Circuitos neurobiológicos de la ansiedad
Dr. Carlos A. Lamela

Material extractado del XXº Congreso Argentino de Psiquiatría – Mar del Plata, Argentina

Los circuitos neurobiológicos de la ansiedad

Los circuitos que están involucrados en la ansiedad están dentro de las normas que regulan al SNC.
Ya se sabe que nuestro sistema nervioso transmite información en serie, lo cual quiere decir que múltiples vías de información van a ser transmitidas siguiendo una única vía neuronal.
Es muy común que trabajen en paralelo, lo cual quiere decir que las diferentes variedades de una misma realidad sensorial van a ser transmitidas por diferentes vías.

Por ejemplo: en el caso de la visión, por un lado se transmite la forma, por otro el color, por el otro el movimiento, por vías diferentes y en paralelo, para luego integrarse en un centro, para conformar la imagen que nosotros podemos ver.

Esto nos lleva a la tercera parte, que es el nivel jerárquico del sistema nervioso, en el cual hay estructuras que están diferenciadas de otras para funciones específicas.
Hoy sabemos que las neuronas cambian en base a lo que aprendemos, a nuestra experiencia. Es lo que permite nuestro vínculo con el entorno y tener la particularidad única que tiene cada ser humano, en base a lo que incorpora de éste a través de la cognición, y en base a sus propias posibilidades y la experiencia previa que tenga cada uno, su historia natural.

Si tenemos que pensar en los sistemas que están involucrados en la ansiedad, tenemos que poner a la amígdala como el gran centro integrador, el cual va a recibir estímulos y a la vez se va a ocupar tanto de la expresión emocional (expresión somática de las emociones, del estrés y la ansiedad) así como del procesamiento consciente de la experiencia emocional.

Veamos cada uno de estos componentes en particular:

¿Qué pasa con el ingreso de los estímulos hacia la amígdala, que serían las aferencias sensoriales?
La mayoría de los sentidos (vista, tacto y oído) van hacia la amígdala y de ahí pasan al tálamo, lo cual le permite a este último poder modular en mayor o menor medida el ingreso de los estímulos sensoriales. (Recuerden que cualquier amenaza o estímulo estresante ingresa por nuestros sentidos)

El olfato es una excepción, ya que no pasa por el tálamo sino que va directo a la vía de corteza entorrInal. Esto hace que muchas veces un olor pueda desencadenar una sensación muy fuerte, porque tiene un vínculo directo con el sistema límbico.
Los sistemas viscerales también pueden ser una amenaza ingresando vía locus coeruleus y de ahí a la amígdala.
Esto es lo que les pasa fundamentalmente a los pacientes con pánico, en los cuales todos los estímulos que pasan por las vísceras son tomados como una amenaza manifiesta.

Expresiones aferentes:
¿Cómo expresa la amígdala las emociones?
Por sus vínculos con los núcleos del tallo cerebral y con los núcleos hipotalámicos.

Es importante destacar el papel de los CRF o CRH en todo lo que tiene que ver con el estrés, porque es un neuropéptido que interviene en todas las conductas estresantes, que tiene dos vías de acción:
1. produce un aumento rápido de ACTH y cortisol
2. va actuar sobre dos tipos de receptores centrales a esteroides: CRF1 o MR y CRF2 o GR

Si bien ya expliqué cómo el organismo recibe una amenaza y a su vez como ésta la expresa, no hay elementos para poder diferenciar por qué un estímulo en una determinada persona va a generar una respuesta adaptativa y en otro la respuesta va a ser desadaptativa, generando en ella un trastorno de ansiedad o un cuadro depresivo.

Veamos cómo procesa nuestro organismo la información que recibe:
Un estímulo llega al tálamo y de ahí pasa a la amígdala. Esa vía se llama vía talámica directa, que es una vía muy rápida, porque los estímulos son de corta latencia que producen una reacción de estrés. Es una vía de supervivencia.

Por ejemplo, si veo que aparece alguien con un arma o con una actitud agresiva hacia mi persona, antes de ser conscientes de quién es la persona y si es peligroso, yo tengo una respuesta muy rápida y adaptativa del estrés.
Luego de activarse esta vía, que es muy rápida, poco discriminativa y se maneja con niveles por debajo de la consciencia, se activa la vía talámica indirecta, que va hacia las cortezas sensoriales primarias y a las cortezas asociativas, para luego bajar con información altamente discriminada que viene de las cortezas.

Siguiendo con el ejemplo anterior, esta vía es la que nos va a dar más información acerca de si la persona que estamos viendo es conocida o no, si es una broma o es una persona peligrosa, etc.
Esta vía llega 300 milisegundos después, por lo cual a veces pueden generarse desincronizaciones y conductas desadaptativas.
En este sentido, la corteza prefrontal medial tiende a producir respuestas de parálisis y la corteza prefrontal dorsolateral va a estar vinculada con respuestas adaptativas, como puede ser la planificación de qué puede hacer uno frente a este estímulo (salir corriendo, frenar al agresor, etc.)

La amígdala es la que va a evaluar cuál es la magnitud de la amenaza y como hacerla consciente, para la cual va a necesitar de la corteza prefrontal dorsolateral, de la corteza cerebral anterior y del hipocampo.

El hipocampo es el que se va a encargar de comparar la sensación traumática actual con la original. Mientras que se produce este proceso la amígdala no se apaga, y es el mismo hipocampo el que la apaga, por la vía septohipocampal, que es una vía probablemente gabaérgica.

Hay cuatro zonas involucradas en la parada de la amígdala, que son el hipocampo, el septum, la sustancia gris y la corteza prefrontal.
En cuanto a los factores que intervienen podemos decir que por un lado en la amígdala y en el hipocampo hay receptores (tipo el omega II) que están vinculados con la ansiedad y donde actúan todos los derivados benzodiazepínicos que conocemos.

Por otro lado, éste tiene una importante inervación serotoninérgica a partir de la rafe medial, que son receptores que producen también ansienosis y en este caso la buspirona es el modelo patrón que actúa sobre estos receptores.
El rafe dorsal va a actuar sobre el hipocampo y la amígdala, pero vía el 5HT2, que es un ansiogénico. Por eso los bloqueantes 5HT2 disminuyen la ansiedad.

Por último el CRF, que es un neuropéptido muy inestable, es una de las vía en que actúa el FHTA, siendo los antagonistas del CRF otra vía de investigación para bloquear la respuesta de estrés emocional.

Veamos qué se ha visto en base a los circuitos neuronales, en el caso del pánico, del estrés post-traumático y en el TOC.
En el caso del pánico, lo que se vio en los estudios por imágenes fue una reducción de la actividad frontal y un aumento de la actividad límbica y paralímbica.
La disminución de la actividad prefrontal podría estar vinculada a que la corteza prefrontal hace una lectura no correcta de las amenazas que entran por los sentidos y de esta manera no apaga a la amígdala.

Este es un poco el gran sello del paciente con pánico, que no lee correctamente estímulos que no son amenazantes y por otro lado tenemos la activación de todos los circuitos del miedo, especialmente la amígdala, que está vinculada a todas las descargas que presenta el paciente panicoso.

Así como en el pánico el peligro es interno y viene desde nuestro propio organismo, en el estrés post-traumático el peligro viene desde afuera, siendo por ello más fácil de estudiar en modelos animales.

En el estrés post-traumático se han visto tres hallazgos:
– una hiperreactividad de la amígdala,
– una insuficiente modulación del hipocampo y
– una insuficiente modulación de la corteza prefrontal

La amígdala hiperreactiva que se ve en estos pacientes con estrés post-traumático no se sabe si es una causa o consecuencia.
Uno podría pensar en una vulnerabilidad de estos pacientes a desarrollar un estrés post-traumático; o podría ser un marcador de estado que mediaría cuando el paciente responde con una gran hiperactivación ante estímulos estresantes.

La disminución de la modulación del hipocampo tendría que ver con el hecho de que éste está siempre chequeando entre el trauma actual y el original.
Y la insuficiencia en la corteza prefrontal tendría que ver con una falla en el control de la amígdala por el cortex prefrontal.
En cuanto al TOC, sabemos que el DGM4-TR se siguen involucrando dentro de los trastornos de ansiedad, pero cada vez tenemos más evidencias clínicas y neurobiológicas que se acercarían más hacia el espectro obsesivo-compulsivo, que lo vincula más con el Tourette, con el trastorno dismórfico corporal y con la tricotilomanía.

El TOC estaría vinculado con el circuito córtico-estriado-talámico-cortical.
Este circuito tiene una vía directa que va desde la corteza del tálamo y comparte información con la vía direccional consciente y altamente discriminada, y hay una vía cortico-estriado-talámica, que es la que maneja información en general por debajo de la consciencia y es de mucho más rápido pasaje.
Está última es una vía directa que va de corteza a estriado, de allí al globo pálido interno y luego al tálamo. En el caso del TOC lo que se vio fue una predominancia de esta vía.

Lo que se sabe es que en el Tourette hay una disfunción en el estriado dorsal-putamen, responsable de los síntomas sensoriomotores; mientras que en el TOC hay una disfunción en el circuito del cortex órbitofrontal y en el estriado ventromedial-caudado, que está vinculado a lo cognitivo y a lo emocional.

Solamente a través de la comprensión e integración de los modelos fisiopatológicos conseguiremos tratamientos cada vez más sofisticados y específicamente dirigidos, contando así con mejores opciones terapéuticas para aquellos que sufren trastornos de ansiedad.

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