Los perros compulsivos arrojan pistas sobre el trastorno obsesivo compulsivo y el autismo en los humanos


Los perros compulsivos arrojan pistas sobre el trastorno obsesivo compulsivo y el autismo en los humanos

MARTES, 19 de enero (HealthDay News/DrTango) — Un estudio de Dobermans obsesivos compulsivos podría ayudar algún día a explicar comportamientos repetitivos similares en humanos.

Los científicos han identificado una región en el cromosoma 7 de perros obsesivos compulsivos que podrían correlacionarse con la versión humana de este trastorno psiquiátrico.

El gen es el mismo en los humanos, aseguró el Dr. Nicholas Dodman, autor principal del estudio, que aparece como carta al jefe de redacción de la edición de enero de Nature Molecular Psychiatry. En los humanos, reside en el cromosoma 18, el mismo cromosoma que contiene todos los genes psiquiátricos identificados hasta ahora, apuntó.

“Sin lugar a dudas, tenemos básicamente el mismo gen, así que es un artículo intrigante, pero aún debemos investigar más para ver si este descubrimiento en particular es importante para la salud humana y para el trastorno obsesivo compulsivo (TOC)”, agregó el Dr. Michael Slifer, profesor asistente de genética y genómica humana de la Facultad de medicina Miller de la Universidad de Miami.

“No obstante, aún cuando este hallazgo en particular no sea directamente relevante, nos ofrece pistas sobre vías y procesos que podrían tener lugar en humanos al igual que algunos posibles objetivos de intervención y tratamiento”, agregó.

Además, Slifer advirtió que “es probable que este gen no tenga un efecto tan fuerte en los humanos como lo tiene en los perros, ya que aún no lo hemos detectado en humanos [en relación con el TOC]. Ya lo habríamos visto. Pero eso no significa que aún no sea relevante para un pequeño subgrupo [de personas con TOC]”.

Entre el dos y el tres por ciento de los humanos sufren de trastorno obsesivo compulsivo, una afección que se caracteriza por pensamientos y comportamientos repetitivos, como lavarse las manos de manera continua.

El trastorno compulsivo canino parece afectar ciertas razas, de manera notable a los perros Bull Terrier, que tienen la tendencia a perseguir de manera maniática sus colas, y los Dobermans que succionan de manera compulsiva mantas o incluso partes de su propio cuerpo.

“Éstas no son simplemente cosas divertidas”, señaló Dodman, profesor de ciencias clínicas de la Facultad de medicina veterinaria Cumming de la Universidad de Tuft en North Grafton, Massachusetts. “Es una enfermedad físicamente dañina y que puede hacer peligrar la vida, además puede afectar de manera grave la relación entre la persona y su mascota, lo que puede conducir a la eutanasia”.

“No existía ningún tipo de explicación al respecto y estaba claro que la genética tenía algo que ver en este comportamiento”, añadió Dodman, que también es el autor de varios libros bien conocidos sobre comportamiento animal.

Puede afectar hasta el 70 por ciento de los cachorros de ciertas camadas de Doberman, destacó. Un pastor alemán mordió su cola de tal modo que se desangró hasta morir, agregó.

“Aunque sabíamos que la succión del costado en los Dobermans tenía un componente genético porque se manifestaba en algunos linajes, este estudio confirma e identifica donde portan este rasgo”, comentó Bonnie Beaver, profesora del departamento de ciencias clínicas de animales pequeños del Colegio de Medicina Veterinaria y Ciencias Biomédicas de la Universidad de Texas A&M en College Station. “Nos ofrece un punto de partida para analizar la relación genética de otros trastornos compulsivos y. . . quizá ayude a comprender los trastornos compulsivos en humanos y a diferenciar los trastornos genéticos de los ambientales”.

Al parecer el cromosoma 7 está dentro del gen caderina-2 (CDH2), que se relaciona con la comunicación entre las neuronas del cerebro.

Además, las caderinas, proteínas que hacen posible que las células se adhieran o peguen entre sí, también están implicadas en los trastornos obsesivos compulsivos. Hace poco, las caderinas se asociaron con el trastorno del espectro autista, que también se caracteriza por comportamientos compulsivos, tales como golpearse la cabeza de forma repetitiva.

Los investigadores de la Tufts trabajaron de forma conjunta con el Programa de Genética Médica de la Universidad de Massachusetts y del Instituto Broad del Instituto Tecnológico de Massachusetts para analizar las muestras de sangre de los Dobermans que el personal de Tufts había recopilado y almacenado durante más de una década.

Los Dobermans, que (en este caso) succionaban de manera compulsiva sus costados o mantas, eran más propensos a tener la secuencia de este gen que los Dobermans sanos.

Beaver señaló que los descubrimientos fueron “emocionantes” y que “el número de perros usados en el estudio ofrece un buen nivel de confianza sobre los hallazgos”.

Más información

Más información sobre el trastorno obsesivo compulsivo en el Instituto Nacional de Salud Mental de EE. UU.

Artículo por HealthDay, traducido por DrTango

http://www.womenshealth.gov/news/spanish/635127.htm

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