pareja

       Jorge Sánchez  terminó su matrimonio debido al Trastorno Obsesivo Compulsivo. En su testimonio en la página del Instituto de TOC en Massachussets, Sánchez dice: “Siempre fui una persona muy organizada, limpia, quería que las cosas se hicieran bien. Seguí haciendo lo mismo cuando crecí. Siempre me llevé bien con todos, era un niño normal en cada sentido de la palabra. Ahora soy mecánico de profesión, comencé arreglar carros a los 18. Me casé a la edad de 26 y comencé a asumir las responsabilidades de la adultez. Fue alrededor de esa época que empecé a notar una tendencia a la obsesión con el perfeccionismo, no podía cometer errores. De repente comencé a chequear las cosas y a sobreverificar mi trabajo. Este comportamiento aumentó y me comenzó a crear problemas matrimoniales, lo cual me causó estrés. Me estresé por completo con el nacimiento de mi segundo bebé, y comencé a preocuparme por mi trabajo toda la noche. Lo único en que pensaba era mi trabajo y si había hecho todo bien, al punto que descuidé a mi familia. Estaba ahí presente, pero mi mente no.  Busqué ayuda para este problema que no podía definir, pensé que me estaba volviendo loco. Finalmente, mi matrimonio comenzó a quebrarse debido a esta obsesión. El estrés era demasiado fuerte, no podía encarar mi vida ni mis responsabilidades. Un médico me diagnosticó TOC y traté de ver a varios psicoterapeutas para tratar el problema matrimonial, pero ya era muy tarde, terminé divorciado”.
    Para Lisa Merlo, profesora asistente de psiquiatría de la Universidad De Florida, en Gainesville especializada en TOC, se trata una enfermedad que aunque parezca simple, interfiere con la productividad de la persona que pierde tiempo pensando en vez de hacer las cosas.
      Según el Instituto Nacional de Salud Mental, el Trastorno Obsesivo Compulsivo afecta a más de 13 millones de personas en los Estados Unidos.  De acuerdo con un estudio hecho por la Academia Americana de Psiquiatría Infantil, uno de cada 200 niños y adolescentes en los Estados Unidos nace con el Trastorno Obsesivo Compulsivo. El problema, según explica Merlo, es con qué se obsesiona el paciente y hasta qué nivel el acto que hace involuntario de acuerdo a su trastorno es justificado.
       Sara Sánchez, del Centro de TOC de Florida,  se obsesionó desde pequeña con imágenes eróticas. “Cuando era pequeña me venían pensamientos e imágenes eróticas involuntarias a la cabeza y yo trataba de no excitarme, pero nunca lo conseguía, entonces para ponerme a prueba otra vez (a ver si no me excitaban las imágenes) trataba de reimaginármelas en mi mente sin excitarme para dejar de sentir culpa, pero nunca lo conseguía. Me sentía culpable por haberme vuelto a excitar con la imagen, y lo volvía a intentar,  y así volvía a caer en el “círculo vicioso” de ponerme a prueba una y otra vez reimaginando todo sin éxito y esto afectaba mi intimidad. Ya de adulta podía estar en medio de un acto sexual y estaba con estas imágenes en la cabeza.”
   Sánchez asegura que nadie en su casa lo sabía y que le daba vergüenza.  Al crecer, le confesó a su madre que estaba preocupada porque le venían imágenes eróticas a la cabeza. Su madre le decía que era normal pero Sara asegura que, como quiera, se sentía sucia. “Esto duró mucho tiempo (un año y medio), luego no volví ni a masturbarme ni a tener sueños eróticos, pero si por ejemplo veía la más mínima presencia de sexo, en la televisión o una canción, yo me excitaba y le daba mil vueltas a la cabeza. Llegué a esconderme de todo lo relacionado al sexo y los sentimientos de culpabilidad podían llegar a hacer que no durmiera en toda la noche y me la pasara llorando.”
      Pero Sara no buscó ayuda y esto empeoró. Confiesa que un día, cuando tenía unos 20 años, estaba teniendo pensamientos eróticos y de repente surgió en su mente la imagen de su padre. “Me vino muchísima excitación y culpa a la vez. No sabía realmente si me había excitado por mi padre o por mis sueños, pensé que era por lo de mi padre y de los remordimientos no me pude dormir. A partir de ahí pensaba que él me excitaba a mí y le evitaba, me ponía a prueba re imaginando la imagen, pero parece que cada vez que intento no excitarme consigo efectos adversos. Con mi madre todo iba fantástico  no pasaba nada…hasta que pensé: soy bisexual, así que si mi padre me excita, ¿porque no mi madre? A partir de ahí me ocurrió lo mismo con mi madre. Pensé que era incesto, pederasta, todo. Llegué al punto de pensar en el suicidio y la depresión. Todo era producto de mi mente y al buscar ayuda fui diagnosticada con Trastorno Obsesivo Compulsivo”, dijo Sánchez quien actualmente recibe tratamiento.
      Michael Arévalo recuerda cómo esto le afectó con su ex novia. “Me acuerdo que por pena no le decía nada a ella para no avergonzarme y la dejaba bañarse en mi ducha. Se me movía todo por dentro pensando en el agua y el vapor en las puertas de vidrio y entonces siempre tenía que bañarme después de ella. Ella pensaba que me tardaba en el baño pero en realidad quería ser último porque me bañaba y limpiaba. Y si estaba haciendo el amor o hacia algo con ella una de las primeras cosas que venía a mi cabeza era que no quería que se ensuciara la cama o nada porque si no lavaba las sábanas inmediatamente. A veces ni me acostaba en su pecho después del acto sexual, pensando en las cosas que estaban sucias”, concluyó Arévalo a lo que recordó cómo esto causaba múltiples peleas con su ahora ex pareja.
      Y es que Arévalo siente que ha estado cambiando: “En estos últimos meses he cambiado un poco. Antes no era capaz de ir a la calle dejando algo en el lavaplatos sin limpiar. Este fin de semana vi un tenedor que duró hasta el día de hoy, desde el viernes y se veía como una mancha y me dio una rabia. Todo un fin de semana, algo que no había pasado antes. A veces me da miedo porque me doy cuenta que ocupo demasiado tiempo en eso; barro, aspiro, trapeo. Tengo otras cosas en mi cabeza. Es como si tuviera un estrés tan grande que sobrepasa la necesidad de limpiar todo. Me pregunto qué me está pasando y me preocupo. Para mí no es normal que deje algo por un tiempo. Yo lo veo negativo, eso me está afectando tanto que ni limpio. Me siento vulnerable, como que no estoy siendo yo porque estoy cambiando eso, yo me la paso limpiando. Entonces si estoy cambiando y no he hecho nada ¿por qué necesitaría decir que es una enfermedad?”, concluyó Arévalo.
     Según la Oficina Gubernamental del Control de Enfermedades,  las obsesiones y compulsiones son muy difíciles de controlar y en el caso de conseguirlo, es posible que resista solo durante un breve periodo de tiempo. Estas obsesiones, según esta agencia, son realmente perturbadoras y suelen consumir gran espacio de tiempo e interfieren sensiblemente con las tareas laborales, sociales y de relación personal.
http://obsesionescaoticas.espacioblog.com/post/2009/12/01/con-pareja
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