EL MARIDO OBSESIVO


Vida matrimonial

EL MARIDO OBSESIVO
[Revista Nro.108
Análisis de un caso por el Equipo Hacer Familia.

Ficha del caso
Protagonistas: Enrique, 30 años, ejecutivo de cuentas de un banco y Mª Elena, 27, trabajadora social, aunque ahora está dedicada a cuidar a su primera hija, Constanza, de 11 meses. Llevan casados 3 años.
Diagnóstico: Existe una posibilidad seria de que Enrique sufra algún tipo de trastorno psicológico. Ambos necesitan ayuda especializada para salir adelante y sentar bases sólidas para su futuro matrimonial.
Responde: Equipo Hacer Familia.

El caso
Estoy plenamente consciente de que me casé con un hombre puntilloso y con algunas peculiaridades, pero tremendamente bueno, dulce y cariñoso. Yo lo quiero muchísimo, pero no sé si es normal que vivamos algunas de sus exigencias. Por ejemplo, es obsesivo con la utilización del tiempo hasta el punto de que tiene cronometrado cuánto debe demorarse en lavarse los dientes o las horas en que vemos televisión -haya terminado la película o no-. Su día lo tiene medido al segundo y carece de la necesaria flexibilidad para alterar el programa. Hasta que nació la Constanza, a mí me daba lo mismo porque también soy muy ordenada y bastante dócil, pero con una guagua la cosa tiene que cambiar: no podemos pretender que funcione como un robot. ¡Ah! También es obsesivo por la higiene: se lava las manos mil veces al día y se niega a mudar porque dice que en los pañales pueden acumularse infecciones. ¿Es normal todo esto?

Análisis del caso
No, definitivamente, la situación que describe no es normal. Una persona equilibrada tiene un número determinado de obsesiones, pero esto escapa del rango de lo aceptable, especialmente porque se vislumbra una convivencia familiar difícil en el futuro. Un hogar con niños, alegrías y dificultades, exige flexibilidad y capacidad de adaptación a situaciones nuevas e incluso inesperadas. Realizar esta tarea con el reloj en la mano, si aún no lo es, va a llegar a ser francamente difícil. Por lo demás, no parece una situación que usted pueda solucionar sola. Es necesario que su marido acuda a un especialista que lo guíe y lo trate para que controle sus obsesiones. Este es un consejo que a él, al igual que a muchos otros en su situación, le costará aceptar.

Lo primero que le dirá es que él ha sido así toda su vida y que hasta el momento no ha tenido problemas (incluso con usted). Es posible que se niegue terminantemente a solicitar la ayuda que necesita y que le eche la culpa a usted, aduciendo que es un problema suyo porque es muy intolerante. Es fundamental que ahora, al principio de su matrimonio, se ponga firme y lo vaya convenciendo de a poco que sus exigencias y necesidades en este campo no son normales y que si él -y usted también, porque esto es siempre de a dos- no cambian, la situación sólo empeorará y puede llegar a ser insostenible. De hecho, muchas crisis matrimoniales podrían haber sido evitadas si, ante los primeros síntomas de dificultad, se hubiera pedido ayuda y puesto remedio. No ceda, en el mejor sentido de la palabra, pero cuide mucho de no convertir su hogar en un campo de batalla. Necesitará kilos de buen humor -por lo que cuenta, no le falta-, paciencia, picardía y diplomacia. Incluso tendrá que acudir usted al especialista para que le dé algunas claves sobre cómo tratar la situación y manejar las peculiaridades de su marido. Y tampoco olvide nunca que un matrimonio se construye entre dos: quizás él tenga algún trastorno psicológico, pero de la manera como usted lo lleve, oriente y acompañe dependerán también las relaciones conyugales futuras.

Enfrente el problema -y hable con su marido siempre desde esa perspectiva- como un desafío que tendrán que superar los dos. No deje pasar más tiempo, empiece a actuar ¡ahora!

Sea siempre discreta: no es un tema para comentar en un té de amigas, ni menos para burlarse de él en público. Frases como “Enrique es un neurótico de la hora y se cronometra en tiempo mientras come”, deben quedar desterradas de sus conversaciones.

Pida consejo a personas de su confianza y que le conste que guardarán sus espaldas y las de su marido. Y después, con enorme prudencia ¡actúe! Quizás no obtenga resultados inmediatos -nadie mejora de un día para otro- pero es seguro que estará en el camino correcto y que antes o después, recogerá los frutos al consolidar su matrimonio.

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