Liberarnos de las trampas de la mente


Liberarnos de las trampas de la mente

La mente humana tiene una doble potencialidad. En ella habita el bien y el mal, la locura y la cordura, la compa­sión y la impiedad. No es un dechado de virtudes a la hora de procesar la información. Tal como sostenía Buda, ella es la responsable princi­pal de nuestro sufrimiento. El conflicto es claro: no podemos destruirla ni prescindir de ella radicalmente, pero tampoco podemos aceptar la locura y la irracionalidad sin más. La com­plejidad de la mente no justifica resignarnos a una vida de insatisfacciones, miedos e inseguridades.

¿Qué hacer entonces? Conseguir que la mente se mire a sí misma, sin tapujos ni autoengaños, para que descubra lo ab­surdo, lo inútil y/o lo peligroso de su manera de funcionar; que se sorprenda de su propia estupidez. Para cambiar, la mente debe hacer tres cosas:

(a) dejar de mentirse a sí misma (realismo),
(b) aprender a perder (humildad) y
(c) aprender a discriminar cuán­do se justifica actuar y cuándo no (sabiduría).

Realismo, humildad y sabiduría, los tres pilares de la revolución psicológica.

¿Es posible cambiar la mente? Mi respuesta es un contun­dente sí. Podemos revertir el proceso de irracionalidad que comenzó hace cientos o miles de años.Tenemos la capacidad de hacerlo. Basta ver las “mutaciones mentales*’ que ocurren en un sinnúmero de personas que han logrado sobrevivir a situaciones límites. Tenemos el don de la razón, de la reflexión autodirigida, de la auto observación, de pensar sobre lo que: pensamos. Somos capaces de darnos cuenta de los errores y desapren­der lo que aprendimos.

Habrá ocasio­nes en las cuales pensamos mal porque nos sentimos mal y otras en las que nos sentimos mal porque pensamos mal El énfasis depen­derá del caso. Si sufres de un síndrome premenstrual, pensarás mal porque te sientes mal (es posible que te invada el pesimismo o que empieces a ver a tu marido como el peor de los idiotas). pero si padeces de un trastorno obsesivo compulsivo, es muy probable que pensar mal hará que te sientas mal. No se trata de negar el pensamiento, sino de aprenderlo a usar, de ponerlo en su lugar y potenciar sus posibilidades.

Puedes liberarte de las trampas de la mente y crear un nuevo mundo de racionalidad, donde la emoción esté inclui­da. Un pensamiento razonable y razonado que te lleve a crear un ambiente motivador donde vivas mejor y en paz contigo mismo.

Walter Riso – Pensar bien, sentirse bien

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