El maltrato psicologico. acoso moral.tengo a profesora experta en casa


fuente:lucia007
enfemenino
El maltrato psicologico. acoso moral. para quienes lo necesiten.

Preambulo del libro el acoso moral. Edicion paidos.

Mari France llama a estos agresor@s “perversos narcicistas”. Con este nombre define a aquellas personas que no son capaces de reconocerse a sí mismas como seres humanos, gente que no ha podido construir una identidad propia. Necesitan destruir la identidad de l@s demás para sobrevivir. Normalmente son personas que dan muy buena imagen, ya que su avidez de aprobación social y de poder no tienen límites. Así, son expert@s en habilidades sociales y normalmente sólo las víctimas llegan a conocer su lado oscuro. No tienen inquietudes propias, sus sentimientos sólo giran en torno a ell@s mismos. Son un gran vacío que intenta llenarse con estímulos externos y para ell@s la destrucción de los demás es una necesidad. Así como el tigre necesita matar para comer, el/la “perverso narcicista” necesita humillar y aniquilar para elevarse a sí mism@ . Se alimentan de los conflictos, y les es muy grato manipular a los demás para que se enfrenten entre sí.

El acoso moral se produce en un lenguaje totalmente indirecto. El/la agresor/a siempre puede negar la agresión. Esta se traduce en alusiones, insinuaciones y sobretodo con el lenguaje no verbal. El lenguaje no verbal pertenece al registro de lo intuitivo o sea, de lo que normalmente no se nombra. Actualmente se incide mucho en la significación de los gestos, actitudes, miradas, sonrisas. Sin embargo, así como resulta lógico defenderse ante un empujón o un insulto, poca gente se defiende de una mirada despreciativa, de odio, o una sonrisa llena de burla. Se sabe que el 80 % del significado de las palabras nos lo da precisamente lo que no se dice. Cuando la agresión se realiza con palabras, normalmente no estriba en lo que se dice sino en cómo se dice, ante quien se dice y qué sentido tiene.

El/la agresor/a sabe manejarse en un contexto ambiguo. Un abrazo lleno de afecto, un beso, un elogio dependiendo del contexto se combinan con miradas cargadas de desprecio, odio o frases aparentemente inocentes destinadas a minar la autoestima de la víctima. Esta ambigüedad busca que la víctima no sea capaz de localizar la agresión, de percibirla y por lo tanto, no sea capaz de defenderse ante ella.

La autora distingue dos fases del proceso de acoso: la primera, la llama seducción. El/la agresor/a actúa como lo que en realidad es, un/a depredador/a: examina a la víctima, localiza sus puntos débiles, sus inseguridades, sus posibles traumas si la conoce de manera personal . Mientras hace esto se muestra como una persona encantadora o como una persona indefensa. Capta a la víctima, la atrae a su juego, ya sea mostrándose como una persona muy sabia o como una pobre víctima necesitada. En esta fase el/ la agresor/a extiende sus redes: el fin es crear un área de influencia en torno a la víctima para conseguir manipularla. La manipulación ya es una agresión en sí misma. Ejemplos de manipulación son crear dudas sobre el propio comportamiento, sobre las capacidades de cada cual, intentar incidir sobre los sentimientos de los demás…

Esta manipulación da una clara sensación de poder: los demás son títeres a los que pueden manejar como se les antoje. No sólo las víctimas son títeres, sino todas las personas que les rodean, pues para el/la “perverso narcicista” l@ s demás no existen en cuanto a un “sí mismo” sino sólo en relación a ell@s. No sólo se relacionan con l@s demás con criterios de utilidad, sino también y sobre todo con criterios de apropiación.

La segunda fase es la fase de violencia: se produce cuando la víctima ve su posición de víctima. Percibe la agresión y la reconoce. Entonces el/la agresor/a pone en marcha su maquinaria destructiva. Aquí ya no busca la manipulación, pues la víctima se ha sustraído a su influencia, sino la destrucción del otro/a. En esta fase la víctima siente miedo y el/la agresor/a rabia fría. El miedo desestabiliza en gran medida, ya que las personas necesitamos seguridad. Otra consecuencia peligrosa del miedo es que produce ira como mecanismo de defensa. La ira es positiva en cuanto permite expresar la rabia contra el/la agresor/a, pero es nociva en cuanto respuesta de la víctima hacia ést@ .

La violencia psicológica tiene un gran problema: no deja huellas y la experiencia vivida es difícilmente explicable. Así como el/la paranoic@ cree que alguien intenta aniquilarle, la víctima puede parecer paranoica incluso ante sus propios ojos y no digamos ya ante los ojos de los demás. Es muy importante que la víctima confíe en sus propias percepciones para evitar este riesgo.

Existe también otra tendencia que perjudica a la víctima: la sociedad tiende a afirmar que si se produce una agresión es por alguna causa. Si alguien exhibe su riqueza, es normal que le roben, si una mujer exhibe su cuerpo, es normal que la violen, si alguien es agredido será “por algo”. Así la víctima tiene a culparse, a examinar su actitud, a intentar saber que ha hecho para recibir semejante trato. Lo cierto es que no ha hecho nada. Es culpable de ser como es y de provocar con su personalidad los instintos apropiadores del/ la “perverso”. La agresión es independiente de la conducta de la víctima. Haga lo que haga, el/la agresor/a lo interpretará como un ataque contra él/ella. Evidentemente, toda persona comete errores, sin embargo la violencia psicológica no tiene justificación real alguna. L@ s “perversos narcicistas” están muy cerca del delirio paranoico y así interpretan la conducta de la víctima como un ataque contra ell@s.

Las víctimas de acoso moral suelen ser personas con tendencia a culparse a sí mismas, personas inseguras que exhiben sus cualidades por su misma inseguridad, demasiado indulgentes con el comportamiento de los demás y exigentes con el propio, personas creativas, imaginativas, ricas, en suma, de cualidades interiores. El/la agresor/a desea estas cualidades para sí, pero como no es capaz de cultivarlas en sí mism@ necesita destruirlas en la víctima. Y los puntos débiles de la víctima le permiten su agresión, que una persona más segura de sí misma o menos condescendiente no toleraría.

En los capítulos finales del libro Mari France aconseja defenderse del acoso moral de distintas maneras según sea el contexto de la agresión, según se produzca en la vida privada o en el trabajo.

La víctima se sentirá tentada a agredir al/la agresor/a. No debe hacerlo. Si la víctima se convierte en una “mala persona” el “perverso narcicista” no sólo habrá ganado, sino que se sentirá justificad@ . Además, seguramente la víctima perderá en la confrontación, pues si está en posición de víctima no llegará a los grados de malignidad de que es capaz el/la agresor/a.

Si la agresión se produce en un contexto familiar, la separación es la única alternativa, ya que el/la “perverso narcicista” no parará nunca. Si el agresor/a es la pareja, hay que intentar acumular pruebas cartas, postales, testigos para intentar probar la violencia ante la justicia.

Si se produce en un contexto público, una vez identificada la agresión, además de intentar acumular pruebas, hay que prepararse psicológicamente: no responder de maneras agresivas, no ceder ante el impulso, en suma, desarrollar un control emocional y un autodominio ejemplares. Es necesario que la persona agredida reciba ayuda psicológica, para que pueda resistir la agresión. Si no, la única salida será abandonar, ya sea el trabajo, ya sea la actividad que realice.

La violencia psicológica es muy difícil de detectar. Puede producirse en público y que sólo la persona agredida perciba la agresión. Por eso es necesario que no responda. Si lo hace, se la considerará desequilibrada o violenta. La víctima necesitará estar en alerta constante y su único recurso es tener un comportamiento irreprochable. La víctima debe luchar contra su sensación de impotencia e indefensión. Existe una agresión muy real y debe defenderse. Si el/la agresor/a ve como fracasan sus intentos, empezará a equivocarse.

Cada caso es un mundo y cada persona es distinta. No es lo mismo sufrir una agresión de este tipo en la vida privada o en el trabajo. No es lo mismo sufrirla en la infancia por el padre o por la madre o a una edad adulta. Cada persona además tiene recursos distintos para protegerse y / o defenderse. El tiempo también es importante: no es lo mismo una agresión de meses o de años.

Eso sí: la violencia psicológica deja secuelas graves en la persona que la ha sufrido, puede llegar incluso a ser traumática ya que esta agresión primero es una violación mental, después, un intento de asesinato psíquico y es sólo intento cuando fracasa.

Para concluir incidiré en los siguientes puntos:

Existe una víctima y un/a agresor/a

La agresión no responde a motivos reales sino a un deliro, a una necesidad de destruir lo que no se puede tener.

Se desean normalmente cualidades personales: iniciativa, inteligencia, sensibilidad, bondad.

El/agresor/a no concibe a l@ s demás como personas. No siente remordimiento ninguno. Ante sus ojos, es la víctima quien pretende destruirl@ .

La violencia se manifiesta en dos fases: la manipulación y la violencia en sí.

Esa violencia es una necesidad. El “perverso” necesita víctimas para sobrevivir. Ante l@s que no son elegidos como víctimas, su conducta es irreprochable.

El “perverso”, una vez iniciado el ciclo de violencia, no parará nunca. Evitará siempre la confrontación directa. Culpará, indirectamente, a la víctima.

Es muy difícil probar la violencia psicológica. La única alternativa en la vida privada es la separación. En la vida pública, el autodominio y el control emocional o el abandono.

La agresión se produce de maneras indirectas, pulsando los resortes débiles de la víctima.

Se pretende su corrupción o su destrucción.

Proceso de defensa: identificar la agresión, creer en las propias percepciones, pedir ayuda psicológica adecuada, poder hablar de lo que ocurre con personas de confianza que crean la realidad de la agresión. Control emocional.

La agresión de los “perversos narcicistas” se produce fundamentalmente con los ojos, con la mirada. La voz, los gestos, son añadidos, preparativos. Los ojos son su arma fundamental. Si sufres la agresión de una de estas personas recuerda: No les mires a los ojos.

Hay una cualidad de la víctima que es la que le da el poder al agresor. La capacidad de empatía. Así el/la víctima se ve a sí misma con todo el desprecio y el odio del agresor/a. Por eso la desestabilización sufrida es tan grande.
http://foro.enfemenino.com/forum/pareja1/__f197118_pareja1-El-maltrato-psicologico-acoso-moral-para-quienes-lo-necesiten.html

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