“Doctor, yo pastillas no quiero”: ¿fármacos, psicoterapias o charloterapia?


“Doctor, yo pastillas no quiero”: ¿fármacos, psicoterapias o charloterapia?

Esta es sin lugar a dudas la frase que con más frecuencia oímos de nuestros pacientes, y que es justo la contraria que suelen decir al resto de nuestros colegas cuando alguien acude a una consulta médica. La gente no quiere tomar pastillas para tratar sus dolencias mentales, pero les encanta tomarlas para “las otras enfermedades”, curioso, pero así son las cosas. ¿Cuál es la razón o razones que explican estas actitudes tan diferentes? ¿Por qué se rechazan tan frontalmente un tratamiento psicofarmacológico, y en cambio no ponemos inconveniente a tomar medicamentos como los antihipertensivos, analgésicos, antinflamatorios, antibióticos o cualquier otra pócima que nos prescribe nuestro galeno?

Los psicofármacos tienen mala fama, y ya saben aquel refrán que dice “cría buena fama y échate adormir”, pues algo parecido les ocurre a estos medicamentos sólo que al revés. Como son sustancias asociadas a la “locura” su fama no puede ser peor, y claro, el resultado no es otro que la desconfianza y las dudas con respecto a su eficacia. Además se les considera drogas peligrosas, sustancias adictivas, medicamentos con enormes e indeseables efectos secundarios, en fin, una “joyita, lo que se dice una joyita”. Pero lo peor no es que la mayoría de esas imputaciones sean absolutamente falsas, que lo son, lo más doloroso es que gracias a esas actitudes ignorantes muchas personas sufren y padecen cuando podrían evitarlo por negarse irracionalmente a tomar “esas drogas”.

No se trata de hacer una apología de los tranquilizantes, antidepresivos o de cualquier otro medicamento que empleamos en psiquiatría, ni es necesario ni sería este el lugar apropiado.. Sólo deseamos ser justos y dar a cada cual lo que le corresponde. Es obvio que los medicamentos que utilizamos en psiquiatría tienen sus indicaciones, sus efectos secundarios, interacciones y problemas, como cualquier otro fármaco, pero no más; incluso podemos afirmar que mucho menos que otras sustancias que pasan por ser más inocuas y que luego nos dan sorpresas muy desagradables.

La mejor forma de quitar tabúes y mitos es la información, por lo tanto permítanme que les presente a las sustancias que con más frecuencia les van a prescribir si van a la consulta de un psiquiatra. Vamos a hacer un recorrido panorámico y superficial, si después le quedan dudas, consulte a su medico. No cometa el grave error de acudir a Internet o a otro método similar de autoinformación, además de peligrosos para su salud, son ineficaces.

El primer grupo de psicofármacos que más utilizamos en nuestra especialidad son los tranquilizantes, bueno, en nuestra especialidad y se puede afirmar que también en otras muchas, ya que su uso se ha extendido, quizá excesivamente. Los tranquilizantes que hoy empleamos son en su mayor parte derivados de las “benzodiacepinas”, seguro que casi todos ustedes conocen a una muy famosa: el “Valium”. Nombre comercial del diacepam, de este han ido saliendo, “hijos”, “nietos”, “sobrinos”, en fin, toda una gran familia que ha servido para mejorar la calidad de vida de muchas personas.

Las benzodiacepinas son sustancias que reducen la ansiedad, nos relajan, disminuyen la angustia, nos hacen dormir e incluso pueden evitar convulsiones y también disminuir los vómitos. Como vemos son unos medicamentos muy útiles y polivalentes, lo curioso es que sólo se les conoce por su “capacidad adictiva”, es decir, por que son drogas que nos “enganchan”, y luego ya no las podemos dejar. Eso es falso, absoluta y radicalmente falso si lo dejamos así.

No debemos negar si queremos ser rigurosos, que los tranquilizantes pueden generar adicción, siempre que se tomen de forma indiscriminada, sin indicación ni control médico y para problemas alejados por completo de los que son sus acciones fundamentales. Por ejemplo, si utilizo un “tranquilizante” para relajarme por un mal día que he tenido en la oficina, o tras una discusión con mi marido, o para controlar mi agresividad cuando esta es más que justificada, estamos haciendo un uso incorrecto y más pronto que tarde pagaremos la factura.

Los tranquilizantes, al igual que el resto de los psicofármacos hay que utilizarlos con mesura y precisión, nunca como sustituto del deporte que todos debemos hacer, de la conversación con un amigo de confianza que nos gustaría tener, del relax que supone una relación sexual, o para conseguir dormir como un lirón tras una activa jornada cargada de tensiones. Los ansiolíticos o tranquilizantes se deben utilizar para controlar y disminuir la ansiedad patológica, es decir aquella que aparece sin ningún motivo o razón, o bien, aunque exista una cierta causa la respuesta ansiosa es claramente desproporcionada en cantidad y calidad.

Todos tenemos ansiedad, es necesaria su existencia ya que motiva y nos pone en acción. Sólo cuando la ansiedad sea desproporcionada y nos bloquee e inhiba, será el momento de tratarla. Es decir sólo cuando sea una enfermedad y no una reacción o respuesta proporcional y activadora deberá recibir el adecuado y oportuno tratamiento.

Otro tipo de medicamentos que también utilizamos los psiquiatras mucho son los antidepresivos, el mas conocido quizá sea el Prozac, cuyo nombre químico es fluoxetina. Estos fármacos son muy útiles para combatir la depresión, fíjense bien que he dicho depresión, no tristeza. Y es que muchas veces se confunde lo uno con lo otro y, obviamente, no es lo mismo. Una cosa es que el paciente con depresión este triste, y otra muy diferente que siempre que estemos tristes tengamos una depresión, en el apartado correspondiente se lo aclararemos con más precisión pero vaya por delante que la tristeza es una reacción normal, como lo es la alegría, y sólo cuando se convierta en una enfermedad será adecuado recurrir a los fármacos.

Los antidepresivos que tenemos hoy son sustancias seguras, eficaces, sin a penas efectos secundarios y muy útiles no sólo para tratar la depresión, sino también se pueden emplear como “fármacos antiestrés”, reguladores de la impulsividad patológica, antiobsesivos, antiansiedad, en fin, como vemos sus indicaciones son muy variadas y sólo el medico la debe realizar. A continuación les pongo una tabla donde se recogen los antidepresivos mas utilizados.

FARMACOS DE PRIMERA
ELECCIÓN POR SU EFICACIA Y SEGURIDAD
ISRS
Fluoxetina, Paroxetina, Sertralina, Citalopram
Escitalopram

FARMACOS DE SEGUNDA
ELECCIÓN POR SU POTENCIA
Venlafaxina
Mirtazapina
Reboxetina

TRATAMIENTO EXCLUSIVO POR
ESPECIALISTA

TRICICLICOS
LITIO
Terapia Electro Convulsiva

Hemos dejado para el final los llamados antipsicóticos y los estabilizadores del ánimo, ya que son sustancias cuya frecuencia de uso es menor y además solo se emplean para enfermedades muy concretas como son las psicosis y los llamados ahora Trastornos Bipolares y que antes se conocían como Psicosis Maniaco Depresiva. Si quiere conocerlos mejor le remitimos a libros que los estudian con detenimiento, no sin antes incidir en que a estas sustancias también se les llama tranquilizantes mayores, lo que nos da idea de cual va ser su efecto fundamental. Además de conseguir relajar a la persona son también los que van a neutralizar las ideas delirantes y por lo tanto a normalizar el contenido del pensamiento. Por lo que respecta a los eutimizantes el más conocido y clásico es el litio. Este es un metal que tiene la capacidad de regularizar el ánimo y evitar los altibajos que en algunos trastornos se producen. Es muy eficaz pero también puede ser peligroso se ingiere en gran cantidad por lo que precisa controles analíticos para evitar la intoxicación.

Pero no nos desviemos del objetivo fundamental de este artículo los psicofármacos en oposición a las psicoterapias. Absurdo y frecuente error, ya que lo correcto sería plantearlo de esta forma: psicofármacos y psicoterapia. Estos es, “lo cortes no quita lo valiente”, ya que unos casos será prioritario el uso de los medicamentos y en otros estarán mas indicadas los tratamientos psicológicos, y, la mayoría de las veces, lo más adecuado será la combinación de ambos.

Todo el mundo sabe que hay muchos tipos de pastillas para los nervios, y sino lo sabían se lo acabamos de descubrir, pero casi nadie sabe que también hay muchos tipos de psicoterapias. A nadie le gustaría que le dieran unas pastillas equivocadas, pero parece ser que a nadie le importa, aparentemente, que le hagan un tipo de psicoterapia no indicada para su padecimiento. Vamos a reflexionar sobre este interesante y desconocido aspecto del tratamiento psiquiátrico.

La gente cree que la psicoterapia es ese conjunto de normas y consejos que los expertos les damos para enseñarles a “vivir”. No les preocupa qué tipo de psicoterapia les hagamos, ni para qué vale, ni como se hace, ni cuando empezar y cuando finalizar, no, nada de eso importa; si acaso les preocupa cuanto les va a costar, si se trata de una consulta privada. Y es lógico: no saben lo que es la psicoterapia.

“Pobres gentes ignorantes: no saben lo que es la psicoterapia”, eso piensan para sus adentros algunos o muchos de los supuestos expertos en tan sesudas y enigmáticas técnicas. Y uno, en su simpleza, se pregunta: ¡no será más bien que si la gente no lo sabe es porque no sabemos explicárselo! Y me temo que esta versión es bastante más cierta que la anterior: la ignorancia está en nosotros, en que quizá somos farragosos, oscuros, mágicos, misteriosos y pedantes.

Claro que también puede ocurrir que interese que la gente siga en su ignorancia, no en vano hay muchos “intereses” en ciernes. Unas veces es el dinero, otras la sensación de dominio sobre el enfermo, otras la propia inseguridad del terapeuta, otras la falta de formación, de capacitación o de profesionalidad. Muchos intereses, tal vez por eso las psicoterapias siguen dominadas por círculos, escuelas, sociedades, o líderes carismáticos.

Con mucha frecuencia, cuando viene un enfermo a nuestra consulta y nos cuenta que ya ha estado en tratamiento con anterioridad, le preguntamos quien y cómo le ha tratado. La mayor parte de las veces recuerda mal el nombre del médico, fatal el nombre de las pastillas, no tiene ni idea de como se llama su enfermedad, etc. Pero si le trata un psicoterapeuta, sí suele saber su nombre, pero no tiene ni idea del tipo de psicoterapia que ha hecho; es más, ni siquiera sabía que había una “técnica” porque nadie le ha advertido que se le trataba con esta o aquella modalidad de psicoterapia. Y por supuesto, no sabe si habría otras alternativas, ni tampoco si esa es la técnica más indicada para su problema. Es como si creyese que sólo hay un tipo de pastillas para tratar todas las enfermedades.

En gran parte esto sucede por nuestra culpa, por nuestra poca capacidad didáctica y por nuestra escasa formación e información en psicoterapias. Habría que añadir que también es culpa de esa pseudocultura social de la salud, que confunde lo bueno con lo inocuo, lo eficaz con lo natural, lo seguro con lo suave. Poco bien le hacemos a las psicoterapias si las equiparamos a esas magias y misticismos, a tantas mentiras y fraudes como hoy en día asedian los aledaños de la salud. Es una falta de respeto a todos los investigadores de la mente humana que han ideado y desarrollado técnicas veraces y eficaces. Es una injusticia para el trabajo, la reflexión, el estudio sereno y templado de tantos psicoterapeutas, y, sobre todo, es un desafuero contra la mayor de las potencias humanas: La palabra. La palabra es la más eficaz y respetable de todas las fuerzas de que dispone el hombre, tan beneficiosa como peligrosa, dependiendo de cómo se utilice.

En resumen, las psicoterapias son técnicas que usan la palabra para curar. Se basan en hablar y escuchar, en guiar y aprender. Hay muchas y muy buenas, un enorme cesto lleno de psicoterapias posibles. Es como un baúl mágico sin fondo, en el que todo cabe. Lo abres y no dejan de salir autores y nombres, técnicas y escuelas, libros y más libros, y eso es bueno. Mucho escrito y mucho por escribir. Una enorme riqueza, pero también un enorme desorden. Por eso mismo hemos planteado este capítulo. Y la cosa es bien sencilla: Si usted o su familiar padece un trastorno psíquico, y le aconsejan que haga psicoterapia, primero infórmese, pregunte a su médico de cabecera, o a su psiquiatra o psicólogo de zona. Déjese aconsejar por los que saben y están limpios de intereses y libres de condicionamientos. Las psicoterapias son posibles, y además son útiles y eficaces cuando están correctamente indicadas y practicadas. Lo contrario, no es psicoterapia, es “charloterapia”.

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