Elsa Punset: ‘Emocionalmente, terminamos muriendo de aburrimiento’

La escritora Elsa Punset.La escritora Elsa Punset.
ÁLVARO COLOMER
No cabe duda, de casta le viene al galgo. Elsa Punset es hija del célebre Eduard Punset y sus libros irradian la misma capacidad divulgativa que los de su progenitor. Experta en la aplicación de la inteligencia emocional y los procesos de aprendizaje, así como responsable de un programa pionero sobre aprendizaje social y emocional en la Universidad Camilo José Cela, Punset publica ahora ‘Inocencia radical’ (Ed. Aguilar), un libro didáctico que pretende mostrarnos un camino para recuperar la curiosidad y la confianza que todos poseíamos cuando éramos niños.
  • La pregunta inicial es obligatoria: ¿por qué perdemos la inocencia que nos domina durante la infancia y por qué ‘migramos hacia la concesión y la tristeza’, según afirma en su libro?
  • Tenemos un cerebro programado para sobrevivir. Es un instrumento tan complejo y sofisticado que, de forma inconsciente, tiende a armarse de razones y de defensas para estar siempre alerta. Su lema podría ser: ‘La mejor defensa es un buen ataque’. Es como una estrategia preventiva que ocupa buena parte de su energía y que lastra la vida diaria con miedos variopintos. Pretender sobrevivir con este exceso de defensas nos obliga a opciones de vida muy controladas, donde caben pocos riesgos, pero también pocas emociones, poca pasión, pocas sorpresas. Creo que terminamos muriendo, emocionalmente, de aburrimiento.

  • Imaginemos un caso: un niño pierde la inocencia porque sus compañeros de clase le pegan, le insultan, le ningunean. ¿Cómo será su vida adulta?
  • Lo que pierde un niño acosado es la confianza en el resto del mundo. Una confianza que formaba parte de su inocencia, claro está. ¿Cómo será su vida adulta? Las personas ponen en marcha su capacidad de resiliencia (capacidad innata de superación de obstáculos) con base en un elemento muy claro: la afectividad. Un ejemplo: en diversos experimentos se ha comprobado que los niños que han estado en orfanatos y que han logrado salir adelante con más éxito no eran necesariamente los que tenían las circunstancias menos adversas, sino los que encontraban mayores muestras de afectividad en su entorno. Así que, si el niño acosado logra deshacer ese primer aprendizaje que le hace ver el mundo como un lugar inseguro y cruel podrá salir adelante. Pero si el entorno refuerza esa triste lección inicial, entonces se convertirá en un adulto desconfiado y retraído.

  • Esto no es un ejemplo, sino una realidad: una de cada cuatro mujeres toma antidepresivos. ¿Por qué?
  • Dentro de unos pocos años, la depresión será la primera causa de enfermedad en Europa y un 20% por ciento de la población mundial sufrirá una enfermedad mental discapacitante, según la Organización Mundial de la Salud. Son datos impactantes, y no se está haciendo casi nada en el campo de la prevención. Los colectivos más vulnerables están en primera línea de fuego de este abandono emocional. Entre ellos, las mujeres. Para encontrar un remedio a esto hay que indagar las causas de ese dolor emocional. Por ejemplo, conocemos dos elementos cruciales del bienestar emocional: control sobre la propia vida y afectividad. Así pues, debemos preguntarnos: ¿tienen las mujeres suficiente sentido de control sobre sus vidas? y ¿cómo viven la afectividad? La respuesta a estas preguntas podría implicar cambios notables en la educación de los niños y niñas, y en la organización social del trabajo.

  • Otro dato real: en determinadas disciplinas artísticas, como por ejemplo la literatura, hay muchísimos más hombres que mujeres. Se ha debatido mucho sobre los motivos de este desequilibrio y se han dado argumentos de todos los colores. A tenor de las teorías que usted esboza sobre la creatividad, ¿podemos encontrar alguna justificación a dicha diferencia?
  • Este debate ya no tiene sentido, a tenor de lo que hoy sabemos acerca del cerebro humano, un órgano sofisticado, plástico y dotado para la creatividad en ambos sexos. De modo que no existe una justificación genética. Pero las explicaciones de tipo social son evidentes: el poder del entorno sobre el individuo es tremendo, para bien o para mal. No hace falta recordar en qué condiciones han vivido las mujeres europeas durante los últimos siglos, ¿verdad? Ni tampoco cómo siguen malviviendo en una gran mayoría de países, ante el silencio y la indiferencia generalizada. Pero, sinceramente, lo previsible es que, dentro de 200 o 300 años, estas desigualdades se habrán diluido, convirtiéndose en anecdóticas. Al menos en las sociedades que hoy intentan aplicar criterios de igualdad.

  • El último ejemplo: una mujer tiene miedo, mucho miedo, al futuro. Cree que la despedirán, que no podrá pagar la hipoteca, que sus amigas la despreciarán, que su marido dejará de verla como a una mujer interesante… Esa misma noche, sale a cenar con su esposo, pero ella no disfruta del ambiente porque no puede dejar de tener miedo por su futuro. ¿Por qué se recrea esa mujer en las emociones negativas, en vez de focalizar sobre las positivas?
  • ¡Ah!, ésa es una trampa típica de un cerebro sofisticado, que no encuentra un cauce constructivo para la energía y las posibilidades que encierra. Tenemos una corteza cerebral muy desarrollada: es el lugar desde el cual soñamos, elucubramos, inventamos, decidimos, hablamos… Pero también es el lugar desde el cual tememos, dividimos el mundo en buenos y malos, excluimos, nos proyectamos en un futuro supuestamente peligroso. Hay que ayudar al cerebro miedoso para que logre expresar su caudal de energía de forma constructiva.

  • He leído por ahí que una de las grandes herencias que su padre le ha legado es la creencia de que las ideas pueden cambiar el mundo. Pero, ¿cree que el mundo, tan ajetreado como está, tiene tiempo para escuchar nuevas ideas?
  • La vida es fluida. Se nutre de energías muy diversas, que conforman un ecosistema siempre en movimiento. Nada es estático. Creo que una parte de nuestras vidas las dedicamos a la conservación y la explotación de recursos, pero la otra parte necesita cuestionar, crear, inventar o reinventar. Y eso se plasma no sólo en nuestras vidas individuales, sino en las estructuras sociales. No vivimos en un mundo impermeable, queramos o no, todo remueve y cambia. En vez de resistirse al cambio, resulta más constructivo formar parte de ese cambio de forma deliberada. http://www.elmundo.es/yodona/2009/11/19/actualidad/1258628157.html

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