Cómo convivir con las fobias
Extractado del libro: Estrategias para superar el pánico y la agorafobia, del doctor Alfredo H. Cía


Las sufre una de cada cuatro personas. Se relacionan con un miedo irracional a ciertos lugares, objetos o situaciones que, para otros, resultan absolutamente normales. En esta nota, testimonios de pacientes, consejos de especialistas y un cuestionario para conocer si usted puede padecerlas

En un bar, sobre la avenida Monroe al 3500, (En Buenos Aires, Capital Federal) hay un grupo de personas con miedo. Son once hombres y quince mujeres que, cada lunes, se encuentran para compartir sus inquietudes más profundas y combatir sus peores fantasmas. Son los participantes de uno de los 400 Talleres de Miedos, que forman parte del Programa de Salud Mental del hospital Pirovano.
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Cada uno carga, a su modo, con la vergüenza y la culpa de sentir miedo. Un miedo dañino e irracional. A las tormentas, las inyecciones, ir al dentista, los gatos, los animales con plumas, no poder escapar de alguna situación, entrar en un supermercado, los encuentros sociales, pasar cerca de una persiana metálica baja, los movimientos de los vecinos del piso de arriba, los botones blancos con cuatro agujeros. Miedo, en sus más variadas formas. O más que miedo: fobia.
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· COMO IDENTIFICAR UNA FOBIA. Las fobias son un miedo persistente, excesivo y desproporcionado a determinados objetos o situaciones, que obliga a quienes las padecen a intentar evitarlos. Si bien no hay estadísticas poblacionales específicas, se considera que una de cada cuatro personas las sufre en la actualidad. Claro que muchos no lo dicen y a otros no se los sabe escuchar. Todos aseguran vivir en una cárcel sin rejas de la que les resulta imposible escapar.
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· QUE DICEN LOS PACIENTES. “Las fobias te cambian la vida -dice Andrea, desde una de las mesas del bar-. Yo antes era súper decidida. Parecía que nada me podía tirar abajo. Pero a partir del primer ataque me sentí paralizada y marginada.”
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Andrea tiene 39 años y hace cinco se integró al grupo por padecer un tipo de fobia social que la hace sentirse aterrada hasta descomponerse y transpirar

excesivamente en determinadas situaciones. “Eso me limita tanto para ir a tomar un café con alguien como en una entrevista de trabajo. Siempre estoy en inferioridad de condiciones”, reconoce.
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A su lado Irene, de 57 años, asiente. “A mí, que me respondan en un tono un poquito más elevado o de mala manera me lastima de tal forma que me paraliza por completo -dice-. Puedo llegar a sufrir un ataque de llanto y tirarme al suelo como si fuera una nena de 2 años que no se puede defender.”
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Lo que Irene y Andrea sienten no es sólo miedo. Para considerar que una persona sufre una fobia debe haber algo más que una situación puntual de miedo o episodios aislados de temor y ansiedad. El miedo acompaña a los seres humanos desde sus orígenes, es una respuesta totalmente natural que heredamos biológicamente. Actúa como defensa instantánea frente a un peligro, protegiéndonos. Gracias al miedo, el hombre de la prehistoria sabía cuándo era aconsejable no salir de la caverna para no servir de almuerzo a algún animal. Gracias al mismo miedo, hoy cualquier niño que se sube a un árbol siente el peligro y resuelve quedarse abrazado a la rama, reclamando ayuda.
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· MIEDOS Y FOBIAS. Las fobias no tienen ese carácter protector. “A la fobia se la considera una patología, mientras que el miedo necesariamente lo es”, explica el licenciado Miguel Espeche, psicólogo y coordinador general del Programa de Salud Mental del hospital Pirovano. (En Argentina, Capital Federal) “El miedo puede responder a circunstancias más fácilmente objetivables, mientras que la ansiedad y temor de la fobia se percibe como sobredimensionado en relación con el objeto que aparece generando ese temor”, agrega.

Para el doctor Alfredo Cía, presidente de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad (AATA) y autor de varios libros sobre esta problemática, ciertos miedos son comunes y no se los considera fobias a menos que ocasionen una incapacidad significativa. “La diferencia esencial entre el miedo y una fobia es la medida en que perturban la vida cotidiana. Un miedo común puede ser sobrellevado casi sin alterar la vida de todos los días. En cambio una fobia se define, en parte, por la incapacidad que origina.”
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· EN ALERTA PERMANENTE. La incapacidad suele ser grande y los inconvenientes muchos. Junto con la sensación de inseguridad, descontrol, palpitaciones, falta de aire, mareos, desmayos, y temblores, puede llegar lo que se denomina evitación fóbica: una tendencia a alejarse o rehuir al contacto con el estímulo temido, ya sea éste un objeto, una situación o una persona. Por eso, quien sufre esta patología suele estar muy atento para registrar en su memoria los lugares en los cuales estos estímulos pueden aparecer y así tratar de evitarlos o alejarse de ellos.
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“El fóbico es una persona que está en permanente alerta, preocupado y anticipando situaciones. Para eso establece una serie de reaseguros -dice el doctor Gustavo Bustamante, vicepresidente de la Fundación Fobia Club-. Yo tuve una paciente con fobia a las cucarachas que llevaba un cucarachicida en la cartera y obligaba a fumigar cada lugar en el que entraba.”
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· CONVIVIR CON UNA FOBIA. No todas las fobias son iguales. El estilo de vida occidental, el trabajo, el lugar en el que vivimos, nuestra ocupación o nuestra edad hacen que sobrellevar una fobia resulte una tarea compatible o no con la vida.

No es lo mismo padecer una fobia a volar para un chacarero que tranquilamente puede vivir sin subir a un avión que para el ejecutivo de una empresa multinacional que tiene la exigencia de volar con frecuencia. No resulta igual una fobia a las aguas profundas para un habitante de la gran ciudad que para quien vive cerca de un río o del mar.
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“La importancia clínica de la fobia depende de la medida en que los síntomas interfieran en la vida familiar o en lo laboral. Si genera un malestar significativo, es urgente consultar con un especialista”, explica el doctor Cía.
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Más allá de que el fóbico reconozca lo excesivo e irracional de su temor de enfrentarse a la situación temida, no podrá evitar sentirse dominado por el miedo y el terror. La vida social, el estudio o la carrera profesional se verán cada vez más limitados, generando sentimientos de incapacidad, baja autoestima y minusvalía.
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“Para mí, el simple hecho de transpirar en una entrevista de trabajo ya me coloca en una situación complicada -dice Andrea-. Pensar en que me pongo nerviosa termina por ponerme más nerviosa. Me desconcentra a tal punto que no sé lo que digo. Obviamente, cuando el empleador elige, llevo las de perder”, reconoce.
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Contrariamente a lo que sucede con la defensa natural que presupone el miedo, en el caso de las fobias el alejamiento de lo que se teme condena. El alivio que siente el fóbico al escapar de lo que considera un peligro se vuelve una trampa fatal. El escape permanente y la huida se vuelven una obsesión que retrae y limita progresivamente su vida.
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· APOYARSE EN LOS OTROS. Como en la mayoría de los males que caracterizan nuestra era, la importancia de las fobias y la posibilidad de convivir más o menos armoniosamente con éstas tiene mucho que ver con el entorno del individuo y con la sociedad. La familia, los amigos y las parejas suelen cumplir involuntariamente un rol que, en la mayoría de los casos, está lejos de favorecer al paciente. Para un fóbico, hablar de lo que padece no es fácil y, aunque quisiera, muchas veces no tendría con quién. La vergüenza de sufrir algo que nadie puede entender y muchos llegan a menospreciar no ayuda a la recuperación.
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“Mi familia siempre minimizó el problema. Me decían que ya se me iba a pasar -comenta Andrea-. Yo era la fuerte, la que podía todo. Nadie podía entender que a mí me pasara algo. Me hubiera gustado una familia con los ojos más abiertos, que me entendiera más. Que no me hiciera sentir un bicho raro.”
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Explicar lo inexplicable no resulta sencillo. Las víctimas de las fobias se encuentran ante la necesidad de contar algo que reconocen absurdo y que ni ellos llegan a entender. “¿Cómo una persona de 57 años se va a asustar porque alguien le levante la voz? -se pregunta Irene, intentando ver su problema desde afuera-. Resulta ridículo.”
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“Es inevitable que te miren como a una loca”, comenta Andrea.
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“A veces, aunque haya buena voluntad, el hecho de no vivirlo hace que la gente no sepa qué hacer -dice Liliana, de 48 años, otra integrante del taller-. Los miedos son incomprensibles.”
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· BUENOS TRATAMIENTOS. Existen distintas categorías de fobias (ver al final del artículo). Y si bien el camino es arduo y la tarea no resulta sencilla, la mayoría de las fobias se superan con el tratamiento adecuado. Lo importante, según los especialistas, es buscar ayuda profesional cuanto antes. Medicación, terapias de tipo conductual (enseñar a la persona a controlar los síntomas de su ansiedad) y terapias que exponen gradualmente al paciente a los estímulos que le causan las reacciones ansiosas son, a grandes rasgos, los métodos para la cura.
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El equilibrio entre la solución que representa el descubrimiento de una nueva patología y su abuso es difícil de lograr.

El peligro consiste en abusar del diagnóstico y que se fortalezca el síntoma en vez de ayudar. “La fobia es una patología que, junto al ataque de pánico, está siendo en ocasiones sobre diagnosticada y merece prudencia la posibilidad de su utilización abusiva -alerta el licenciado Espeche-. En ocasiones se prefiere diagnosticar una fobia a determinar qué ocurre en el proceso de vida de la persona.”
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La solución, para Espeche, está en entender al diagnóstico como el principio de un camino y no como el final. “Es el camino de comprender la situación de vida que genera tanta ansiedad y no de echarle la culpa de todo a un síntoma. Los actos fóbicos suelen ser los mensajeros de otras situaciones de angustia”, afirma.
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Angustia: Es una de las palabras más usadas por quienes se acercan por primera vez al bar que está frente al hospital Pirovano. Pero después del taller, donde hablaron de sus familias, la incomprensión, las ansiedades y del temor, aunque el presente sea gris se van pensando que hay un futuro por construir.
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Por Leonardo Blanco
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Para tener en cuenta

Tipos de fobias
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· Fobias específicas. Pueden ser de tipo ambiental (a las tormentas, las aguas profundas, los vientos, las alturas, etc.), situacional (a situaciones o lugares específicos, como estar en salones cerrados, o viajar en ascensores, aviones, barcos, etc.), a los animales (desde los domésticos hasta insectos, serpientes, sapos u otros), a la sangre, las heridas o a los procedimientos médicos u odontológicos.
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· Fobias sociales. Temor a ser evaluado. Dificultad de hablar en público, dar charlas, discursos o exámenes, comer en público o relacionarse con personas desconocidas.
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· Agorafobia. Temor a alejarse del domicilio o caminar solo por la calle, viajar en colectivo, tren o subte. Dificultades para permanecer en una cola, ir a un cine o un restaurante donde, en caso de sufrir una crisis, el escape pueda ser dificultoso.
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Cuestionario
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Para saber si usted sufre alguna fobia específica, responda estas preguntas:
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1- ¿Teme excesivamente enfrentarse con alguna de las siguientes situaciones?
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-Animales
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-Alturas (pisos elevados, puentes, precipicios, etcétera)
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-Ascensores
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-Tormentas o inundaciones
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-Aguas profundas
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-Procedimientos médicos
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-Sangre o heridas
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-Aviones o barcos
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-Otras
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2- ¿Reconoce que su temor es excesivo e irracional?
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3- Las conductas de evitación, malestar y ansiedad que le producen estos objetos o situaciones, ¿perturban de alguna manera su vida normal?
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· En caso de haber contestado afirmativamente a la mayoría de las preguntas es probable que usted padezca algún tipo de fobia específica. Si cree que puede sufrir algún otro tipo de fobia o trastorno de ansiedad, consulte con un especialista.
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(Extractado del libro: Estrategias para superar el pánico y la agorafobia, del doctor Alfredo H. Cía)
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Para saber más (En Argentina)
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· Salud Mental Responde (GCBA), 4863-8888 (lunes a viernes, de 8 a 20)
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· Unidad Coord. de Salud Mental de la Nación, 4379-9162
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· Talleres del hospital Pirovano, 4774-7031 / 4541-2365
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· Asociación Arg. de Trastornos de Ansiedad, www.ansiedad-aata.org
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Créditos: La Nación http://www.lanacion.com.ar/
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