La Estructura de la Inteligencia Emocional en pacientes portadores de trastornos Neuróticos

La presente investigación, se realizó con el objetivo de determinar las particularidades de la expresión estructural de la Inteligencia Emocional en una muestra de 40 pacientes con Trastornos Neuróticos, pertenecientes al Servicio de Hospitalización Parcial, en el período comprendido de abril 2002 a abril 2003, en el Centro de Referencia de Salud Mental de la provincia de Cienfuegos. Se ofrecen conclusiones y recomendaciones que denotan la importancia práctica del conocimiento de la estructura de la Inteligencia Emocional en la atención de los pacientes con Trastornos Neuróticos y se precisa la necesidad de que los profesionales vinculados con la Salud mental profundicen en el análisis de la Inteligencia Emocional.

Introducción.

Los estudios de salud vienen planteando hoy el concepto de salud -. enfermedad, complejizando así este binomio que se mostraba insuficiente para dar cuenta de los procesos de enfermar tal como se manifiestan en la actualidad. Desde esta dimensión y con un soporte tanto teórico como empírico, con una metodología sólida y consistente, se ha redescubierto un campo auténticamente científico de investigación psicológica, lo que resulta de especial interés, para aquella rama de la Psicología que tiene como objeto específico la amplia gama de particularidades, procesos, rasgos y estados psicológicos que inducen o potencian en la familia, en el individuo y en la población conductas saludables.

Para la Psicología aplicada, las teorías de la personalidad desempeñan un importante papel, en tanto a través de ellas se tratan de explicar los modos peculiares de comportamientos de los individuos y los mecanismos que emplean para afrontar situaciones conflictivas u otras.

Comprenderse a sí mismo ha sido uno de los problemas que más ha movilizado el pensamiento del ser humano. Al mismo tiempo, que este se ha interesado por desentrañar la esencia del mundo circundante, ha intentado descubrir y entender su propia naturaleza interna, las causas y motivaciones de sus diferentes formas de pensar, sentir, de reaccionar, y de actuar ante la realidad y otros, por lo que la comprensión de sí mismo significa el afán de la persona por conocer y esclarecer su propio mundo psicológico interno: sus sentimientos y emociones, necesidades y motivos, actitudes, valores, representaciones y otros muchos contenidos que configuran su personalidad y regulan su comportamiento. Por lo que pensar en la subjetividad en nuestra época es un paso necesario para reformular la comprensión de los procesos y dispositivos terapéuticos donde el hombre pueda crear su propio proceso de singularización. Si esto es así para las enfermedades en su totalidad, lo es mucho más para definir y plantear una epidemiología actual en el campo de las Neurosis.

Desarrollo.

Los Trastornos Neuróticos se encuentran entre las afecciones más frecuentes de la salud, se presenta en proporciones similares tanto en hombres como mujeres, la sufren el 10% de la población mundial según OMS y se considera que un tercio de los pacientes que acuden a consulta externa lo hacen por esta afección.

Es conocido que los altos niveles de ansiedad, por lo regular son productores de consecuencias nefastas para el individuo pues generalmente impiden y desorganizan el desenvolvimiento de las actividades de la vida, entorpecen la concentración, producen una disfuncionalidad del pensamiento, disminuyen a grandes rasgos la autoestima apareciendo signos de depresión, llevando a la alteración de la estructura de vida de la familia por el plan de vida que esta tiene que posponer, o alterar, o los miembros individuales como resultado de la aparición de este nuevo elemento en la vida familiar.

Es difícil subestimar la importancia que tienen hoy día los Trastornos Neuróticos, por lo que se hace necesario su estudio de manera más profunda y la elaboración de las vías para prevenirlas y curarlas, constituyendo la tarea principal de las ciencias encargadas de su estudio, llevar al enfermo por el camino de un desarrollo emocional sano. Al hablar de la Neurosis, conocida enfermedad emocional, es necesario verla, como un fenómeno social de gran trascendencia. En primer lugar, mi interés por hablar de la neurosis es recalcar que ésta no es solo una enfermedad exclusiva de un puñado de personas desafortunadas, sino que cada vez es mayor el número de personas afectadas por este padecimiento; por otro lado, los síntomas de la neurosis son tan sutiles que la mayoría de las veces no nos damos cuenta que la padecemos.

También es cierto que cuando un individuo llega a la aceptación de que es neurótico – lo cual no es un camino fácil – se ve envuelto en una serie de conflictos para buscar ayuda y comenzar una terapia; el primero de estos conflictos es quizá el miedo a la estigmatización que la sociedad hace a las personas que recurren a psicólogos o algún otro tipo de ayuda.

En la práctica clínica se ha demostrado que los pacientes neuróticos se muestran incapaces para la autorregulación de su conducta y del conocimiento de los elementos que los afectan y establecer estrategias para afrontarlos. Deviene de ello , en esta última década, la importancia dada a los procesos internos lo que ha favorecido el resurgir de la psicología de las emociones y su relación con lo cognitivo. La respuesta es: la inteligencia académica no siempre tiene que ver con la vida emocional ya que esta es un ámbito que puede manejarse con mayor o menor destreza y requiere un singular conjunto de habilidades: por lo que la aptitud emocional es una meta-habilidad y determina lo bien que podemos utilizar cualquier otro talento, incluido el intelecto puro.

Han sido diversos los encargados de profundizar el estudio a partir de este precepto, es así que Gadner 1983, establece su teoría de Las Inteligencias Multiples. Sternberg así como Mayer y Salovey 1990 proponen el término, como una parte de la inteligencia social que conlleva la capacidad de controlar nuestras emociones y las de los demás, discriminar entre ellas y usar dicha información para guiar nuestro pensamiento y nuestros comportamientos. No fue hasta la publicación del libro, “Inteligencia Emocional” de Goleman en 1995, que llega la popularidad del concepto, incluyendo en este:

* una serie de destrezas variadas, que se relaciona con la capacidad del conocimiento de las propias emociones, la capacidad para controlarlas, la habilidad para motivarse a uno mismo, reconocimiento de las emociones ajenas y el control de las relaciones interpersonales.

Pero es en 1997, que Salovey y Mayer propusieron una reformulación teórica de la IE que acota los marcos difusos del concepto anteriormente esbozado por Goleman, desarrollando una definición completa y coherente que abarca tanto habilidades básicas como otras más complejas para reconocer el significado de las emociones y sus relaciones, para razonar y resolver problemas sobre la base de ello, incluyendo emplear las emociones para realzar actividades cognitivas. Consideramos necesario mencionarlas para poder comprender el desarrollo de este trabajo.

1. Percepción, valoración y expresión emocional.

Incluiría la habilidad en uno mismo, con sus correspondientes correlatos físicos y cognitivos, como también en otros individuos, junto con la capacidad de expresar emociones en el lugar y modo adecuado.

2. La emoción facilita el pensamiento.

Estas dirigen nuestra atención a la información relevante, determina tanto la manera en la cual nos enfrentamos a los problemas como la forma en la cual procesamos la información.

3. Conocimiento emocional.

Comprensión del significado emocional no sólo en emociones sencillas sino también en otras más complejas, incluyendo también comprender la evolución de unos estados emocionales a otros.

4. Regulación de las emociones.

Capacidad de estar abierto tanto a estados emocionales positivos como negativos, reflexionar sobre los mismos para determinar si la información que los acompaña es útil sin reprimirla ni exagerarla, además incluiría laregulación emocional de nuestras propias emociones y las de otros.

En sentido general, Entrenarse en el desarrollo de las aptitudes emocionales permite desarrollar la capacidad de manejar las emociones idóneas para cada acción y regular su manifestación, manteniendo el equilibrio emocional; transmitiendo estados de ánimo para generar actitudes y respuestas positivas; aprendiendo a evaluar el ‘costo emocional’ de situaciones y acciones; desarrollando destrezas sociales, forjando y manejando relaciones adecuadas con clientes, proveedores, colegas, etc.; realizando un plan de aplicación en el terreno de nuestra esfera de influencia laboral, extendiendo la vida familiar y social.

Las investigaciones sobre la Inteligencia Emocional Percibida, establecida por Salovey, han mostrado interesantes relaciones con respecto a medidas de bienestar como la depresión, la ansiedad, la salud física y mental. Las personas con desajuste emocional presentan un perfil caracterizado por una alta atención a sus emociones, baja claridad emocional y la creencia de no poder modificar sus estados emocionales. También hay evidencias que sugieren que la inteligencia emocional permitiría elaborar e integrar de manera correcta los pensamientos intrusivos y rumiativos que acompañan habitualmente a los sucesos altamente estresantes, así como a aquellos otros que obedecen a un estrés normal y están presentes en población no clínica Por lo que en la medida que se estructuren mejor los componentes de la Inteligencia Emocional, se logrará un devenir en la estabilización de la salud mental y una disminución del diagnóstico de Trastorno Neurótico en nuestra población.

Por todos los argumentos anteriormente expuestos, que el conocimiento de las manifestaciones estructurales de la Inteligencia Emocional en pacientes portadores de Trastornos Neuróticos constituye una vía eficaz para promover una mayor educación en los diferentes contextos de vida, con vistas a eliminar los estados emocionales negativos y prolongar los positivos, como predictores del ajuste psicológico, tarea compleja y de norme repercusión humana en la cual pretendemos ofrecer nuestro más sincero aporte.

Partiendo de los argumentos antes expuestos consideramos como problema de esta investigación:

¿ Qué particularidades en la expresión estructural de la Inteligencia Emocional presentan los pacientes portadores de Trastornos Neuróticos?

En relación con el problema planteado definimos los objetivos a cumplir durante nuestra investigación:

o Objetivo general:

Determinar las particularidades de la expresión estructural de la Inteligencia Emocional en una muestra de pacientes portadores de Trastornos Neuróticos.

o Objetivos específicos:

1. Precisar el criterio profesional que tienen especialistas relacionados con la Salud Mental y la Educación, con respecto a la Inteligencia Emocional y la evaluación de la importancia de su estudio.

2. Identificar la expresión estructural de la Inteligencia Emocional en los pacientes portadores de Trastornos Neuróticos que ingresan en el servicio de Hospital de Día de Neuróticos de la provincia de Cienfuegos.

3. Valorar que elementos de la estructura de la Inteligencia Emocional están más afectados en los pacientes con Trastornos Neuróticos.

4. Establecer los niveles de correlación entre los resultados de las técnicas aplicadas para evaluar la estructura de la Inteligencia Emocional.

En la investigación realizada se trabajó con un total de 40 pacientes, ingresados en el servicio de Hospital de Día de Neuróticos del “Centro de Referencia de Salud Mental” de la provincia de Cienfuegos, los cuales fueron atendidos en dos grupos de trabajo, en el período comprendido de abril 2002 a abril 2003.

Estos pacientes ingresan en nuestro servicio por la vía de la remisión por parte de los especialistas de los distintos Centros de Salud Mental Comunitarios de la provincia, para una atención especializada y sistemática, a través de la Hospitalización Parcial, donde son evaluados para la determinación de su ingreso. En el centro un equipo especializado determinó el diagnóstico en cada caso.

Para la selección de la muestra se tuvo en cuenta determinados criterios de inclusión y exclusión que se ofrecen en el desarrollo de nuestro trabajo.

Es importante señalar que desde el punto de vista ético, a todos los pacientes incluidos en la investigación, se les brindó toda la información relacionada con los objetivos de la investigación, solicitando su autorización por escrito en un acta de consentimiento informado. Además en el momento de la realización del estudio, todos los pacientes tenían crítica de sus condiciones de vigilia, apropiada para responder las preguntas contenidas en las técnicas empleadas.

Estrategia investigativa.

Para el comienzo de la investigación, comenzamos por estudiar y seleccionar cuidadosamente, las técnicas a emplear, así como la elaboración de los protocolos de recogida de información. Se realizó un estudio minucioso de los datos contenidos en la Historia Clínica. En un momento inicial del proceso investigativo, se le solicitó el criterio sobre la Inteligencia Emocional a profesionales relacionados con la Salud Mental y Educación.

Los pacientes se estudiaron de forma individual, incluyendo la observación detallada de la conducta y mímica del mismo en condiciones de estudio, así como una cuidadosa aplicación de la anamnesis. La exploración se lleva a cabo en sesiones de trabajo, dentro del programa del tratamiento correspondiente a la primera semana, en horarios matutinos, y cada sesión, con un límite de tiempo, teniendo en cuenta los síntomas de depresión, retraimiento, fatigabilidad, que en estos primeros tiempos manifiestan los pacientes a su entrada al tratamiento farmacológico y psicoterapéutico.

La investigación quedó conformada por las siguientes técnicas:

* Trait Meta-Mood Scale ( TMMS ).

* Beck Depression Inventory ( BDI ).

* Spielberger State Anxiety Questionnaire ( STAI-S ).

* MH-5.

* Escala de Satisfacción Vital. ( SWLC ).

* White- Bear Supresión Inventory ( WBSI ).

Es importante precisar que como estas técnicas, no se habían aplicado en Cuba, previo a la decisión de su uso, se realizó un pilotaje a 10 personas con Trastornos neuróticos, apreciándose su efectividad para el objetivo propuesto. Es de significar que no se encontraron dificultades relacionadas con la influencia sociocultural y el idioma.

Para el procesamiento de la información, se utilizó el paquete de información estadístico, SPS en su última versión.

1. Se realizaron una serie de análisis descriptivos que incluían medias y desviaciones estandar, así como valores máximos y mínimos.
2. Para analizar la relación entre las diferentes variables se llevo a cabo un análisis de correlación de Pearson.

Análisis de los resultados.

Nos identificamos con la temática, a partir de los conocimientos adquiridos, en el nivel curricular de la maestría en Psicología Médica, pués hasta el momento, sólo lo considerábamos como un concepto de moda, pero en la reflexión y análisis de nuestro contexto laboral, nos mostró la necesidad de volver a la profundización en el tema de las emociones, pues surgía la interrogante, por qué personas altamente inteligentes, que acudían a nuestro servicio, no eran capaces de afrontar situaciones que para otros resultaban, situaciones cotidianas, encontrándole soluciones determinantes e inmediatas a pesar de manifestar un nivel menos elevado de capacidad intelectual, lo que nos dice que a la mayoría de las personas, no le ha ido muy bien, haciendo las cosas solamente desde su “inteligencia racional

Para cumplir con el objetivo de la presente investigación se decidió realizar el análisis de los resultados en tres momentos:

1. Determinar el criterio que con respecto a la Inteligencia emocional tienen un grupo de profesionales vinculados con las ciencias de la Salud y Educación.

2. Analizar la estructura de la Inteligencia Emocional según la percepción de un grupo de pacientes portadores de Trastornos Neuróticos.

3. Establecer el nivel de correlación entre los instrumentos utilizados para estudiar la estructura de la Inteligencia Emocional.

Se estableció, al inicio de la investigación un Criterio de Profesionales, para constatar nuestros argumentos, acerca del dominio del tema, lo que avalaría con mayor seguridad, la necesidad de la investigación acerca del tema de la Inteligencia Emocional, como primer objetivo planteado.

Para ello se conformó una muestra de 40 profesionales de la provincia de Cienfuegos, distribuidos de la siguiente forma:

CRITERIO DE PROFESIONALES

* 15 Psicólogos de las diferentes especialidades.

* 8 Psiquiatras que laboran en los diferentes Centros de Salud Mental de la provincia.

* 6 Especialistas de Medicina General Integral.

* 8 Profesores de diferentes niveles de enseñanza.

* 3 Profesionales de la salud ( Defectólogos y Psicopedagogos).

La experiencia de estos profesionales oscilaban entre 2 a 25 años

. Cuando indagábamos a cerca del concepto Inteligencia emocional, el 70% de los encuestados lo consideran:

o Como una capacidad del sujeto de responder y ofrecer soluciones a eventos que ocurren en su vida cotidiana.

o Capacidad que garantiza, el éxito integral de las personas en las distintas esferas de la vida.

o Capacidad, conocimiento que permite al individuo el dominio de sus afectos, sentimientos y de la afectividad.

Sólo una persona se refiere a las habilidades que esta incluye y el resto no son capaces de dar una definición al respecto.

Al interrogar acerca de la información recibida al respecto, o sea, si han realizado estudios acerca del tema dentro de su superación y nivel curricular,

el 98% refieren que No, no obstante lo consideran como un tema:

* insuficientemente tratado, desconociendo por supuesto el estado de las investigaciones actuales acerca del tema.
* el 100% de las personas lo consideran como un tema muy importante e interesante para su profesión, así como para todos los profesionales que tengan como objeto de trabajo, el recurso humano.

Como sugerencia se refieren a la necesidad de la profundización del tema dentro de los diferentes currículum de estas especialidades, para la preparación de este personal, trabajando el sistema de categorías y aspectos operacionales, posibilidades de literatura, divulgación de investigaciones realizadas, testimonios, videos así como el abordaje del tema dentro de los distintos niveles de enseñanza, y el entrenamiento de las diferentes vías para contribuir a su desarrollo.

Como podemos apreciar, debido a la novedad del tema, se refleja un insuficiente conocimiento de los elementos reales que este incluye, pero a la vez se plantea como referente el interés por la profundización acerca del mismo, lo que nos ayuda a validar su importancia, acrecentándose nuestro interés en la investigación, además de que en Cuba no hemos encontrado estudios al respecto, y en la búsqueda realizada, no se ha trabajado el tema de acuerdo con el objetivo de investigación.

Se decidió profundizar en el estudio de lo que Salovey y Mayer denominan Inteligencia Emocional Percibida (IEP), a partir de su modelo. Nos hemos apoyado para ello, en estudios que se han llevado a cabo en varios países, los cuales han sido capaces de examinar cómo las personas han intentado comprender, afrontar y superar de forma adecuada, diferentes situaciones estresantes, ya sean de laboratorio o reales.

En nuestro caso, observamos que no difieren los resultados obtenidos de lo anteriormente mencionado, su interpretación nos ayuda a comprender algunos comportamientos que en otro momento no podíamos abordar desde el punto de vista científico. Su análisis, se realiza partiendo de la interpretación de cada uno de los instrumentos

Como indicador del Ajuste Psicológico de los pacientes se evaluó, su sintomatología depresiva y de ansiedad, su Satisfacción Vital, Percepción de su Salud Mental y la posibilidad de suprimir pensamientos rumiativos.

Establecimos determinadas predicciones para el análisis de los datos en nuestra investigación:

HIPÓTESIS

* Puntuaciones elevadas en Atención a los sentimientos deben estar relacionadas con baja Claridad y Reparación Emocional.

* Puntuaciones altas en Claridad y Reparación Emocional, deben estar relacionadas con puntuaciones más bajas en BDI ( depresión), STAI (ansiedad), WBSI ( establecimiento de Estilos Rumiativos).

* Unas puntuaciones altas en Claridad y Reparación Emocional, deben estar relacionada con puntuaciones más altas en MH- 5 (escala de Salud Mental), SWB ( escala de Satisfacción Vital).

* Una puntuación alta en WBSI debe estar relacionada con puntuaciones más bajas en claridad y reparación , MH-5 Y SWB.

* Unas puntuaciones altas en WBSI deben estar relacionadas con puntuaciones más altas en BDI, STAI.

* Una puntuación alta en BDI, indica mayor sintomatología depresiva, debe estar relacionada con puntuaciones altas en STAI y WBSI.

* Una puntuación alta en MH-5 debe estar relacionada con puntuaciones más altas en SWB y bajas en BDI y STAI.

* Una puntuación alta en SWB debe estar relacionada con puntuaciones más bajas en BDI y STAI.

Iniciaremos nuestro análisis, de acuerdo con las variables que se trabajaron en la investigación, (Sexo, Ocupación, Diagnóstico que prevalece), para cada uno de los instrumentos. Posteriormente realizaremos un estudio correlacional entre todos los instrumentos corroborando la fiabilidad de los mismos y las hipótesis de predicción establecidas. Por último, los resultados fueron estructurados en un análisis integral que favorece una visión holística del ser humano y permite un establecimiento de nexos y relaciones causa-efecto con mayor claridad, respecto al tema investigado.

Se definieron de forma conceptual y operacional determinadas variables:

Edad

Sexo

Nivel ocupacional

Diagnóstico.

TMMS. Inteligencia Emocional Percibida.

Uno de los instrumentos más utilizados ha sido el Trait Meta-Mood Scale, que evalúa lo que Salovey y Mayer denominan Inteligencia Emocional Percibida (IEP) es decir el metaconocimiento que las personas tienen sobre sus habilidades emocionales, las creencias sobre sus propias capacidades de atención, claridad y reparación emocional intrapersonal.

Los resultados obtenidos a través de este instrumento, nos demuestran datos muy interesantes y esperados teniendo en cuenta las hipótesis planteadas al respecto. Nos detendremos para ello, en cada una de las áreas que este evalúa .

TABLA # 1

* Con relación a la Atención a los sentimientos, (Grado en que las personas consideran, prestar atención a sus sentimientos y emociones), se revelan altas cifras por parte de los pacientes en sentido general (4.04)

* La Claridad emocional, refleja, cómo estos pacientes, perciben sus emociones y sentimientos, a niveles bajos (3.53)

* La creencia por parte de los sujetos en su capacidad para interrumpir estados emocionales negativos y prolongar los positivos, o sea, reparación emocional, de igual forma se manifiestan con índices inferiores ( 3.05).

Es considerable observar, cómo en el primer aspecto estudiado la incidencia mayor es en el sexo femenino (4.06) o sea, la manifestación de una alta atención a las emociones mientras en las dos siguientes escalas, claridad y reparación, el nivel disminuye, lo que hace que este sexo sea más vulnerable al desajuste emocional, manifestándose la disminución de la disposición para generar nuevas estrategias de afrontamiento y menos flexibilidad para adaptar las antiguas a las nuevas situaciones. Desde el punto de vista de género, lo podemos interpretar además de acuerdo con los estereotipos y patrones sexuales, que han sido establecidos dentro de nuestra cultura, resultando una entidad rígida, cuya falta de flexibilidad y establecimiento de códigos, ocasiona que sea en el Sexo femenino que aparezcan los mayores malestares y desajustes psicológico, lo que en la clínica puede justificar en cierta medida que predominen las féminas en los Trastornos Neuróticos.

De igual forma, los pacientes enmarcados dentro de las categorías, universitarios (4.02) y técnicos ( 4.14), son los que mayormente consideran que le prestan Atención a los sentimientos, disminuyendo su clarificación y reparación emocional.

No tenemos referencia de estos resultados en otras investigaciones, pero para su explicación, consideramos que de acuerdo al resultado de sus interpretaciones sobre los acontecimientos, evaluarán sus problemas como graves y reducirán la probabilidad de que implementen soluciones específicas inhibiendo a estas personas en su implicación en la vida cotidiana, donde estos pensamientos se mantendrán latentes, lacerando su desempeño profesional.

Si observamos estos indicadores, de acuerdo con los diferentes diagnósticos neuróticos podemos apreciar que las personas incluídas dentro del Trastornos por Ansiedad Generalizada que constituye el 78% de la muestra, reflejan de igual forma índices elevados de atención a las emociones. Consideramos que esto responde a las propias manifestaciones que lo definen como tal, ya que estas personas presentan como característica esencial de este trastorno una ansiedad persistente, sin límites, de ahí que dirijan toda su atención a sus sentimientos para guiar su pensamiento y su acción.

El comportamiento del grupo investigado, se corresponde con la primera hipótesis de investigación establecida para realizar el análisis. Se aprecia cómo en estos pacientes existe una alta atención a las manifestaciones de sus sentimientos y emociones, y disminuye la capacidad de clarificar y reparar los estados emocionales negativos.

Estos resultados corroboran la tesis de investigaciones realizadas por Salovey, Berrocal y otros sobre la IEP, que cuando las personas expresan un desajuste emocional, presentan estas manifestaciones en relación al perfil de sus emociones.

WBSI. Establecimientos de Estilos Rumiativos.

La supresión de los pensamientos es uno de los muchos intentos de nuestra mente por controlarse a sí misma, es decir, un tipo de Control mental. Esto refleja la tendencia a eliminar determinadas ideas y procesos de la conciencia, que se manifiesta de forma estable y repetida en algunos individuos. Dichos contenidos son evaluados por las personas que los padecen como negativos, molestos y muy repetitivos. La aparición de estas rumiaciones mentales está descrita tanto en la población clínica, personas que han sufrido un acontecimiento traumático, como en población normal. Estas rumiaciones se caracterizan por ser sucesos mentales que ocurren inesperadamente, interrumpen el flujo de la conciencia y a menudo suceden una y otra vez pudiendo ser positivos o negativos y tomando una variedad de formas, tales como imágenes, impulsos, pensamientos verbales o recuerdos recurrentes.

La supresión de estas rumiaciones es una de las estrategias más utilizadas por los individuos para intentar , es una tarea difícil, porque el individuo debe poner en juego mecanismos que demandan gran cantidad de recursos atencionales.

TABLA # 2

Como podemos apreciar se observan elevados niveles o tendencias a la rumiación y menor control percibido en las mujeres que los hombres, aunque en nuestro caso se observan altos índices en ambos. En estas diferencias sociales y de personalidad entre hombres y mujeres median totalmente las diferencias de género que se encuentran en depresión..

A pesar de que las cifras son elevadas en todos los casos, continua siendo significativo que los técnicos y universitarios se muestren con un desarrollo mayor de ese estilo.

Debe tenerse en cuenta que si bien las personas con un elevado nivel escolar, se preocupan más por lo general, por el cumplimiento de sus proyectos de vida y por el futuro de ellos y sus seres más cercanos, también, estas personas están en mejores condiciones de buscar diferentes alternativas para su satisfacción personal e incremento de calidad de vida de acuerdo con sus intereses; por tanto la presencia de rumiaciones mantenidas en estos casos, obedece más a la sintomatología neurótica y antecedentes de frustraciones, conflictos e incomprensión profesional que a su nivel escolar.

El diagnóstico, también se ha considerado en los resultados de esta técnica, reflejándose que los que más tendencias tienen a estos estilos son los enmarcados dentro de los Trastornos Obsesivo–Compulsivo (72) y el Trastorno Mixto de Ansiedad y Depresión (63). Como sabemos esos pacientes tienen como manifestación característica la tendencia a la infinidad de modalidades de rumiaciones de recuerdos, representaciones angustiosas, manifestándose, los pensamientos obsesivos como ideas, imágenes o impulsos mentales que irrumpen una y otra vez en la actividad mental del individuo, de una forma estereotipada, episodios reiterados de volver a vivenciar el trauma en forma de reviviscencias o sueños que tienen lugar sobre un fondo persistente con una sensación de “entumecimiento” y embotamiento emocional.

En el caso que nos ocupa, se puede apreciar lo obtenido a través del primer instrumento analizado y la segunda hipótesis planteada, ya que al manifestarse bajos índices de claridad y reparación emocional, se aprecian niveles elevados de estilos rumiativos lo que conduce a episodios depresivos severos y prolongados. La rumiación, como estilo estable de afrontamiento de los problemas se caracteriza por estar centrada en la emoción e implica dirigir la atención hacia los sentimientos y pensamientos negativos de forma pasiva y repetitiva, a su significado y sus consecuencias. Los datos obtenidos en esta técnica, demuestran que la rumiación es un elemento clave en la estructura sintomatológica de los trastornos neuróticos y es el reflejo de las dificultades que se aprecian en los procesos básicos de exitación e inhibición en estos pacientes.

BDI. Inventario de Depresión.

Uno de los fenómenos más fuertes en epidemiológía es que las mujeres experimentan una mayor incidencia del trastorno depresivo que los hombres, además se ha demostrado la gran incidencia que tiene, el metaconocimiento de los estados emocionales (atención, claridad y reparación de los sentimientos) en la sintomatología depresiva.

TABLA # 3

En la muestra se puede observar que según los cortes propuestos por Beck, ambos sexos se comportan dentro del rango de depresión moderada, ( 25.4 ) pero es interesante destacar que en el sexo femenino los resultados se encuentran por encima del indicador general ( 26 ) con una tendencia a la depresión grave, sin embargo en los hombres la depresión está por debajo con una tendencia a lo leve ( 22 ).

De acuerdo al nivel ocupacional, los resultados nos muestran, como en casos anteriores que prevalecen en los pacientes universitarios los índices más elevados de depresión, o sea esta continúa reflejándose fuertemente en los pacientes que más explicación traten de dar al comportamiento de sus sentimientos no siendo capaces de utilizar estrategias adecuadas que le permitan una clarificación y reparación de sus emociones.

En este análisis los pacientes diagnosticados dentro del trastorno Fobia Específica, alcanzan cifras elevadas incluyéndose en el rango de Depresión grave, como podemos apreciar en la tabla anterior (26), Se trata de un trastorno que se caracteriza por un miedo irracional, acompañado de conductas de evitación, expresándose un estado de preocupación mantenida sobre la posibilidad de la aparición de la situación temida. La falta de capacidad de respuesta al medio, de anhedonia y de evitación de actividades y situaciones evocadoras del trauma, contribuyen a la manifestación en este grado en este tipo de pacientes. Se mantiene en los pacientes portadores de un Trastorno por Ansiedad Generalizada elevados índices de depresión manifiesta.

Estos datos demuestran la estrecha relación que según investigaciones realizadas se puede apreciar entre la Inteligencia Emocional y la regulación y supresión de pensamientos en situaciones de estrés, provocando efectos importantes de síntomas depresivos.

Se puede valorar y confirmar la hipótesis relacionada con Puntuaciones altas en Claridad y Reparación deben estar relacionadas con puntuaciones más bajas en BDI, STAI, WBSI. En nuestro caso, puntuaciones bajas en Claridad y Reparación están relacionadas con puntuaciones altas en depresión, estilos rumiativos.

STAI. Cuestionario de Ansiedad de Spielberg.

En este grupo de trastornos, la ansiedad se pone en marcha exclusiva o predominantemente, en todas sus manifestaciones, que no se limita a ninguna situación ambiental en particular.

Los síntomas predominantes son muy variables, pero lo más frecuente son quejas de sentirse constantemente nervioso, con temblores, tensión muscular, sudoración, mareos, palpitaciones, vértigos y molestias epigástricas.

TABLA # 4

Coinciden nuestros resultados con las manifestaciones de nuestra muestra, como realmente se ha planteado en la literatura e investigaciones revisadas, vinculadas con los síntomas depresivos, se expresan, niveles elevados de ansiedad, (41.22), independientemente que en el sexo femenino continua prevaleciendo con mayor intensidad estos síntomas, según se muestra en la tabla que presentamos.

De acuerdo a la ocupación, el comportamiento sigue el mismo estilo. Aunque la categoría Otras, (cuentapropistas) manifiesta muy elevada su ansiedad, consideramos que no es representativa dentro de la muestra estudiada, por ser sólo una persona la que se encuentra dentro de ella. Los Universitarios ( 42) permanecen ante este instrumento con altos niveles también de ansiedad, en este caso como vemos las amas de casa muestran niveles realmente elevados. Pudiéramos interpretar que siempre que se establezcan bajos niveles de asertividad, mayor será la utilización de estrategias de rumiación y menores niveles de dominio en las relaciones interpersonales, lo que provoca además de la depresión analizada elevados índices de ansiedad.

Los diferentes diagnósticos de estos trastornos neuróticos, realmente reflejan esta sintomatología, a través de cifras elevadas, manifestándose los mayores niveles, en los Trastornos por Ansiedad Generalizada ( 41) y los Trastornos de Ansiedad y Depresión (41). Pudiéramos centrar su explicación realmente, teniendo como referente, las características propias que incluyen los mismos, sobre todo el alto nivel de ansiedad que así las definen.

Resulta evidente, como se continúa apreciando una estrecha relación entre la IEP, los estilos rumiativos, la ansiedad y la depresión, de acuerdo a los planteamientos iniciales que nos planteamos demostrar.

MH-5 Escala de Salud Mental.

El perfil del estado de Salud Mental ( MH ), en concreto nos demuestra el grado de sintomatología depresiva y ansiosa que manifiesta el sujeto, o sea la forma en que el sujeto percibe e interpreta su estado de Salud Mental. En nuestros pacientes, este se reflejó de forma muy baja, teniendo en cuenta este instrumento, no sólo en el momento de la aplicación, sino durante el último mes.

TABLA # 5

Estos resultados reflejan una lógica correlación entre las manifestaciones observadas en los análisis anteriores, mostrándose cifras extremadamente bajas con relación a la norma (2.86), pero es necesario especificar que realmente se mantiene el sexo femenino, con real afectación.

La estrecha relación en las medidas de percepción de sus emociones, con relación a su salud mental, se muestran con mayor afectación en los profesionales, ya que se provoca con ello una inhibición en sus capacidades intelectuales, relacionado con los estilos rumiativos que los caracterizan, deviniendo en una degradación de la percepción de su Salud Mental. La presencia de ansiedad neurótica, se expresa en el plano vivencial, traduciéndose en una alteración de los procesos cognitivos, dificultando la atención y percepción de la estimulación ofrecida, ya que esta se encuentra centrada en sus emociones y sentimientos, lo que provoca a su vez una disminución de la memoria Para los profesionales esto ocasiona gran angustia ya que refieren como que … se están perdiendo sus capacidades intelectuales”, tributando en la interpretación de su Salud Mental.

Los niveles más bajos se evidencian en los diagnósticos Trastorno por Ansiedad Generalizada ( 2.77), Trastorno Obsesivo Compulsivo (3.00) y Ansiedad y depresión (3.00). En ellos consideramos que se relacione con el tiempo de duración de la enfermedad, y la aprehensión que los caracteriza, además de estar presentes evocaciones o representaciones del acontecimiento en forma de recuerdos o imágenes durante la vigilia o de ensueños reiterados, que reafirma su deterioro en cuanto a la salud mental.

Los valores observados a través de este instrumento también manifiestan, el vínculo existente entre los datos obtenidos, desde el inicio de la interpretación, lo que se corresponde con lo supuestamente planteamos a comprobar de forma inicial.

* Unas puntuaciones bajas en Claridad y Reparación deben estar relacionada con puntuaciones más bajas en el estado de Salud Mental de los pacientes (MH- 5),

* Una puntuación alta en la manifestación de los estilos rumiativos (WBSI) debe estar relacionada con puntuaciones más bajas en claridad y reparación , y la percepción de su Salud Mental (MH-5)

* Una puntuación baja en su Salud Mental (MH-5), debe estar relacionada con puntuaciones más altas en Depresión (BDI) y Ansiedad (STAI).

SWB. Escala de Satisfacción Vital.

Para terminar el análisis de los resultados a través instrumentos aplicados de forma aislada, concluiremos el estudio con los datos obtenidos que nos reflejan la percepción de la Satisfacción de su propia vida, por parte de la muestra empleada. La conducta de retraimiento o inhibición ante la vida, limita mucho las posibilidades de desarrollo psíquico de las personas, y restringe las aspiraciones a aquellas que pueden satisfacerse en corto plazo.

TABLA # 6

En el caso de nuestra muestra, los niveles de satisfacción Vital se muestran de la forma esperada, apreciándose en niveles muy bajos, (3.71).

Las mujeres, se mantienen en el rango más bajo, De acuerdo con los diagnósticos, el número inferior se aprecia en el Trastorno Obsesivo Compulsivo (3,40) Estos valores también afirman nuestras predicciones iniciales, a través de las hipótesis elaboradas, al respecto, ya que se ha demostrado a través de datos estadísticos la relación existente entre la expresión de la Inteligencia Emocional Percibida por nuestros pacientes, y los elementos de Ajuste emocional que incluye tanto a la depresión, ansiedad, salud Mental y satisfacción Vital, Por supuesto de acuerdo a estos niveles se observa un deterioro de la concepción que estos manifiestan con relación a su vida actual, lo que realmente nos hace concluir nuestro estudio.

Se confirma la Hipótesis de que

* Unas puntuaciones bajas en Claridad y Reparación deben estar relacionadas con puntuaciones más bajas en Salud mental (MH- 5) y satisfacción Vital (SWB).

* Una puntuación alta en Tendencia al establecimiento de estilos rumiativos (WBSI) debe estar relacionada con puntuaciones más bajas en claridad y reparación , Salud Mental (MH-5) y Satisfacción Vital (SWB).

* Una puntuación baja en su Satisfacción Vital (SWB), debe estar relacionadas con índices elevados de Depresión (BDI) y Ansiedad (STAI).

3.1 Nivel de Correlaciones establecidas entre los instrumentos utilizados.

Para constatar si estos resultados realmente se muestran con un nivel de correlación significativa que permitan asegurar si las predicciones o hipótesis de acuerdo con los instrumentos utilizados en nuestra investigación, aplicamos la Correlación de Pearson

Como se muestra en la tabla 3.1.1 las relaciones que se aprecian entre las variables a través de los instrumentos utilizados, nos demuestran que las hipótesis establecidas son verdaderas, incluso cuando realicemos los análisis en una sujetos supuestamente sanos.

TABLA # 7

* Cuando valoramos la variable Atención vemos que se correlaciona considerablemente de forma negativa con las variable Salud Mental (MH-5) – 0.454 ** y con la variable Satisfacción Vital (SWB) – 0. 354** y de forma positiva con el (WBSI) alta tendencia a la rumiación 0.526** y altos niveles de Ansiedad 0.193 y Depresión 0.302. O sea que las personas que prestan demasiada atención a sus emociones tienen peor Salud mental y están menos satisfechas con sus vidas.

* Al Analizar la variable Claridad de las emociones, se aprecia una correlación positiva con relación a la Reparación de las Emociones ( 0.487** ), Perfil del estado de Salud Mental ( MH-5) 0.555*, Satisfacción Vital ( SWB) 0.415**, y una correlación negativa entre la depresión BDI –0.544** y la Ansiedad -0.377*. O sea que las personas que manifiestan una alta clarificación de sus emociones son capaces de reparar con mayor facilidad sus estados emocionales, lo que tributa en una elevada Satisfacción de su vida y Salud Mental, por lo que los niveles de depresión y Ansiedad serán poco probables.

* La Reparación de las emociones correlaciona positivamente con el estado de Salud Mental ( MH-5) 0.463**, la Satisfacción Vital (SWB) 0.452**, y de forma significativamente negativa con la Ansiedad y Depresión ( -5.15** y 0.391*), respectivamente. Esta correlación infiere, que mientras la persona sea capaz de repara sus estados emocionales, al igual que en el caso anterior, serán poco probables las manifestaciones de depresión y ansiedad , manteniéndose por supuesto elevados índices de Salud Mental y de Satisfacción de Vida.

* En relación con la Percepción de la Salud Mental (MH-5), se refleja una correlación positiva con la Satisfacción Vital (SWB) 0.696** y negativamente significativa con la tendencia a establecer estilos rumiativos ( WBSI, -0.462**), manifestaciones de Ansiedad (STAI -0.522**). Mientras más adecuada y saludable se comporte la percepción por parte de la persona con relación a su Salud Mental, menos posibilidades tendrá de establecer como recurso la tendencia a la utilización de estilos rumiativos y menos síntomas de ansiedad patológica podrán ser posibles.

* La Satisfacción Vital (SWB), correlaciona como se observa en la tabla y además de lo anteriormente planteado de forma significativamente negativa con la tendencia al mantenimiento de pensamientos rumiativos (WBSI–0.615**), Depresión ( BDI -0.615** ) y Ansiedad (STAI -0.368** Es decir cuando la persona se encuentra plenamente satisfecha con su vida, es menos probable que los pensamientos intrusivos se instalen como guia de su comportamiento, lo que disminuye la aparición de estados depresivos y ansiosos, reflejándose una autorregulación de su conducta emocional.

Como referíamos al inicio estos datos, indican, lo que realmente debe correlacionar en nuestro caso, y los resultados obtenidos en investigaciones anteriores con muestras diferentes, a través de las relaciones establecidas, donde se demuestra, que en tanto las personas se crean y se perciban como muy hábiles en cuanto a su capacidad de comprensión emocional y en cuanto a su destreza para regular sus estados emocionales, es un buen indicador de su equilibrio emocional y de su capacidad de adaptación a los diferentes contextos de actuación. En nuestro estudio se demuestra lo contrario, como la IEP influye directamente en la existencia de una alteración en el ajuste emocional, en la población estudiada. Téngase en cuenta que estamos en presencia de Trastornos Neuróticos.

Teniendo en cuenta lo anteriormente expuesto, consideramos importante detenernos en el siguiente aspecto. Es necesario referirnos al echo de que la Inteligencia Emocional, como toda conducta, es transmitida de padres a niños, sobre todo a partir de los modelos que el niño se crea. Tras diversos estudios se ha comprobado que los niños son capaces de captar los estados de ánimo de los adultos. Es decir, la vida familiar será la primera escuela de aprendizaje emocional. A partir de ello pudiéramos plantear la influencia de la escuela en enseñar a los alumnos a ser emocionalmente más inteligentes, dotándoles de estrategias y habilidades emocionales básicas que les protejan de los factores de riesgo o, al menos, que palien sus efectos negativos. De hecho, es necesario precisar, que la estructura emocional básica puede ser modificada mediante una toma de conciencia y cierta práctica, ya que los circuitos neurológicos involucrados pueden alterarse o reforzarse con la repetición de ciertos hábitos, abriéndose una oportunidad única para desarrollar la Inteligencia Emocional, siendo la infancia y la adolescencia dos momentos críticos, pero en la madurez la mayoría de las personas pueden educar con ventaja sus emociones, ya que el aprendizaje es capaz de moldear, en definitiva, algunos aspectos importantes de la realidad emocional individual y colectiva.
Cierto es, que, la aptitud emocional no se puede mejorar de la noche a la mañana, porque el cerebro emocional tarda semanas y meses en cambiar sus hábitos, no horas y días, pero cuando la persona tiene un conocimiento eficaz sobre la Inteligencia Emocional y recursos para ello, puede encauzar, dirigir y aplicar sus emociones, permitiendo así que las mismas trabajen a favor, y no en contra del desarrollo de su personalidad.

Podemos entonces sentirnos satisfechos al plantear, que la inteligencia y la habilidad de las personas desde el conocimiento de sus estados emocionales, para reinterpretar y reconstruir la situación estresante que generó el malestar asociado a ella, son una clave diferente para encontrar el atajo, que casi siempre está oculto, hacia una vida mas sana y feliz.

No obstante existen muchas interrogantes que quedan abiertas acerca de este nuevo y atractivo enfoque.. En definitiva, un campo enorme de investigación que merece la pena explotarse con profundidad.

CONCLUSIONES.

* La estructura de la Inteligencia Emocional en pacientes portadores de Trastornos Neuróticos, presenta peculiaridades distintivas:

o Se percibe un alto nivel mantenido y preocupante de atención del estado emocional y los sentimientos.

o Existen dificultades en el metaconocimiento de los estados emocionales.

o Alta incidencia de los estilos rumiativos en el estado de afrontamiento ante las exigencias vitales.

o La capacidad para clarificar y reparar las emociones está sensiblemente afectada en los pacientes con Trastornos Neuróticos.

* En el análisis de los componentes estructurales de la Inteligencia Emocional, el que más incidió en los resultados obtenidos, de manera negativa, fue el valor relacionado con la atención a las emociones y sentimientos, el cual está directamente relacionado con la sintomatología ansiosa y depresiva presente en los Trastornos Neuróticos.

* La metodología empleada resultó efectiva para el cumplimiento del objetivo propuesto en la investigación, sobresaliendo por su capacidad predictiva, la escala TMMS con respecto al ajuste emocional.

* Los profesionales vinculados con la Salud Mental y Educación que ofrecieron su criterio sobre la Inteligencia Emocional, manifestaron no poseer conocimientos suficientes sobre sus elementos, sin embargo, puntualizaron la necesidad e importancia de su estudio.

* El análisis de las correlaciones realizadas a los datos obtenidos entre las técnicas aplicadas, demostró un elevado nivel de significación, de las correlaciones. Debe destacarse que a mayor atención del estado emocional y los sentimientos, menor capacidad de reparación y elevados índices de estilos rumiativos, así como menos satisfacción y menos salud Mental en pacientes neuróticos. Por otra parte la Reparación de las emociones correlaciona positivamente con el estado de Salud mental y satisfacción Vital y de forma significativamente negativa con ansiedad y depresión.

* Se encontraron diferencias significativas, al valorar la relación entre el género y la expresión de la Inteligencia Emocional, observando como tendencia que en el sexo femenino se aprecia un nivel elevado de la atención a los sentimientos y bajos índices de claridad y reparación de las emociones.

* Los Trastornos que más incidencia manifestaron en la muestra estudiada de acuerdo con el desarrollo de la Inteligencia Emocional, fueron los pacientes diagnosticados dentro de los Trastornos por Ansiedad Generalizada y los Trastornos Obsesivo Compulsivo.

* La valoración de la ocupación y el nivel escolar, reflejó un predominio de pacientes universitarios y técnicos medios, en los cuales, la estructura de la Inteligencia Emocional está marcada por la presencia de rumiaciones que matizan la claridad del cuadro clínico a nivel neurótico.

RECOMENDACIONES.

1. Debe continuarse esta línea investigativa con el objetivo de profundizar en la temática de la interacción entre las manifestaciones de la IE y Trastornos Neuróticos, particularizando en las formas clínicas de los mismos y estableciendo nuevas relaciones que pueden incluir los Trastornos psicofisiológicos, somatomorfos, disociativos y los trastornos de Personalidad descompensados.

2. Se deben continuar buscando estrategias metodológicas que permitan evaluar la IE, en diferentes estados patológicos y en el conocimiento de su expresión en el curso vital de las personas supuestamente sanas.

3. La información obtenida debe ser valorada por psicólogos, psiquiatras y otros especialistas vinculados con la salud mental en nuestro medio, con vistas a ser incorporada a la labor sanitaria.

4. Promover la educación de la Inteligencia Emocional en los diferentes contextos de actuación, profundizando en el escolar y familiar con vistas a eliminar o atenuar los estados emocionales negativos, y prolongar los positivos como predictores del ajuste psicológico.

5. Incorporar el análisis de la IE y la búsqueda de estrategias para su desarrollo, en los programas de preparación de pregrado y postgrado de profesionales de la psicología, la medicina y la educación y profesionales de otras ramas que inciden en la formación y cuidado de la salud de los seres humanos.

Funciones psicológicas y tratamiento de las rumiaciones obsesivas en el duelo


La muerte de un ser querido provoca un conjunto de reacciones emocionales difíciles y dolorosas a las que las personas en duelo deben responder. Aunque para la mayoría de los dolientes la intensidad de estas reacciones disminuye con el tiempo, una minoría desarrolla complicaciones que afectan a su salud mental y física. Llamamos estilos de afrontamiento a las distintas maneras o estrategias que la persona utiliza, consciente y muy a menudo inconscientemente, para reducir, manejar y sobrevivir a esta sintomatología física, mental y emocional natural en el duelo.

Los mecanismos de afrontamiento son esfuerzos o procesos constantemente cambiantes de los que la persona se sirve para responder a demandas internas o externas que son percibidas como excesivas para sus propios recursos (1). No se trata de caracteres rígidos, sino de procesos activos cuyo objetivo es manejar una situación de amenaza, estrés o pérdida de la mejor manera posible. Esta actividad puede tomar distintas formas: Moss y Shaffer (2) en un trabajo temprano realizado sobre el afrontamiento de crisis en la vida, distinguen entre estilos enfocados en la valoración o cognitivos, estilos enfocados a la resolución de problemas o conductuales, y estilos de afrontamiento centrados en las emociones. El que una persona responda de una manera u otra frente a una situación de amenaza, trauma o pérdida va a depender de variables internas como factores de desarrollo, rasgos de personalidad, género, experiencias previas de pérdidas y otros; pero también de variables externas como la propia naturaleza del trauma y la percepción de disponibilidad de apoyo en el entorno.

El estilo rumiativo es un mecanismo cognitivo de afrontamiento que se caracteriza porque el doliente focaliza la atención en los aspectos difíciles o negativos de una manera repetitiva y pasiva (3). En varios estudios realizados en muestras de personas en duelo con estilos de afrontamiento rumiativos se han descrito altos niveles de incidencia y severidad de depresión, cronificación del proceso y un aumento de la sintomatología, especialmente la asociada al estrés postraumático. Por tanto, según este modelo, el estilo rumiativo es maladaptativo y predice un desajuste y menor calidad de vida en el doliente (4-5). Otros estudios, sin embargo, sugieren lo contrario: que esta focalización cognitiva persistente en pensamientos o sentimientos relacionados con el ser querido muerto y el impacto que su pérdida tiene en la vida del doliente es una reacción común en el duelo cuyo propósito y resultado es muy individual y que puede ser adaptativa (6).

Aunque en algunos estadios del duelo la rumiación correlaciona negativamente con el bienestar general, eso no significa que rumiar sea siempre improductivo. La revisión repetitiva del evento traumático puede ayudar a las personas a manejar el impacto emocional y contribuir a hallar un nuevo sentido a la pérdida. Esta construcción de nuevos significados contribuye a desarrollar un nuevo encuadre de referencia o visión del mundo que incorpora el evento traumático (7) y por tanto facilita una buena resolución del duelo.

Michael y Zinder (8), en un estudio reciente realizado con estudiantes universitarios en duelo, llegan a proponer denominar rumiación al estilo maladaptativo que no produce alivio en el tiempo, y proceso cognitivo al proceso adaptativo o pensamientos repetitivos productivos focalizados en la resolución, como según estos autores, lo que marca la diferencia entre un estilo u otro es si el proceso lleva o no a la posibilidad de encontrar un nuevo sentido a la muerte, o un significado que el doliente pueda incorporar. Entonces esta posibilidad se asocia con un decrecimiento de la rumiación derivando en una mejora del bienestar psicológico. En este ar-tículo se propone una descripción más amplia del estilo rumiativo, incluyendo el pensamiento obsesivo como rasgo central y característico. Se identifican las funciones psicológicas de estas defensas desde una visión adaptativa, y se propone un tratamiento desde el modelo y aportaciones de la Psicoterapia Integrativa.

1. Características del pensamiento obsesivo

Carácter repetitivo. Falta de expresión de afectos. Falta de acción, pasividad. Pérdida de visión general. Soledad.

El pensamiento obsesivo como defensa o estilo de afrontamiento cognitivo, respuesta natural ante la pérdida de un ser querido (Tabla nº1) se manifiesta como un monólogo verbal interior donde la persona en duelo está hablando consigo misma, con otro o con algo, a quien pregunta, a quien acusa, a quien responsabiliza o culpabiliza, de quien quiere vengarse, o bien da vueltas y más vueltas a detalles sobre alguna situación concreta buscando elementos, respuestas o significados. Las rumiaciones obsesivas en el duelo se dan a menudo en forma de pensamientos intrusivos, fuera de control, como una voz ajena. Suelen tener formas como: “Y si…”, “si él no hubiera…”, “si pudiera volver atrás”, “ellos son los responsables”, “ójala le pase algo”, “tendría que denunciarles”, “es mi culpa”, “si no hubiera ido ahí”, “¿por qué no nos dimos cuenta?”, “no puedo vivir sin él”, “no puedo seguir así”, etc., que en forma repetitiva, señalan situaciones, elementos o aspectos inaceptables acerca de las circunstancias de la muerte o de la relación perdida y sus consecuencias.

El pensamiento obsesivo se configura siempre alrededor de una cuestión en forma de búsqueda: la exploración de elementos circunstanciales que expliquen o justifiquen la causa de la muerte (¿Por qué?, ¿qué pasó?, ¿cómo fue?); fijaciones en detalles no necesariamente relevantes (¿Y si?); identificación de responsables de la muerte, ya sean otros, un colectivo, la misma persona en duelo o la persona fallecida (¿Quién?); focalización en síntomas negativos y sus posibles causas y consecuencias; e intento de búsqueda de significados sobre el porqué o el para qué de la muerte (¿Por qué?, ¿para qué?).

La etología nos aporta ejemplos de comportamientos obsesivos en animales como respuesta a dos tendencias impulsivas en conflicto: por ejemplo, la necesidad de defender el territorio y la necesidad de escapar de una amenaza de peligro (9). La característica oscilación descrita por M. Horowitz (10) podría interpretarse etiológicamente como las manifestaciones entre distintos polos opuestos de la situación o conflicto. De la misma manera, el pensamiento obsesivo en la persona en duelo alterna rápidamente entre, por ejemplo, manifestaciones de responsabilidad por no haber percibido el peligro en la situación aparente que causó la muerte, que son sustituidas inmediatamente por expresiones de inocencia con el fin de protegerse del dolor de la culpa. Es decir, bajo cada expresión subyacen dos necesidades en conflicto, lo que explica su carácter oscilatorio. Muy a menudo, en el proceso de duelo, la oscilación se da entre más de dos polos: el pensamiento de culpa por no haberse dado cuenta del peligro es sustituido por un rápido pensamiento de ira hacia el médico que lo trataba; este pensamiento es a su vez sustituido rápidamente por una sospecha acerca de la información respecto del diagnóstico, que es a su vez reemplazado de nuevo por la duda de si la muerte podía haber sido evitada de alguna manera. Un pensamiento deshace el otro que es deshecho a su vez por uno nuevo. Como la circularidad se hace de forma muy rápida, la persona no llega a sentir ninguna emoción fuerte y permanece en estado de ansiedad o confusión. Esta falta de expresión de afectos es otra de las características del pensamiento obsesivo: no hay amor ni dolor, sino una detención en lo cognitivo, pues no hay objeto de contacto real desde lo emocional. De hecho, si se expresaran las emociones encubiertas (llorar, chillar, enfadarse) el pensamiento obsesivo pararía. Esta falta de emoción natural y espontánea va acompañada de una falta de acción. Los pensamientos obsesivos son muy invalidantes: son sueños, fantasías acerca de la realidad, suposiciones, ideas, y su propósito parece mantenerse ahí. Las personas con estilos de afrontamiento obsesivos se anclan en lo mental sin llegar a expresar las emociones subyacentes. No hay un compromiso activo en la búsqueda de soluciones: piensan en ello pero no llegan a realizar la acción resolutiva. Es muy difícil tomar decisiones porque no hay un proceso racional de discernimiento: el propio intento desesperado de buscar respuesta parece obliterar la posibilidad de hallarla, por eso el pensamiento obsesivo va acompañado de una pasividad característica.

Por otra parte, en la obsesión, la experiencia de la realidad es mental y suele estar focalizada sólo en algún aspecto concreto de ésta: se produce una pérdida de la visión general o global de la situación. El pensamiento se fija en algún detalle, aspecto o momento, a veces inconsecuente, y el resto de elementos vitales está ausente, no hay visión de conjunto sobre la situación. Se trata de una fijación cognitiva característicamente rígida e inflexible. Esta falta de acción, y esta rigidez, además van acompañadas de la sensación de soledad. La persona tiende al aislamiento, a no conectar con el entorno ni consigo mismo: mira al suelo, se habla a sí misma o a las circunstancias, pero sin contacto con lo que le rodea ni contacto interno con la experiencia subjetiva de lo que está contando. El mecanismo obsesivo es una forma de muerte, muerte para uno mismo, muerte para las relaciones con los demás, muerte para la vida.

2. Funciones psicológicas del pensamiento obsesivo

“Mi hija murió en un incendio, me dijeron que no fue provocado, que fue un accidente, pero yo no lo sé. No me dejaron ver el lugar, ni me dejaron ver el cuerpo. La policía cerró la casa y ya nunca pude entrar. Me pregunto una y otra vez qué sucedió, dónde hallaron su cuerpo, cómo estaba, por qué no pudo salvarse. Sus amigos pudieron hacerlo, ¿por qué ella no? No me lo puedo sacar de la cabeza. Creo que me ocultan algo. Voy al cementerio cada semana, pero no me ayuda, doy vueltas y más vueltas, me duele la cabeza y no puedo dormir”. Pilar.

Tradicionalmente los comportamientos obsesivos han sido vistos como un intento de predicción ante situaciones de caos. Niños que han crecido en ambientes de desestructuración o en familias impredecibles desarrollan conductas obsesivas como un esfuerzo para identificar y predecir amenazas, y dar un sentido de control y orden a la situación (11). También en vivencias de trauma o negligencia, las preocupaciones obsesivas pueden manifestarse como una forma de resolver o hacer algo para dar estructura y sentido a la experiencia. En ausencia o ruptura de relaciones, las obsesiones o los comportamientos repetitivos pueden verse como un intento de reestructurar fracasos en la vinculación, de dar significado y mejorar la predictibilidad basándose en elementos del pasado y de protección frente a nuevos traumas (12). Según describe Csikszentmihalyi (13), “la mente errante se ocupa usualmente con pensamientos negativos, y este sesgo pesimista es adaptativo en el sentido de que aumenta las posibilidades de supervivencia al mejorar así la anticipación de situaciones peligrosas”.

Desde un punto de vista de estrategia evolutiva, los pensamientos obsesivos después de la muerte traumática de un ser querido, son una respuesta de supervivencia cuya función tiene que ver con la mejora de la predictibilidad ante la realidad de la muerte. En la obsesión, la fantasía es poder retroceder en el tiempo y hacer que las cosas sean de otra manera, ejerciendo así un intento de control: como esto no es posible físicamente, se hace mentalmente. El cerebro debe mejorar sus funciones de observación para evitar la repetición del trauma, por tanto la mente repasa los detalles de las circunstancias de la muerte una y otra vez con la esperanza de hallar elementos o detalles que faciliten una mejor comprensión de la historia. Así el pensamiento obsesivo aparece como una defensa cognitiva sobre la que el doliente se apoya para poder poner orden y mejorar la predictibilidad de posibles nuevas experiencias de pérdidas afectivas traumáticas.

Por otra parte, la obsesión en forma de culpa tiene una función psicológica reparativa. Los pensamientos de culpa actúan como un introyecto interno de crítica para evitar la crítica externa; es una forma de evitar el miedo a no ser perfectos, a haber hecho algo malo y a ser acusados de negligencia, una forma de auto-castigo con una función expiativa del daño: “Sentirme culpable de su muerte por no haberme dado cuenta antes de su enfermedad es una manera de sentir que sigo siendo una buena madre”. “Si no estuviera obsesionado sobre el porqué de su muerte significaría que la acepto, y eso significaría que no le quiero”.

No aceptar la realidad de su muerte y luchar contra lo que parece ser su causa es un intento de seguir siendo un buen padre o una buena madre protectora. Estar obsesionando tiene la función de seguir cuidándole. Si la persona en duelo no se sintiera culpable, posiblemente sentiría que no es buena persona. La obsesión permite mantener la integridad y perdonarse a sí mismo, una forma de seguir siendo fiel a la relación. De la misma manera, las obsesiones de fantasías de venganza desde la culpabilización de otro por las circunstancias de la muerte tendrían también la función de esfuerzo compensatorio por el fracaso en el rol protector: “no puedo estar en paz hasta que hayamos encontrado al culpable”.

También rumiando se cumple otra necesidad relacional, que es la de garantizar la continuidad en la relación con la persona fallecida. Mientras la persona en duelo está obsesionándose mantiene un nivel de contacto con su ser querido ausente. Fantasear acerca del desaparecido es una forma de estar vinculado con el pasado, una manera de evitar sentir la experiencia emocional de la muerte. En este sentido cumple una función psicológica estabilizadora que protege del flujo de emociones incómodas que acompañan la regresión (14).

Turner y otros (15), en su trabajo sobre los factores biológicos en los comportamientos obsesivos, concluyen que estos podrían verse como una respuesta o consecuencia a estados afectivos de sobreexcitación subyacente. Las personas en duelo, cuando están obsesionando o expresando sus pensamientos obsesivos, presentan un alto nivel de sobreexcitación psíquica, que aparece como un estado de ansiedad generalizada. Es posible entonces que las rumiaciones sean una consecuencia de este estado de sobreexcitación generado por la ruptura del vínculo de seguridad afectiva, como un intento de recuperar el sentido de control sobre la experiencia emocional de trauma. Las obsesiones interrumpen el contacto interno con los propios sentimientos, sensaciones y recuerdos demasiado dolorosos. En situaciones de estados emocionales complejos relacionados con acontecimientos traumáticos, la activación de respuestas rumiativas podría favorecer el procesamiento de esas emociones difíciles (16).

La rumiación es una manera de estar en la periferia del dolor del duelo, en la abstracción de la idea de la pérdida, o en el conflicto y las dudas acerca de las causas, pero no en la experiencia real de la muerte. En este sentido, las obsesiones funcionan como una defensa para no permitir la emergencia de sentimientos dolorosos amenazadores. Las emociones presentes más aparentes son enfado y culpa, que aparecen en forma de obstinación recurrente, persistencia y rigidez y resentimiento, y no en su forma natural espontánea. No hay contacto real con el objeto psicológico del enfado.

“No me lo puedo quitar de la cabeza. No pude decirle adiós… No puedo quitarme de la cabeza que no fuera su cuerpo. Mi hijo murió en un accidente de avión, pero se equivocaron y no era él: me entregaron otro cuerpo así que en el funeral que le hicimos él no estaba ahí. Estoy enfadada, pero no sé con quién, con los políticos supongo. Tengo una pena muy grande. Ahora voy a otra iglesia, no puedo acercarme a mi parroquia: no puedo dejar de pensar que no nos pudimos despedir de él. Hace ya más de un año”. Esther.

Estar de forma cognitiva en el espacio de ¿cómo?, ¿cuándo? y ¿por qué? es una forma de mantenerse alejado del dolor real de la ausencia, de la experiencia subjetiva de la soledad. En este sentido, las obsesiones son mecanismos de defensa evitativos que protegen de la emergencia de sentimientos dolorosos amenazadores. Esta función protectora o de evitación del dolor real del duelo da un sentido de estabilidad y control del dolor: “si no estuviera obsesionada acerca de mi enfado o mi culpa estaría deshecha por el dolor, me hundiría”.

La muerte de un ser querido produce en ciertas personalidades vulnerables una fragmentación interior donde las obsesiones pueden aparecer como un intento de compensar esta falta de estructura interna. Para personalidades con un funcionamiento estructural que está en un nivel límite de desorden, los comportamientos o pensamientos obsesivos funcionan como un ancla donde sujetar su fragilidad interna, como una forma de compensar experiencias personales que de otra manera serían caóticas. La rigidez de la estructura del pensamiento obsesivo genera un mayor sentido del yo y de seguridad (11). En este sentido, los pensamientos rígidos y rutinarios tendrían una función de estabilidad y protección de un ego frágil, inmaduro y dependiente.

“No puedo dejar de pensar en mi papá, estoy casada feliz pero mi papá era el hombre más importante de mi vida. Nos llamábamos cada día y le consultaba todas mis decisiones. No puedo pasar sin él, estoy muy ansiosa y no dejo de pensar en él. Le necesito. Aún ahora me sentaba en sus rodillas y me decía que yo era su niña. ¿A quién contaré ahora mis problemas? Me siento abandonada, no soy capaz de tirar adelante. No acepto que haya muerto, no me lo puedo creer. Espero cada día a que me llame”. Marina.

Por último, el pensamiento obsesivo tiene la función de defensa ante la fragmentación interna producida por la muerte del ser querido. La tesis descrita en el modelo de adaptación al trauma de Janoff-Bulman (17) explica cómo estos eventos traumáticos sacuden y ponen en crisis el conjunto de valores, presuposiciones sobre la vida, creencias afectivas, sociales y valores que mantienen a las personas integradas. Un afrontamiento adaptativo es aquel que contribuye a integrar estas experiencias traumáticas en la visión personal del mundo y le dan un sentido, asimilando el acontecimiento traumático y otorgándole un significado. Este modelo tiene su aplicación en el ajuste al duelo (6; 18; 19; 20), donde la pérdida de vínculos afectivos, especialmente cuando es traumática, cambia la percepción personal del mundo. Es ahí donde el pensamiento obsesivo aparece como un intento de construir una cohesión interna, de recuperar el control, de aceptar la fragilidad de la vida, en una búsqueda de perfeccionismo ante el caos que supone la muerte, contribuyendo al desarrollo de un nuevo encuadre de referencia que incluya la fragilidad e inconstancia de la vida y de las relaciones.

3. Factores de riesgo de pensamientos obsesivos

Según la teoría de la vinculación, la pérdida súbita de la figura de vinculación destruye los constructos de seguridad y el ajuste a la nueva situación parece ser mucho más difícil o estresante que cuando la muerte es anticipada, por ejemplo tras una enfermedad larga. Es en estas situaciones de no anticipación, especialmente si las circunstancias han sido traumáticas, donde parece que la prevalencia del pensamiento obsesivo es mayor. Un caso específico son las situaciones donde el doliente percibe que la muerte podía haberse evitado -por ejemplo, en una supuesta situación de negligencia médica, o en un accidente doméstico- y que va a causar la posible fijación obsesiva de pensamientos alrededor del cúmulo de circunstancias que llevaron a la muerte.

Cuando el doliente carece de información adecuada sobre las circunstancias y hechos que rodearon la muerte, éste va a tener que imaginar todo o parte de lo sucedido. En estas situaciones parece despertarse la obsesión desde la fantasía, que recorre una y otra vez las distintas posibilidades de lo ocurrido, siendo el resultado un estado de hiperexcitación vigilante que alimenta el pensamiento obsesivo.

Con respecto a los factores de riesgo personales, parece plausible que aquellas personalidades perfeccionistas, exigentes y con tendencia a la personalidad obsesiva sean a su vez más susceptibles de responder a una pérdida con pensamientos obsesivos. De la misma manera que personalidades frágiles e inseguras y con dificultades respecto al control de sus vidas, o personalidades inmaduras que nunca han contemplado, ni tienen integrado el hecho de la muerte, o la posibilidad de la pérdida, van a tener muchas más dificultades de adaptación respondiendo desde niveles altos de ansiedad asociados a rumiaciones obsesivas. Nolen-Hoeksema y otros (21) señalan que las personalidades con vinculaciones ambivalentes suelen ser más susceptibles de tener duelos crónicos que se alargan en el tiempo y con una tendencia a estilos rumiativos.

4. Implicaciones para la intervención terapéutica

La provisión de distracciones, o el darles instrucciones a los dolientes de que simplemente dejen de pensar en ello, o de tener emociones negativas, son intervenciones desde modelos cognitivo-conductuales que en situaciones de depresión parecen producir un mejoramiento temporal de los síntomas, pero que no son efectivas en personas en duelo (5). “No pienses en ello, distráete” parece la intervención terapéutica más simple y lógica, pero la posibilidad de controlar el pensamiento obsesivo de forma cognitiva no es tarea fácil: la mente no puede parar a más mente. La invitación a utilizar esfuerzos cognitivos para detener el pensamiento obsesivo acrecienta aún más y fija las rumiaciones. Según Erskine (22) las aproximaciones intelectuales o la confrontación directa sólo logran aumentar la ansiedad de la persona y su sentido de inadecuación, posiblemente incrementando aún más el esfuerzo defensivo de mantener lo que es inconsciente lejos del alcance del consciente. Como muy bien describen las personas en duelo: “cuánto más intento dejar de pensar en ello, más me obsesiono y no puedo parar de darle vueltas”.

Desde la visión de la Psicoterapia Integrativa, las obsesiones, fantasías recurrentes y preocupaciones repetitivas ante situaciones de trauma deben verse como respuestas naturales de orden psicológico, emocional cognitivo o conductual que la persona utiliza de forma inconsciente para reducir o aliviar el dolor y el sufrimiento (23). Por tanto la exploración de estos mecanismos como defensas nos da una oportunidad de identificar su función psicológica o relacional, para que pueda así ser tratada de forma efectiva en el marco de la relación terapéutica.

Esta mirada adaptativa de los mecanismos o estilos de afrontamiento tiene implicaciones importantes para la terapia de duelo. El pensamiento obsesivo no debe interpretarse como una conducta patológica, sino como un intento natural del inconsciente de adaptarse al dolor de la pérdida y satisfacer alguna de las necesidades relacionales específicas que aparecen tras la muerte de un ser querido. A pesar de que son pensamientos disruptivos, en el sentido de que rompen el contacto interno o el interpersonal, el terapeuta debe acogerlos como una adaptación creativa a la ruptura del vínculo afectivo. Lo que necesitamos es una psicoterapia intrapsíquica y relacional, cuyo objetivo no sea simplemente suprimir el pensamiento obsesivo, sino comprenderlo, poner nombre a su función psicológica, validarlo y buscar maneras de responder a las necesidades subyacentes. Todo ello mediante una respetuosa indagación en la experiencia fenomenológica de la persona en duelo que acoja su vulnerabilidad natural, facilite de forma respetuosa la disolución de las defensas y la integración de los aspectos fragmentados.

En una primera etapa del tratamiento va a ser esencial la escucha atenta sobre la experiencia subjetiva de la obsesión: animarle a expresar en voz alta sus preocupaciones, pensamientos repetitivos, rumiaciones, y hacerlo en forma de diálogo con el terapeuta, que muestra interés, anima y promueve la expresión completa de los pensamientos, valida la experiencia y comparte sus emociones, permitiéndose ser genuinamente impactado por lo que está oyendo. Haciendo esto el terapeuta ofrece una experiencia de comprensión y de compartir que mitiga la soledad y el sentimiento de aislamiento del doliente y a la vez permite el despliegue total de las fantasías y cuestiones alrededor de las cuales se configura la obsesión.

La persona en duelo entonces expresa en voz alta sus deseos, sus miedos, sus preguntas sin respuesta, sus fantasías de venganza, o de reparación, su sentimiento de culpa, y lleva al consciente y experimenta en el contexto de la relación terapéutica estas cogniciones nunca antes compartidas, que son recibidas y acogidas con sensibilidad e interés por parte del terapeuta.

“Háblame de todos estos pensamientos, ideas y fantasías que pasan por tu cabeza por la noche (dímelo a mí, mírame a los ojos)… Parece que estás exhausta de tanto darle vueltas… Cuéntame a qué das vueltas… ¿Cómo te sientes con este monólogo interior? ¿Sola?… Háblame de tu soledad… ¿A quién te gustaría decirle todo esto?… ¿Quién te gustaría que te estuviera escuchando?”.

Al permitir esta experiencia, que incluye a la vez aspectos cognitivos y de expresión de afectos dentro del proceso terapéutico, se facilita el cambio, pues el terapeuta está proveyendo al paciente de una experiencia integradora de estos aspectos antes disgregados, que le proveen de un nuevo sentido del yo (24-25).

La experiencia de los pensamientos obsesivos siempre está fuera de la realidad: en el allá y antes o después. Es por ello que una estrategia terapéutica importante a utilizar es la indagación fenomenológica, una de las estrategias básicas de la Psicoterapia Integrativa (26). La exploración en el aquí y ahora, del pensamiento obsesivo es fundamental: animar al doliente a que hable despacio, conectando visualmente con el terapeuta, respirando después de cada expresión, parando, poniendo palabras a las sensaciones físicas, describiendo y siendo consciente de la rigidez corporal, y de cómo la mirada se retira del contacto visual.

En las situaciones donde los pensamientos obsesivos tienen que ver con el recorrido de las circunstancias de la muerte, que el doliente recrea en su mente una y otra vez, la indagación va a permitir una cuidadosa exploración sobre los detalles, los sentimientos expresados y los negados, el apoyo recibido y el apoyo necesitado y no satisfecho, todo ello acompañado desde la sensibilidad y empatía del terapeuta, que va a facilitar la reescenificación de los elementos traumáticos que rodean la muerte del ser querido y va a apoyar y sostener la expresión emocional de dolor asociada.

“Cuéntame, ¿cómo fue la muerte, dónde estabas cuando te dieron la noticia? ¿Qué pasa por tu cabeza cuando piensas en esos días? ¿Con quién pudiste hablarlo? ¿Con quién hubieras necesitado poder hablar y no pudiste? ¿Qué información te dieron? ¿Qué información no te dieron y necesitabas? ¿Dónde fuiste? ¿Cómo te sentiste? ¿Cómo pudiste expresar tus sentimientos? ¿Qué te sostuvo? ¿Qué ayuda no tuviste? ¿Qué crees que podría haber sido distinto? Si eso hubiera sido así de distinto, ¿en qué te hubiera ayudado?”.

En otras situaciones los pensamientos obsesivos tienen que ver con fantasías de venganza respecto a la posible causa de la muerte. El doliente imagina situaciones donde el supuesto responsable sufre un castigo; puede estar incluso fantaseando con la posibilidad de matar o desear la muerte al que cree que es el culpable de lo que sucedió, como un intento de reparar la culpa del peso de la responsabilidad en el fracaso de la protección. Estos pensamientos intrusivos pueden ser muy alarmantes para el doliente. Esta fantasía es lógica y natural, pero la persona no se atreve a expresarla en voz alta por lo irracional, con lo que siente a la vez más culpa y por tanto reprime su deseo, se agita y deja el sueño de la venganza en lo simbólico y con ello aumenta el pensamiento obsesivo. El no poder ponerle palabras no hace sino reactivar el cúmulo de emociones complejas que son la base de la confusión y la ansiedad.

Cuando este sueño es expresado verbalmente, y validado como humano y natural por el terapeuta sensible y empático, entonces éste puede llevar al paciente a la conclusión imaginada, y juntos deben explorar la fantasía de alivio del dolor. El ponerle palabras facilita la expresión de las emociones subyacentes que pueden ser identificadas una a una: entonces la confusión y agitación son sustituidas por la rabia, el enfado y el resentimiento, que a su vez son sustituidos por el dolor, la tristeza y el amor. En este camino de clarificación emocional la ansiedad va desapareciendo como defensa evitativa y emergen las emociones hasta ahora reprimidas por inaceptables y dolorosas.

Un ejemplo de este camino de clarificación que puede durar varias sesiones sería: “Me dices que estabas fantaseando sobre la muerte de X… ¿Qué has imaginado?… ¿Cómo has pensado en hacerle daño?… ¿Puedes contarme hasta dónde has pensado en tu imaginación? Dices que te imaginas cogiendo la escopeta y yendo a su casa,… ¿qué más has imaginado?… ¿Qué has imaginado que harías al llegar a su casa?… Y después de disparar, ¿qué verías?… ¿Cómo sería la imagen ante ti?… ¿Cómo te sentirías al verlo muerto ahí?… Aliviada… ¿Aliviada de qué?… ¿Qué es lo que tú crees que aliviaría la muerte de este hombre (conductor que atropelló a tu hijo)? Crees que aliviaría tu dolor, ¿verdad?…, Háblame de tu dolor…(enfado)”.

Una psicoterapia intrapsíquica y relacional -en vez de cognitiva y conductual-, basada en la indagación respetuosa de la fantasía de venganza, va a fomentar la expresión verbal y emocional del pensamiento obsesivo, validando su función de protección. En el apoyo y la comprensión del terapeuta, el paciente encontrará el alivio y la satisfacción de la necesidad relacional escondida. Y es entonces, una vez ha sido facilitada la regresión, cuando éste puede escuchar, comprender y dar sentido a su fantasía: que va a ser validada por el terapeuta: “entiendo que lo que más lamentas es no haber podido proteger a tu hijo y que pensando en matar a X lo que estás expresando es tu deseo profundo de que eso no hubiera sucedido y tu sentimiento de culpa y dolor”.

Una vez expresada y acogida la obsesión e identificada su función psicológica, el objetivo terapéutico es disolver esta defensa cognitiva para que puedan emerger los sentimientos dolorosos o incómodos subyacentes. La estructura rumiativa es una defensa contra la ansiedad del trauma, siendo la causa de esta ansiedad la represión de los sentimientos de dolor, enfado o culpa. La obsesión funciona como una maniobra cognitiva para evitar los sentimientos conflictivos. En el dialogo y el contacto empático con el terapeuta, el pensamiento circular o repetitivo se rompe y el doliente tiene la posibilidad de conectar y expresar esos sentimientos escondidos. Juntos pueden poner nombre a esos sentimientos incómodos de dolor, enfado o culpa, proveyendo experiencias de insight donde la persona en duelo podrá llegar a entender las motivaciones inconscientes de esta defensa.

A veces las obsesiones toman forma de fijaciones o focalizaciones en detalles sobre la relación, o aspectos de las circunstancias de la muerte, aparentemente irrelevantes, pero en los que el doliente concentra toda su atención obsesiva perdiendo la visión general del todo. Es importante no confrontar este tipo de obsesión, sino más bien intentar entender la historia de la persona y la función intrapsíquica de la fijación. Detrás de este detalle hay algo importante, una tarea de duelo, un asunto pendiente de relación, o una necesidad relacional no satisfecha, o una función evitativa que debe ser identificada y explorada.

Las fijaciones obsesivas en detalles de las circunstancias de la muerte a veces se originan por la falta de elementos necesarios para la comprensión de lo sucedido. En el contexto terapéutico deben poderse explorar todos los detalles del evento traumático y las conclusiones distintas y sentimientos posibles. Si esto no es suficiente, a veces es necesario recabar la información adecuada que permita al doliente comprender lo sucedido. La necesidad de tener información sobre los hechos es un derecho natural del doliente. A menudo se hace necesaria una intervención institucional reparativa por parte de los responsables correspondientes. El terapeuta de duelo debe estar entrenado para preparar y coordinar estas entrevistas entre representantes políticos, directores de empresas o instituciones, o miembros del cuerpo de seguridad, entre otros, donde el doliente pueda tener respuesta a todas sus preguntas.

Una vez escuchada y validada la obsesión en un espacio de protección, seguridad y confianza, y explorados los sentimientos negados mediante la indagación fenomenológica, entonces, en una segunda fase de la terapia, las estrategias cognitivas como por ejemplo la estructuración del tiempo, los compromisos de conductas o la identificación de acciones reparadoras pueden ser eficaces. Las prescripciones cognitivas deben venir siempre en una etapa posterior del proceso terapéutico, cuando el nivel de insight es más alto y la relación terapéutica más profunda. Una vez identificada la necesidad relacional que subyace bajo la obsesión, se invita al doliente a encontrar una nueva manera de satisfacer esta necesidad que sea en forma de conducta compensadora; y que se comprometa a ella. “¿De qué manera podrías encontrar un gesto o símbolo o acción que mostrara tu deseo de seguir amándole, o de manifestar tu sentido de culpa?”. De forma espontánea muchos gestos de sublimación tienen este sentido reparativo.

El trabajo terapéutico del pensamiento obsesivo lleva gradualmente a la persona a la aceptación de la fragilidad e impredictibilidad de la vida. La fantasía de control detrás de las rumiaciones es la anulación de la infinitas posibilidades que nos ofrece la aventura de la vida; la omnipotencia de la mente frente a la aceptación de la limitación de los seres humanos, y nuestra incapacidad de protección total de nuestros seres queridos. Una madre no puede vigilar a un niño las 24 horas del día, como tampoco se puede controlar a una persona en depresión durante cada minuto de su vida; la muerte es impredictible. Para mantener esta garantía de control, deberíamos encerrar a nuestros seres queridos en habitaciones blindadas, pero esto supondría anular la espontaneidad de su existencia, de la libertad en las relaciones, de la autonomía natural de las personas. La resolución del pensamiento obsesivo contribuye a entender la propia historia personal y ver las pérdidas como parte integral de la propia vida y no como algo a rechazar: aceptarlas como algo inevitable y a la vez como una oportunidad de crecer, madurar y expandir la conciencia personal, y la responsabilidad e implicación en la vida.

5. Conclusiones

Los pensamientos obsesivos se caracterizan por su repetitividad, circularidad, fijación y falta de visión general. Ante la pérdida de un ser querido, estos pensamientos se configuran como cuestiones alrededor de las circunstancias de la muerte, las posibles causas y efectos de la pérdida, aspectos de la relación con el ser querido, algunos de los síntomas de duelo y sus consecuencias: “¿Qué me ha pasado? ¿Por qué el mundo es así? ¿Qué es la muerte? ¿Quién soy yo sin él/ella? ¿Qué será de mi vida?”.

Este proceso cognitivo permite una revisión exhaustiva del evento traumático y sus consecuencias en la vida de la persona en duelo. Como estructura defensiva psicológica tiene varias funciones: mejorar la predictibilidad de posibles nuevas situaciones de pérdida traumática, dar significado a lo sucedido, reparar los sentimientos de culpa, mantener continuidad en la relación con la persona fallecida, manejar emociones dolorosas como son el enfado y el dolor, y dar un sentido de protección y estabilidad dentro de la fragmentación interna que la persona en duelo vive.

Para la mayoría de las personas este estilo de afrontamiento es una respuesta natural adaptativa al duelo que se resuelve favorablemente. Las personas en duelo pueden por sí mismas encontrar las respuestas y satisfacer las necesidades subyacentes, con lo que, con el tiempo se produce una disminución de la actividad obsesiva dedicada a procesar la experiencia, se mitiga la sintomatología y los pensamientos pierden su calidad intrusiva y perturbadora, de manera que la persona se ajusta a la pérdida y puede empezar a centrarse en su futuro. En estos casos el pensamiento obsesivo es adaptativo y predice un buen resultado de duelo, una mejora y bienestar progresivo en el doliente.

Pero si éste no es capaz de entrar en contacto, identificar y explorar estas funciones del pensamiento obsesivo, y por tanto las necesidades intrapsíquicas o interpersonales no se satisfacen, entonces los pensamientos se vuelven intrusivos, disruptivos, y el proceso cognitivo se convierte en una rumiación maladaptativa, tal y como es descrita por Nolen-Hoeksema en su modelo (5; 27). La persona no puede desarrollar un nuevo encuadre de referencia que incluya la pérdida y sus consecuencias. Es en estas situaciones cuando los pensamientos intrusivos dolorosos se intensifican y cronifican en el tiempo sin remisión, dando lugar a un pobre resultado de duelo.

El terapeuta no hará intervenciones dirigidas simplemente a desactivar el estilo rumiativo que presenta el doliente, como si fuera un rasgo maladaptativo a evitar, sino que estará más interesado en identificar, validar y explorar el pensamiento obsesivo como estructura psíquica defensiva adaptativa ante el sufrimiento natural del duelo, y la acogerá como una oportunidad de identificar y elaborar aspectos o tareas duelo subyacentes que generan conflicto intrapsíquico y fragmentación interna. Para ello la relación terapéutica (26) va a ser una herramienta esencial.

Es necesaria una investigación futura que identifique y describa qué es lo que hace que los pensamientos obsesivos sean o no productivos. Detectar factores de riesgo de complicaciones en la resolución del pensamiento obsesivo es fundamental: estos factores deben incluir aspectos situacionales, personales e interpersonales y a la vez contemplar otras posibles funciones psicológicas de estos pensamientos más allá de la búsqueda de significados.

La psicoterapia del duelo, y de forma específica el tratamiento del pensamiento obsesivo, se enfrenta a un buen número de retos distintos y nuevos para los que los métodos y estrategias clásicas de psicoterapia no van a ser útiles. El duelo es un problema que no tiene solución y que produce un sufrimiento emocional agudo en la persona que lo vive. La pérdida de la relación es la pérdida del contacto con el otro, que a su vez rompe el contacto interno con uno mismo. Es una experiencia de fragmentación traumática de la identidad, producida por la ruptura de un vínculo afectivo. La psicoterapia integrativa ofrece un modelo donde justamente la relación terapéutica es un elemento central. Esta relación es utilizada por el terapeuta para promover el contacto interpersonal que producirá el cambio, a través de la elaboración de los conflictos intrapsíquicos y promoviendo la integración del ego fragmentado.

laberinto de emociones


Laberinto de emociones

Algunas pasan pronto; otras son tan fuertes que llegan a cambiarnos la vida. Del correcto manejo de las emociones dependerá en gran medida nuestra salud… física y mental.

De las emociones sabemos que existen, cómo las aprendemos y cuál es su estructura. Pero de su naturaleza lo ignoramos casi todo. Es un mundo tan complejo, que desde Plutchnik, con su rueda de las emociones, a los cognitivistas, que afirman que son inducidas por nuestros pensamientos, caben todo tipo de explicaciones.

Apenas tenemos unos meses de vida, adquirimos emociones básicas como el miedo, el enfado o la alegría. Algunos animales comparten con nosotros esas emociones tan básicas, que en los humanos se van haciendo más complejas y diversas gracias al lenguaje, porque usamos símbolos, signos y significados. Unas se aprenden por experiencia directa, como el miedo, al resultar atacados o asustados; o la ira, cuando se obstaculiza nuestra consecución de un objetivo; pero las más de las veces aprendemos por observación de un modelo que reacciona emocionalmente (de ahí que tenga tanta importancia el modelo de reacciones de los padres ante los hijos).

Niña Aprendemos también por la contemplación de imágenes de la realidad. De esto saben mucho los medios de comunicación y los publicitarios, que nos inducen determinadas emociones mediante la presentación de imágenes (y estereotipos). Es lo que se llama aprendizaje mediante asociaciones indirectas: no se puede convencer directamente a las jóvenes de que adelgacen, pero lo conseguirán si muestran imágenes de chicas esbeltas que han alcanzado el éxito social.

Existen estímulos neutros que no provocan emociones, pero que pueden evocarlas, y también estímulos aversivos que pueden llegar a provocar emociones positivas. No es la primera vez que a una persona acaba por encantarle una ciudad sólo por haberse enamorado allí.

Las reacciones emocionales no son simples eventos subjetivos del corazón sino complejas estructuras con tres niveles: mental (información que las induce), neurofisiológico (respuesta del organismo) y expresivo (responsable de su manifestación externa a través de gestos, posturas y movimientos). Surgen cuando una percepción o valoración mental atribuye significado a un suceso externo, haciendo que mostremos rabia, celos, culpa o esperanza. Otras veces vienen desde dentro, inducidas por recuerdos o imaginaciones. Pero las emociones pueden, también, perturbar el funcionamiento mental. Por ejemplo, cuando un alumno baja su rendimiento porque tiene problemas afectivos.

¿Qué importancia tiene todo esto para nuestra salud mental y física? Tan lejos de la verdad está afirmar que el estado emocional no influye para nada, como pasarse al extremo opuesto y asignar una enfermedad a cada emoción. En un libro de autoayuda he visto relacionar la calvicie, la acidez, los dolores de cabeza y de cadera, la diarrea y hasta la fístula con el miedo; unir la gastritis a la incertidumbre; la leucemia a la sensación de inutilidad; y la meningitis a la falta de apoyo. Una exageración científicamente insostenible. Sin embargo, es cierto que nuestro estado emocional, si es negativo, influye en el desarrollo de determinadas enfermedades, desde las cardiovasculares hasta el cáncer, al perturbar el funcionamiento de nuestro sistema fisiológico e inmunológico. En el otro extremo, también es real la influencia general que el cultivo de las emociones positivas tiene sobre nuestro bienestar físico y psíquico.

Las emociones -reacciones breves y necesarias para la supervivencia producidas en el sistema límbico en combinación con el córtex prefrontal- nos sirven como mecanismo de adaptación. No son perjudiciales, ni siquiera cuando son negativas. El perjuicio estaría más bien en su excesiva intensidad o en su larga duración, convirtiéndose entonces en estado emocional. Se clasifican en positivas y negativas en función de su contribución al bienestar o al malestar. Pero no sólo eso. Casi todos los psicólogos coinciden en que las negativas duran más tiempo que las positivas. Cita Fernández Abascal en su Manual de Motivación y Emoción una investigación de Silboa y Revelle (1994), cuyos datos revelaron que la duración media de las emociones negativas y los pensamientos rumiativos asociados asciende a 110 minutos, mientras que la duración de las emociones positivas en los sujetos estudiados fue de 40 minutos. Pero, además, las negativas son más frecuentes. Sólo con observar el bombardeo de sucesos negativos al que estamos expuestos y la cantidad de dificultades y contratiempos que tenemos que enfrentar en la vida, bastaría para explicarlo. A causa de su mayor duración y frecuencia, la necesidad de movilizar energías para afrontar las emociones negativas también es superior, así como el desgaste que sufrimos y el cuidado que hay que poner para no dejarnos atrapar por ellas. Así podremos reducir la perturbación que nos producen.

||SENTIMIENTOS NEGATIVOS||

No viene mal recordar que la lista de emociones positivas es más corta. Entre ella podemos mencionar la alegría, la esperanza, el amor, la tranquilidad, el humor, el orgullo, el entusiasmo y el optimismo. Entre las negativas figuran el miedo, la ansiedad, la culpa, el aburrimiento, el asco, la envidia, los celos, la tristeza, la depresión, la ira, la vergüenza y muchas más. Aunque Caraexiste un afán legítimo por desembarazarse de las negativas, el primer paso debe ser aceptarlas; no negarlas. El control emocional es deseable, pero puede efectuarse en varias direcciones: reprimirlas u ocultarlas, manejarlas, expresarlas adecuadamente y cambiarlas, si es necesario. No podemos eliminarlas. Reprimirlas puede ser procedente en un momento dado, pero su represión sistemática resulta muy perjudicial, pues en principio las emociones están para ser expresadas. Saber manejarlas es positivo y conveniente. Dejarse llevar de los impulsos supone muchas veces sufrir consecuencias perjudiciales. Para evitarlo necesitamos adoptar una actitud de distanciamiento respecto a nosotros mismos que nos permita ver con más frialdad hasta dónde, con quién, cuándo, cómo y con qué intensidad es conveniente decir lo que sentimos. Necesitamos, además, plantearnos antes cómo debemos actuar y hasta dónde dar rienda suelta a nuestras emociones.

Si es de forma apropiada, siempre conviene expresar las emociones, aunque ello no depende enteramente de nuestra voluntad, pues se exteriorizan por sí mismas a través de la expresión facial, del gesto y las posturas, así como del tono y volumen de la voz. Una persona atemorizada lo expresa aunque no quiera, lo mismo que si se ve sorprendida o le acaba de tocar la lotería: su rostro delata su alegría. Estas señales nos ayudan a reconocer el estado de ánimo de las personas y a que ellas vean cómo nos encontramos.

En cuanto a hablar de las emociones, digamos que debe hacerse como medio de liberación y descarga de energía. La persona capaz de manifestar con palabras lo que siente, de hablar con otros acerca de sus propios sentimientos, es más sana en principio y más equilibrada, más asertiva. Es bueno decir “te quiero”, “me caes bien”, “te agradezco”, “no me gusta”, “me molesta tal cosa”, “estoy triste porque…”. Pero la expresión verbal de las emociones, sobre todo de las negativas, debería ir precedida de una reflexión sobre si resulta oportuno hacerlo en ese momento. Esa valoración del cerebro pensante, regulada por el cerebro emocional, indica tener inteligencia emocional. Hay quien se expresa tanto que provoca conflictos, que se desboca y luego se arrepiente. Por el contrario, hay gente que se calla por sistema y acaba por enfermar o por envenenarse con sus rumiaciones.

Sólo se pueden controlar las emociones actuando directamente sobre sus manifestaciones fisiológicas o, indirectamente, a través de las conductas o los pensamientos. En realidad, tenemos poco campo de actuación, porque el sistema emocional y sus estructuras no dependen directamente de nuestra voluntad, no puedo estar alegre sólo por quererlo. Sin embargo, se puede actuar directamente, por ejemplo en el caso de la ansiedad, a través de la relajación o de la administración de fármacos. También a través de la música, que consigue cambiar casi de inmediato determinados estados. Poco más se puede hacer directamente. Indirectamente, sin embargo, también podemos actuar, gracias a que el cerebro emocional está conectado con el sistema de control muscular. Fue William James quien defendió que el ser humano es un laboratorio de acción y reacción emocional y que, si bien lo que hagamos depende de nuestro estado de ánimo, también éste depende a su vez de las acciones que llevemos a cabo. Cambiando nuestras conductas, podemos transformar nuestras emociones en cuestión de horas. Por eso, ante estados emocionales negativos conviene actuar de forma opuesta.

||SONREIR NOS HACE MÁS FELICES||

Si estoy triste debo actuar como si estuviese alegre, si perezoso como si fuese diligente y si estoy enfadado, mostrándome amable y encantador. Esas conductas producen cambios hormonales y fisiológicos, por tanto también emocionales. Un ejemplo: practicar la sonrisa, aunque sea forzándola, produce bienestar. Al sonreír, el músculo masetero oprime la arteria carótida externa y eso desencadena unos cambios en el cerebro que nos hacen sentir bien.
NiñaPero por si esto fuera poco, con la voluntad podemos cambiar pensamientos y convicciones, lo que afectará a las emociones gracias a las conexiones del córtex (sede del cerebro pensante) con las estructuras emocionales. Son muchos los estudios y experimentos realizados sobre los nefastos efectos del cultivo de cogniciones (pensamientos) negativos de autoineficacia, de indefensión, de desesperanza.

Hay múltiples testimonios de cómo la actitud mental influye en el estado emocional. Es el caso, según estudios realizados, de algunas personas mayores que al morir su pareja mueren ellas en los siguientes dieciocho meses porque piensan que su vida ya no tiene sentido. En el otro extremo, los pensamientos de superación, recordar sucesos agradables, revivir gratas experiencias y pensar en lo bueno de la vida produce buenas vibraciones y experiencias emocionales positivas.

Entraríamos entonces en la trascendencia del cultivo de emociones positivas y en concreto de un optimismo realista, claves para garantizar importantes dosis de felicidad y de salud, de autoeficacia para superación de contrariedades y problemas, aunque sean graves. El optimismo no es una postura ilusa e idealista, sino más bien un estado emocional que, partiendo de la visión realista de las dificultades, ayuda al sujeto a esforzarse por ver los aspectos positivos. Así se logra mayor calidad de vida, mayor seguridad e incluso mejor salud (y, por lo tanto, mayor felicidad).
M. Silveira –

Retrocede

HOMBRES Y MUJERES, ¿AMAMOS DE LA MISMA MANERA?

http://eldivandigital.blogspot.com/2008/12/normal-0-21-false-false-false.html
Son muchos los tópicos que hemos escuchado al largo de la historia, y gran parte de ellos, hacen honor a costumbres que albergaban generaciones pasadas. Estas costumbres se basaban en la educación que recibían hombres y mujeres, y por supuesto, mostraban claras diferencias comportamentales y sentimentales. Ellos y ellas no eran criados de la misma manera, y cambiar estas directrices tan arraigadas no ha sido tarea fácil. De hecho, muchos discrepan de si, en la actualidad, hombres y mujeres sí reciben la misma educación, y bien, la realidad es que existe tanta diversidad educativa como familias viven en este mundo. De todos modos, dejando a un lado excepciones, cada vez son más los valores y modos de actuar que se intentan fomentar tanto en niños como en niñas.

El pasado mes de agosto, La vanguardia publicó en el suplemento “Estilos de vida”, un interesante artículo titulado “¿Amamos de la misma manera?”. En él, el psicoterapeuta Luis Muiño hace mención a tres películas que ejemplifican la visión del hombre y la mujer en las relaciones amorosas, y a partir de este preámbulo, enuncia dos factores clave que han diferenciado la “forma de amar” entre ellos y ellas: CONTINUIDAD Y PRO-ACTIVIDAD. Veamos un fragmento:

“Hasta hace unos años, se hablaba de dos diferencias fundamentales en la pasión masculina y femenina. La primera era la CONTINUIDAD. Los hombres y las mujeres tenían una estructura sentimental diferente: había una preferencia profunda de lo femenino por lo continuo y una preferencia profunda de lo masculino por lo discontinuo.

Ellas separaban los distintos estados emocionales menos que los hombres. Eran más holísticas, más globales: la ternura y la dulzura limitaban con el erotismo, se insertaban en él armoniosamente. La inteligencia y la comunicación intelectual podían resultar también eróticas.

Muchas investigaciones encontraban manifestaciones de ese patrón Había experimentos que mostraban que para una mujer era más difícil distinguir amor de amistad. O que ellas confundían más a menudo el atractivo erótico de una persona con su atractivo moral: alguien guapo es, además, bueno, sincero.

El hombre, por su parte, tendía a acentuar las diferencias, a separar las distintas emociones. Era discontinuo: podía amar un día, olvidar al siguiente, volver a amar…Sus emociones funcionaban como compartimentos estancos y eso le permitía “querer a dos personas a la vez y no estar loco”. Su erotismo era también más discontinuo que el femenino: funcionaba a intervalos de tiempo, comenzaba, llegaba a un punto y se agotaba…

El segundo factor de disparidad que aparecía clásicamente en los estudios era la PRO-ACTIVIDAD. A ellos se les suponía tendentes a la acción: tomaban la iniciativa y hacían siempre algo (aunque no fuera lo que había que hacer). A las mujeres se las consideraba más reflexivas: analizaban mejor lo que estaba ocurriendo y empatizaban más con la otra persona –eran más hábiles a la hora de ver las cosas desde otro punto de vista-.

Se hicieron también muchos estudios que mostraban esa tendencia femenina en el amor a la reflexión desde la inteligencia emocional, y esa facilidad masculina para emprender acciones. Un ejemplo era la forma de “enfermar el amor”. Las mujeres tenían problemas románticos relacionados con la salud mental por exceso de “pensamiento rumiativo”. Eran propensas a dar demasiadas vueltas a cuestiones que no se podían resolver y eso las podía llevar a la depresión y la ansiedad. A fuerza de ir al fondo de las cosas, acababan quedándose allí.

En los hombres, sin embargo, era más habitual el sentimiento de culpa por las acciones realizadas. El amor nos hace excesivamente impulsivos y demasiado focalizadores en la toma de decisiones. Si los hombres movemos ficha en pleno enamoramiento, seguramente lo haremos con más prisa de lo habitual y teniendo en cuenta un solo factor, nuestro sentimiento. No nos pararemos a pensar y, además, no tendremos en cuenta todo aquello que no tenga que ver con nuestra relación. En otra época era muy habitual que los hombres cayeran en el síndrome de Romeo y Julieta y luego no estuvieran nada orgullosos del resultado.

Continuidad, pro-actividad…¿Cómo se fomentaban esas diferencias?”

A partir de aquí, el artículo explica que hombres y mujeres aprendían desde niños a ser diferentes dado el trato que recibían por sus padres y educadores ( diversas investigaciones así lo ejemplifican); después, estas diferencias aterrizaban en el “juego” del amor. El cine las reflejaba y de este modo educaba a la siguiente generación transmitiendo un claro mensaje: la necesidad de desigualdad entre sexos opuestos en el terreno amoroso.

Tal y como hemos comentado al principio, el artículo hace mención a tres películas:

– Amanecer (1927). Esta refleja una clara diferencia de valores en el terreno amoroso, una desigualdad absoluta entre comportamientos.

– La mujer de al lado (1981). En ella todavía quedan reflejadas la disimilitudes.

– El otro lado de la cama (2002). Una comedia que muchos de vosotros conociereis, en la que las mujeres de la película son tan pro-activas y poco rumiativas como los hombres. Ellos y ellas dan las mismas vueltas a sus historias y tienen los mismos problemas en la toma de decisiones. Los personajes de la película se permiten a veces vivir la antigua y la nueva relación a la vez, sin problemas, pero también sienten en ocasiones la necesidad de la continuidad amorosa que se centra en una sola relación a lo largo de los días. En este film, ya no hay diferencias amorosas entre hombres y mujeres, solo importa su forma de ser y el momento que están viviendo.

Dejando a un lado las películas y centrándonos en la realidad actual, ¿Es esta realidad tal y como muestra “el otro lado de la cama”?¿Es cierto que tanto hombres como mujeres somos igual de pro-activos y a su vez somos en ocasiones continuos y en otras discontinuos?

O por el contrario, ¿Seguimos siendo las mujeres las mas “rumiativas”?¿Ellos reflexionan como nosotras?¿Son ellos los que no pueden mantener una continuidad en la relación amorosa tal y como indican los tópicos?

Y finalmente, ¿Este “pensamiento rumiativo” puede estar, en ocasiones, directamente relacionado con episodios ansiosos y depresivos?

Dejemos las primeras cuestiones para que vosotros opinéis, y valoremos la última:

¿Este “pensamiento rumiativo” puede estar, en ocasiones, directamente relacionado con episodios ansiosos y depresivos?

Hace poco en el Diván hablábamos justamente de esta reflexión continua y repetitiva que tanto caracteriza a las mujeres. El concepto de “pensamiento rumiativo” que utiliza el autor del artículo muestra claramente la conexión entre estado mental y capacidad de reflexión. Esto no significa que reflexionar no sea correcto, todo lo contrario, la reflexión nos convierte en seres conscientes y nos acerca la realidad que estamos viviendo, hecho que nos permite elegir y actuar en consecuencia, y por tanto, sentirnos realizados con el resultado. El problema aparece cuando la reflexión peca de rumiativa y se convierte en un estado permanente e imparable. Dar infinitas vueltas a un tema, crea a su vez, miles de percepciones e interpretaciones del mismo, y todo ello provoca un claro sentimiento de pérdida de control y alejamiento de la realidad. Cuando vemos que no podemos controlar aquella situación debido a la incertidumbre despertada, nos adentrándonos en un estado continuo de ansiedad, y con ello, de profundo malestar. Desde el profundo malestar, no es fácil sacar fuerzas, todo parece más oscuro y nuestra percepción del día cambia. Cuando esto ocurre, es necesario plantear rápidamente una estrategia de pensamiento que ROMPA con el malestar, y abra la puerta a posibles nuevos pensamientos y percepciones que, partiendo del negro, hagan ver las cosas de otro color.

Consulta privada Mª Teresa Mata, psicoterapeuta y fisioterapeuta.

VISITAS MIÉRCOLES

PHOENIX ESPAI TERAPÈUTIC
Avinguda Meridiana 216, 1er desp. 6 – Barcelona
Contacto: 617834474

VISITAS LUNES, MARTES, JUEVES Y VIERNES

CENTRE BALMES
Plaza Gala Placidia Nº 10-12, 5º 2ª 08006 – Barcelona
Contacto: 617834474

Mujeres, crisis y salud mental


http://www.elmundo.es/elmundosalud/2009/03/06/saludmental/1236347125.html
Mujeres, crisis y salud mental

8 de marzo de 2009.- Se están extendiendo en la Red informaciones relativas a una supuesta mayor afectación de la crisis a las mujeres. Todo empezó con el famoso ‘Leading Lipstick Indicador’ sobre el aumento de la venta de pintalabios rojos, que equivalía a aceptar tácitamente que las mujeres estarían ‘especialmente’ afectadas por la crisis. Pues bien, con motivo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora (8 de marzo) nos preguntamos si realmente hay diferencias de género en la forma de sufrir y afrontar la crisis.

La cuestión es compleja. No es fácil establecer diferencias en aspectos tan sutiles como la capacidad de adaptación a las adversidades, y sus repercusiones sobre la salud mental, en función del género. Por eso hay opiniones para todos los gustos. Desde las que aseguran que las mujeres son más vulnerables a la crisis, a las que dicen que son ellas las que nos sacarán del pozo.

Según la Ministra de Igualdad “… la incorporación y permanencia de las mujeres en el mercado laboral mejora la economía de un país (…) y alargar la vida laboral de las mujeres es la mayor garantía de supervivencia del sistema de pensiones públicas”. Eso supone cargar a las mujeres con otra ‘carga’, como si no tuvieran bastante con las que ya soportan.

Hay quien opina que la combinación de sexo, edad y circunstancias personales es lo que hace que haya diferencias de género. Por ejemplo, ser mujer y mayor de 40 años supone un elevado riesgo de tener mal trabajo, peor sueldo o ser despedida antes que un hombre, lo cual repercutirá tarde o temprano sobre su salud mental. Sin embargo, según datos de la Encuesta de Población Activa del INE de 2008, y el informe sobre trabajadores en autónomos de la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA) la pérdida de empleo afecta más a los hombres que a las mujeres, y lo que realmente afecta a la mujer no es el paro, sino las malas condiciones laborales que soportan. Luego, ¿qué sabemos a ciencia cierta?

Primero, que las mujeres en general, pero especialmente las de edades fértiles, padecen más depresiones y ansiedades que los hombres, especialmente motivadas por acontecimientos vitales estresantes, sobre todo cuando éstos afectan a mujeres con escasos apoyos personales y sociales.

Igualmente conocemos los factores psicosociales relacionados con el mayor riesgo de trastornos afectivos en la mujer: clase social baja, mala relación de pareja, desempleo, bajo nivel educativo, bajo soporte social, acumulación de acontecimientos vitales negativos y cuidado de hijos menores.

También sabemos que la vulnerabilidad aumenta cuando se combinan varios de estresores (rol de mujer moderna, triple jornada, etc.), con momentos críticos del ciclo reproductivo (menstruación, embarazo, posparto, menopausia, etc.), y con baso apoyo social (objetivo y subjetivo).

Por último, sabemos que las mujeres ostentan más ciertos rasgos de personalidad que les hacen ser especialmente vulnerables, como: alto sentido de la responsabilidad, tendencia a la implicación emocional, auto-atribución de la culpa, indefensión aprendida, y, sobre todo, la denominada ‘mood amplification’, o pensamiento rumiativo de los problemas, lo que aumenta el tiempo de permanencia de los problemas negativos en la conciencia y acaba produciendo fatiga emocional.

En síntesis, parece que hay elementos suficientes para sospechar que la crisis afecte más a las mujeres que a los hombres, pero ese riesgo es inespecífico, y para prevenir y actuar adecuadamente, hay que determinar el riesgo concreto en cada caso. Sobre todo en ciertas mujeres, con determinados rasgos de personalidad, y que pasan por ciertos momentos del ciclo reproductivo en los cuales los cambios hormonales se alían con los problemas psicosociales para disminuir la resistencia al estrés.

Todo lo anterior se refiera a los problemas que afectan a las mujeres. Pero, ¿qué sucede con las soluciones que ellas aplican? ¿Disponen de más o mejores recursos para salir de la crisis? ¿Serán ellas las que nos salven? ¿Usted que opina?