Parientes Difíciles. ¿Qué hacer?


Parientes Difíciles. ¿Qué hacer?

por Claudia – auroradeluz@terra.com.br

Traducción de Teresa – teresa_0001@hotmail.com

Parientes difíciles, aquellas personas que amamos, pero que intoxican nuestras vidas hasta el punto de convertir la convivencia en un martirio. Viviendo bajo el mismo techo o no, no hay forma de escapar a la convivencia con estas personas. Al fin y al cabo, no existen ex-padres, ex-hermanos, ex-madres, ex-hijos.

Uno de nuestros mayores errores es dejarnos en último lugar. ¿Quién no se ha pillado al menos pensando “En cuanto termine de limpiar la casa voy a descansar” y el fin de semana se acaba anunciando otra semana más de trabajo y tú no has descansado nada, pues estabas demasiado ocupada limpiando, poniendo orden y cocinando?

¿O, entonces, has perdido toda la paz, preocupada con problemas familiares, piques entre madre, hermanos, padres? O peor aún, te han puesto en medio de los piques familiares, en que , muchas veces, tú no has tenido nada que ver con el problema ni siquiera estabas allí. Pero han quedado las “salpicaduras” de la pelea familiar, como la guerrilla de nervios que todos conocen bien, del no hablar contigo, o entonces “¿Cómo puedes dejar que ella/él me hable así, mira lo que ella me ha dicho mientras estabas fuera, no vas a defenderme?” Todos algún día han pasado ya por eso o aún pasan. Y ¿qué hacer?

Tú, lo primero, no te dejes en último lugar. Sin culpa, ni obligación, ve a descansar, haz algo que te guste, colma tu vida de cosas que tengan significado para ti y te traigan placer. Ve a hacer manualidades, meditación, camina por el parque o lee un libro. Quédate tranquila, que la suciedad de la casa no va a salir de allí, las guerrillas familiares también estarán allí cuando estés de vuelta.

No te dejes envolver por la culpa y por el victimismo de los otros. Las personas manipuladoras, principalmente familiares próximos, suelen apelar a tu sentimiento de culpa inculcado en tu subconsciente durante años (se quedan quietecitos en su rincón, dejando claro su malestar y profundo enfado con algo que está sucediendo en el hogar) o, entonces, a través de una postura de supuesta “víctima” capaz de decir claramente cosas tales como “vas a acabar matándome..”, “no he dormido en toda la noche esperando a que llegases…”, etc. Esa tentativa (y éxito) de la persona manipuladora e histérica en lograr casi todo mediante la movilización emocional de los demás miembros de la familia, causa, crónicamente, un expresivo sufrimiento emocional a los familiares.
¿Cómo lidiar con eso? Ten paciencia y no te dejes envolver. Quien tiene el mando a distancia de tu vida eres tú, por tanto, tú eres quien va a decidir si esto te afectará o no, si vas a darle oídos o no. Tú eres quien se resiente, no son los demás quienes te lastiman.

Es preciso establecer límites. Independientemente del grado de parentesco, la pesona entrometida necesita límites. Límites claros y coherentes. Es perfectamente posible establecerlos con educación y respeto con cualquier persona de la familia. Es preciso dejar claro que cuando se imponen límites al entrometido no lo estás tratando mal, tan solo disciplinando y cuidando del bien y armonía de la convivencia. Obviamente, no vayas a creer que la persona va a reaccionar a ese tu cambio repentino de actitud (al imponer límites claros y coherentes) como una persona con madurez emocional. Vas a tener que ser un líder calmo y asertivo, paciente y perseverante. ¿Quién ha dicho que iba a ser fácil? ¡Buena suerte!

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