crea también porque el padre tóxico ha destruido de tal menera la autoestima, la confianza y el sentido de la realidad de su hijo o hija que realmente el hijo o hija acaba por pensar que merece ese trato y que su padre o madre tenían toda la razón.

Richard A. Friedman, profesor de psiquiatría del Weill Cornell Medical College, habla de los “padres tóxicos” y enfatiza que si bien uno se puede divorciar de un cónyuge o amante maltratador, abusivo, invasivo o manipulador, poco se puede hacer cuando el origen del problema son los propios padres. Los terapeutas encuentran una resistencia numantina cuando sugieren a sus pacientes que deben cortar la relación con sus progenitores. Como el estrés prolongado puede matar células en el hipocampo, la relación con un padre tóxico no es solo nociva a nivel psicológico sino a nivel neurológico también, afirma Friedman, y por eso él intenta hacer ver a sus pacientes que a veces, por horrible que suene, hay que cortar con el quinto mandamiento ( “honrarás a tu madre y a tu madre”) y cortar por lo tanto lazos familiares. “ La esperanza que los terapeutas mantenemos es que los pacientes lleguen a ver el costo psicológico de una relación dañina y que actúen en consecuencia”

No se sabe quien acuñó el bonito término “ Padre tóxico” pero parece que se lo debemos a la psicóloga estadounidense Susan Forward . Ella los describe como como aquellos que, por diferentes razones, causan sufrimiento a sus hijos a través de la manipulación, el maltrato y las demandas abusivas. Estos adultos, según Forward, crecen en un entorno inseguro en términos emocionales y eso afecta sus futuras relaciones afectivas. Según Forward y según cualquiera. Creo que es de cajón.

Existen diferentes perfiles de padres tóxicos que aparecen repetidamente en los relatos de los pacientes en consulta:

Padre s autoritarios y descalificadores que actúan desde el “yo exijo” : Crean hijas sumisas y excesivamente complacientes. Las hijas repiten ese patrón de vínculo y lo trasladan a otras figuras de autoridad (profesores, jefes, sus maridos) con los que repetirán la misma forma de relacionarse, es decir, desde la sumisión. Como adultas, serán mujeres en extremo complacientes incluso obviando sus propias necesidades.

Madres culpabilizadoras que actúan no desde el “ yo exijo” sino desde el “ yo te suplico”: Es decir, que actúan desde el chantaje sentimental, para que sus hijos tomen determinadas decisiones y continúen respondiendo a sus requerimientos. En el futuro sus hijos tendrán conflictos con sus parejas debido a la intromisión periódica de estas madres en sus vidas, y les será muy difícil crear vínculos afectivos estables.

“Mamás de Pulgarcita” : Mamás intrusivas y sobre protectoras que se niegan a que su hijo o hija crezca: En lugar de acompañar su desarrollo, están constantemente supervisándoles, espían su cuenta de correo o de redes sociales, se hacen “compinches” de sus amigos y suelen generar en sus hijos e hijas un sentimiento de inferioridad que los acompaña hasta la edad adulta .

“Madrastras de Blancanieves “: madres competitivas respecto a sus hijas, que se visten como ellas e intentan incluso seducir a sus amigos. La hija suele desarrollar problemas de peso y se convierte en una chica muy tímida en un intento inconsciente de satisfacer a la madre y no brillar más que ella.

En su libro “Padres Tóxicos”, la psicóloga estadounidense Susan Forward sugiere los siguientes patrones de actuación:

1 Primero, enfrentar a los padres desde la perspectiva de dos adultos conversando.

2 Explicar a los progenitores con la mayor claridad posible lo que piensas, lo que está mal en la relación, lo que la daña, lo que hace sufrir.

3 Pregúntele si cree que hay algo que usted pueda hacer para contribuir al problema que tienen ambos en esta relación.

4 Pregúntele si existe una razón para el maltrato, para las descalificaciones, para la falta de cariño, si es el caso.

5 Si ellos responden que la culpa es suya y no reconocen que hay un problema, es una señal poderosa de que ellos no quieren contribuir a tener una relación saludable.

6 Si eso no es suficiente para cambiar el trato, limitar el contacto. Si el padre se queja, retomar la conversación desde el punto en que le pides que cambie. Si nuevamente no lo hace, considerar la opción de abandonar por un tiempo ese lazo sentimental dañino.

visto en http://www.crianzanatural.com/Forum/forum_posts.asp?TID=175939

Stop a las manías y obsesionesSupersticiones, rituales y

Stop a las manías y obsesiones

Supersticiones, rituales y obsesiones no deben condicionar el día a día

 

 

Alberto Vázquez

 
 

Seguramente alguna vez se ha sentido identificado con los ejemplos que le voy a detallar, a pesar de reconocer el absurdo y la falta de lógica. A menudo se ve atrapado por sus manías y rituales. Nada de lo que haga, diga o repita alterará esa parte de la suerte que no depende de usted, pero a pesar de ello seguirá contando, buscando números pares, haciendo repeticiones, echando la sal por encima del hombro y un sinfín de cosas más.

Mañana Elisa tiene una entrevista de trabajo, la tercera en los dos últimos meses, y por ahora no ha tenido suerte. Por la noche contempla el armario abierto de par en par desde su cama. “¿Qué me pongo? El vestido verde que me favorece tanto, no; la última vez que me lo puse, la entrevista me salió fatal, estuve muy nerviosa y no daba pie con bola”.

El caso de Elisa es tan común como la vida misma, y si no es la elección de la ropa, seguro que usted alguna vez ha cerrado y vuelto a cerrar el coche, y se ha dado la vuelta y se ha preguntado: “¿he cerrado el coche?”. Y a sabiendas de que sí lo había hecho, ha vuelto para comprobarlo. ¿Y qué me dice de las comprobaciones de enchufes, calefacción, braseros, la llave de la puerta, la espita del gas o revisar que la vitro esté apagada? No se revisa una vez, ni dos, sino muchas; eso le da tranquilidad.

Otro tipo de rituales son los relacionados con la contaminación y las enfermedades. Los hay que se lavan muchas veces las manos, otros evitan tocar todo aquello con lo que puedan contagiarse (pasamanos, pomos de las puertas, barras de autobuses…). Hay rituales relacionados con los números pares, las repeticiones, el orden y muchos otros más.

Mágico alivio. “La suerte favorece solo a la mente preparada” (Isaac Asimov)

Los rituales acompañan a la obsesión; mejor dicho, son su sombra. Primero se presenta en su cabeza una preocupación: “Mañana tengo una entrevista de trabajo”. Esta situación le genera ansiedad, incertidumbre o alguna otra emoción molesta. Y para calmar ese estado emocional desagradable, usted realiza algún tipo de ritual: toca madera o coloca todos los zapatos en el miso orden. Y, hala, como por arte de magia, usted se siente aliviado. Y este estado de tranquilidad le refuerza y le enseña que la próxima vez que piense en algo que le preocupa, podrá realizar algún otro acto repetitivo o de orden que le volverá a calmar. Pero, lejos de ser una ayuda, las manías potencian las obsesiones e incrementan el nivel de ansiedad.

Alberto Vázquez

La mayoría de las personas reconocen que es absurdo, pero… ¿Puede haber algo más incoherente que santiguarse antes de despegar en el avión no siendo cristiano? ¿Por qué? La explicación es muy sencilla. Cada vez que realiza un ritual, se siente seguro y le da tranquilidad. Asocia ritual con dominar su destino. Aunque es consciente de que por mucho que se abroche o desabroche una pulsera, o porque entre en el campo con el pie derecho, o toque madera, no va a alterar la suerte, lo sigue practicando. La pregunta es: ¿dónde está el límite? ¿Cuándo son solo manías y cuándo pasan a convertirse en un trastorno obsesivo compulsivo? Por simplificar, el límite está en cómo afectan estas manías a su vida, cuánto tiempo le ocupan y cómo limitan su trabajo, sus relaciones personales, familiares… Santiguarse cuando uno se sube a un avión aun no siendo creyente no supone un problema, pero sí lo es lavarse cuarenta veces las manos cada vez que toca la puerta de un sitio público; tampoco es un inconveniente grave entrar con el pie derecho en el campo antes de salir a jugar, pero sí es un problema tener que tocar todo tres veces.

¿Se siente libre a pesar de sus manías, puede hacer una vida normal o, por el contrario, se siente atrapado y con la sensación de que se le está yendo la cabeza con los pensamientos repetitivos que entran en su cerebro? Usted no es perfecto, como no lo es nadie, y tiene derecho a tener sus rarezas, y también tiene la libertad de decidir si le vale la pena intentar un cambio y enfrentarse a la ansiedad que supone dejar de tocar madera, no santiguarse o no repetir una idea. Si está indeciso y se está planteando si empezar a liberarse o no, aquí dos criterios que le ayudarán a tomar la decisión:

¿Vale la pena? “Nunca convencerás a un ratón de que un gato negro trae buena suerte” (Graham Greene)

Valore la inversión emocional que tiene que hacer para dejar de tener manías. Puede que sean pocas, que se presenten en muy contadas ocasiones o que no interfieran para nada en su vida. Aplique el sentido común y no se vuelva loco por detenerlas. A veces las manías incluso tienen su lado positivo, le dan orden y le preparan para lo que va a ocurrir. Por ejemplo, el jugador que se santigua antes de salir al campo, entra con el pie derecho y toca la hierba para estar en contacto con el partido, se está preparando para empezar a jugar, son los pasos que le dicen: ¡esto empieza ya, vamos! El problema aparece cuando las manías no dependen de algo que usted pueda realizar, es decir, una manía en la que usted no es el único protagonista y depende de terceros.

También debe plantearse hacerles frente si las manías, los rituales o los pensamientos obsesivos están bloqueando su vida e interfieren significativamente con ella, cuando no puede realizar su vida de forma plena y libre. Entonces tiene que frenar y decir: ¡basta! Puede hacer los rituales o el pino con las orejas, pero estará perdiendo su tiempo y dejando que su vida esté en manos de las manías.

Buscar la suerte. “Yo creo bastante en la suerte. Y he constatado que cuanto más duro trabajo, más suerte tengo” (Thomas Jefferson)

Una vez que ha decidido liberarse, que le da igual que se caiga la sal en la mesa o que las pinzas de colgar la ropa sean de colores diferentes…, es el momento de actuar. Saber cómo se va a encontrar y cuáles son las dificultades le permitirá estar más tranquilo en el proceso.

En primer lugar, prepárese para el cambio. Formúlese esta pregunta: ¿de verdad cree que tendrá mala suerte? La tendrá si usted se predispone para ello, porque a la primera que se encuentre con una dificultad, la interpretará como consecuencia de haber dejado de realizar el ritual. Si le concede atención, si atiende a esa dificultad, estará usted desplegando el radar con el que busca problemas… y los encontrará.

Haga un análisis al finalizar el día, sea objetivo, y se dará cuenta de que su día sigue siendo igual de suertudo o de poco suertudo que cuando realizaba los rituales. Porque la suerte la busca cuando crea oportunidades. Y la otra parte de la suerte que depende del azar no depende ni de sus manías ni de su capacidad de control, solo es fortuna.

Cruce los dedos

– Una película: ‘Mejor imposible’, con Jack Nicholson.

– Una frase: “La superstición trae mala suerte”, de Umberto Eco.

– Una canción: ‘Tocar madera’, de Manolo Tena.

Si usted siente ansiedad al dejar de practicar los rituales, es normal. Es más, tiene usted que pasar por este estado de ansiedad y desasosiego, pero es el camino para vencerlas. Como la ansiedad es una emoción muy desagradable, contémplela como si no fuera algo amenazante. Tenga pensamientos del tipo: “es normal estar nervioso, estoy venciendo mis manías”, “si me doy un tiempo, me tranquilizaré y me encontraré bien”.

Utilice estrategias cognitivas que le permitan distanciarse del pensamiento que le atormenta. Es libre para dejar de pensar en lo que le atormenta, solo hace falta decir basta cada vez que empiece a pensar en ello. No se recree en lo que no puede controlar; solo va a consumirle y no encontrará soluciones. Recuerde: no depende de usted, apague la lavadora que tiene en el cerebro, deje que desa­güen las ideas que le atormentan y dirija su atención a lo que sí controla.

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Cómo curar el trastorno obsesivo-compulsivo

Escrito por contributing writer
 
 

(c) Lynda Bernhardt

El trastorno obsesivo-compulsivo es un desorden de ansiedad que afecta a muchas personas. Mientras que algunos programas de TV y películas toman este tema con liviandad, las personas afectadas piensan que sus problemas no tienen nada de gracioso. A menudo se preguntan si existe una cura. La respuesta es sí. Sigue leyendo y aprenderás cómo curar el TOC.

Nivel de dificultad:
Moderadamente difícil

Instrucciones

Necesitarás

  • Un deseo real de curarte del TOC
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    Reconoce que el TOC es síntoma de un problema mayor. No proviene de la nada. El TOC es un desorden de ansiedad que denota un trastorno emocional más profundo. Para curarte, debes primero aliviar el dolor emocional que está creando la ansiedad que deriva en el TOC.

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    Explora la causa oculta de tus problemas de ansiedad. Las personas que han sufrido algún tipo de trauma con frecuencia deben afrontar un TOC. Quienes han soportado una situación traumática carecen de control sobre la misma. El TOC es una manera de tomar control sobre cosas de poca importancia, ya que la persona siente una falta de capacidad para controlar las que sí importan.

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    Expresa tu enojo subyacente. Los sentimientos de ira que no han sido expresados con frecuencia se manifiestan en forma de ansiedad. Debido a que el enojo debe ser liberado en alguna forma, cuando es reprimido se vuelve hacia la persona en forma de ansiedad. Para curar el TOC, primero debes conectarte con tu ira oculta y dejarla salir. Explora por qué has reprimido tus sentimientos y aprende cómo expresarlos de una forma segura. A medida que dejes salir tu enojo, experimentarás menos ansiedad, lo cual te ayudará en el camino de la cura.

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    Practica ejercicios de respiración. Cuando te pones ansioso, tu respiración se acorta. Las inspiraciones profundas contrarrestan este proceso y pueden reducir tu nivel de ansiedad. Aprende a usar los ejercicios de respiración para manejar tu ansiedad, y estarás un paso más cerca de la cura de tu TOC.

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    Desarrolla más herramientas positivas para afrontar las cosas. Incorpora diferentes formas de manejar tu ansiedad sin tener que cumplir con tus rituales obsesivos. Por ejemplo, practica yoga y meditación. Haz ejercicio. Realiza caminatas largas con tu perro. Toca algún instrumento musical. Haz algo que te ayude a disfrutar de estar vivo.

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    Reduce la severidad de tus conductas compulsivas. Por ejemplo, si acumulas lápices, pregúntate a ti mismo si puedes conformarte teniendo uno menos en tu bolso. Intenta reducir el número de lápices de a uno por semana hasta que alcances una cantidad más aceptable.

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    Deshazte de tus rituales compulsivos lentamente. Esto puede resultar incluso en el desarrollo de más ansiedad, puede causar otros síntomas obsesivo-compulsivos para mantener el control. Reconoce que puede llevar un tiempo curar tu TOC. Si sientes que la ansiedad sobreviene, permítete a ti mismo realizar algunos rituales mientras celebras el progreso que has logrado.

Consejos y advertencias

  • Un buen terapeuta puede ayudarte a curar tu TOC, y también la ansiedad subyacente que está provocando tus síntomas obsesivo-compulsivos.
  • El yoga y la meditación son formas excelentes de aprender a manejar y calmar tu ansiedad. Considera incorporarlas a tu vida diaria para colaborar en la cura de tu condición.
  • No intentes frenar tus rituales sin reemplazarlos por otro mecanismo de descarga. Los rituales obsesivo-compulsivos son elementos que te ayudan a manejar tu ansiedad reprimida. Si los eliminas, te pondrás extremadamente ansioso y correrás el riesgo de sufrir un episodio psicótico.


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