Hollywood rescata la angustia del trastorno obsesivo compulsivo

La idea se repite en la cabeza y cuanto más quiere uno eliminarla, más le agobia. Puede ser la necesidad de cerrar la puerta de un armario que vemos abierta desde la cama, la sensación de habernos dejado encendido el calentador o el pleno convencimiento de que nuestro hijo pequeño está en apuros. Angustioso, ¿verdad? Pues ése es el estado normal para una persona con TOC, el trastorno obsesivo compulsivo. Según Jerónimo Saiz, jefe del servicio de psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal (Madrid), «ideas obsesivas tiene todo el mundo, pero los enfermos de TOC se distinguen porque éstas son exageradas y absurdas e interfieren en su vida normal haciéndoles perder tiempo y energía». La enfermedad vuelve a estar ahora de actualidad por una nueva película que aborda el problema, 23, que este fin de semana se ha estrenado en España y está interpretada por Jim Carrey. Se trata de un hombre que lee en un libro -titulado 23- la historia de su vida y se atormenta cuando el personaje que supone es él comete un asesinato. Está por ver si la película retrata la angustia interior que una idea semejante puede suponer para quien la sufre, pero así es el TOC. Normalmente, quienes padecen este mal lo descubren en la adolescencia -«los picos de la aparición de la enfermedad se sitúan entre los 14 y los 22 años», según Jerónimo Saiz- pero hay un 35% que se percatan de su mal a los 30 o 40 años. El doctor Juan Carlos Díaz del Valle, del servicio de psiquiatría del Juan Canalejo de A Coruña, limita más los años: «Lo normal es detectarlo en hombres, entre los 6 y 15 años y en mujeres, entre los 20 y 29». Las causas, dicen los psiquiatras, son genéticas, o cuando menos congénitas, y pocas veces tiene que ver el ambiente. Díaz del Valle explicó cómo se había llegado a esta conclusión: «En el TOC hay un componente genético muy importante. Se analizaron gemelos iguales, homocigóticos y la proporción de TOC si uno lo era resultaba mayor que en gemelos dicigóticos [diferentes]». Al margen de casos más o menos amables que todos tengamos en mente -el caso más paradigmático es el de Jack Nicholson-Melvin en Mejor imposible o el reciente anuncio de David Beckham de que padecía la enfermedad-, los psiquiatras, y los enfermos, no dejan lugar a las dudas: «Es una enfermedad muy grave, que genera muchísimo sufrimiento» en quienes la padecen, dice Díaz del Valle. La mayor parte de los enfermos tardan mucho en ser diagnosticados, de ocho a diez años, pero una vez determinada el tratamiento es relativamente fácil y muy eficaz. Se combina la prescripción de fármacos que actúan sobre la serotonina (hormona vinculada al bienestar) con una terapia cognitivoconductista, para que el paciente sepa anticiparse a las crisis. Sólo el 15% se estancan y son muchos menos los que necesitan cirugía: «En el Canalejo -apunta Díaz del Valle- en diez años sólo tuvimos que recurrir una vez a la psicocirugía». Sobre lo que no parece existir unanimidad es sobre la oportunidad de que los famosos anuncien padecer TOC (Beckham o el cantante Roberto Carlos, por ejemplo). Para los psiquiatras es un signo de normalización, mientras que algunos pacientes piensan que pequeños tics compulsivos no pueden considerarse del mismo nivel que sus dolencias.
http://www.diariodeleon.es

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