« LOS BENEFICIOS DEL BUEN HUMOR »


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EL ABRAXAS GNÓSTICO Nº 1-2

« LOS BENEFICIOS DEL BUEN HUMOR »

Es de sabios tomarse la vida con buen humor, ver el lado positivo de las cosas y ser optimista. El clásico ejemplo de percibir el vaso medio lleno o medio vacío es simplemente una elección, como también es una elección estar de buen humor o de mal humor.

El optimismo, el buen humor o la risa son características del ser humano sanas y necesarias, y la ciencia médica ha empezado a tomarlo muy en serio; ha empezado a comprobar lo que las antiguas culturas ya sabían: que esta actitud equilibra nuestras vidas física y espiritual.

Un antiguo tratado taoista dice que al sonreír los órganos internos producen una secreción que nutre todo el cuerpo, mientras que el enfado hace que se genere una secreción repleta de componentes tóxicos, de venenos que bloquean los canales energéticos por donde fluye el chi, la energía vital. Por ello aconseja un viejo proverbio chino: “Para estar sano hay que reír al menos 30 veces al día”. En las tribus de los indios norteamericanos existió una especie de doctor cómico que usaba la risa para hacer sanar a los enfermos. Y en las cortes medievales, la figura del bufón era muy apreciada por los reyes.
La alegría como fuente de salud, también, aparece en la Biblia, donde es posible leer: “Un corazón alegre es como una buena medicina, pero un espíritu deprimido seca los huesos”, o “La mejor medicina es un ánimo gozoso” (Salomón).

La risa, junto con el habla, diferencia al hombre de las otras especies animales. Lo chocante es que en vez de ir aumentando y perfeccionándose con el tiempo, como el habla, la capacidad de reír va disminuyendo en relación inversamente proporcional a la edad. En general, cuanto mayor es una persona, menos se ríe. Algunos estudios dicen que hasta los seis años, un niño ríe unas 300 veces al día, sin pararse a pensar si conviene o no; sin embargo, el adulto más risueño no suele sonreír más de 100 veces al día, y los menos alegres no pasan de 15, si llegan.

¿Los años nos van amargando la vida? No necesariamente. Incluso, podemos recuperar una actitud perdida, sin darnos cuenta, en algún recodo de la vida. Podemos reconquistar la dulzura que emana de la sonrisa de un niño y cultivar la alegría en el corazón.

La risa es salud

En el siglo XVI, François Rabelais, médico de profesión, conocía las bondades de la risa, y escribió las humorísticas aventuras de Gargantua y Pantagruel utilizándolas para hacer reír a sus pacientes y aliviarlos, de esto modo, de sus males.

Actualmente, tenemos la experiencia del doctor Hunt “Patch” Adams, personificado en el cine por Robin Wiliams. Adams tras una depresión que padeció en su adolescencia decidió seguir la carrera de medicina y después de su graduación fundó una asociación dedicada a impulsar un trato medico más humano a los paciente. Su tratamiento se caracteriza por el uso del humor para calmar las ansiedades de sus pacientes y ayudarlos a sanar. Patch, se basa en la filosofía de tratar al paciente y no solamente a la enfermedad. “La compasión, el compromiso y la simpatía -sostiene Adams- tienen tanto valor médico como los avances tecnológicos en la medicina”. Para este médico, la clave de su terapia es entender el humor y la alegría como fuente saludables necesarias para afrontar la vida.

A tal punto, se empieza a tener en cuenta la alegría, como factor decisivo en la salud, que desde hace una década, existe una asociación medica estadounidense para la terapia con humor, formada por profesionales sanitarios como médicos, enfermeras, y psicólogos clínicos. Esta agrupación dice en sus estatutos que está “comprometida con el avance del conocimiento y la comprensión del humor y la risa en relación con la curación y el bien estar”. Las ideas de esta asociación, que consideran la risa y el humor como una medicina barata y segura, parten y se basan en algunos estudios que muestran como la risa beneficia la salud en general.

Los especialistas han descubierto que la risa es un buen medicamento que renueva la energía del enfermo y le estimula ante su padecimiento; aseguran que cada vez que reímos se liberan endorfinas, unas hormonas que detienen el dolor y nos llenan de optimismo y ganas de vivir.

En realidad todos sabemos que bien se siente uno después de unos momentos de alegría y buen humor, mas existen numerosos estudios científicos que confirman con números el poder benefactor de todo ello.

Los estudios realizados desde los años 80 son innumerables. Todo lo que es medible desde el punto de vista bioquímico está siendo analizado, y ya está científicamente comprobado los beneficios del buen humor.

Los análisis realizados a un grupo de pacientes después de ver una película cómica, indicaban que la concentración de inmunoglobulina de la saliva, subía al doble o que el cortisol, hormona inmuno-depresora que baja las defensas del organismo, disminuía su concentración en la sangre. En Estados Unidos, de forma experimental, con terapias que estimulan la risa, se han logrado grandes mejoras en enfermedades, como ulcera, infartos y hasta determinados tipos de tumores. Por lo que en bastantes hospitales existe una Sala de Risa, aprovisionada con las últimas novedades en comedias de video y literatura de humor.

A grandes rasgos, se puede decir que la risa: fortalece el sistema inmunológico porque aumenta el nivel de células T que defienden al organismo de tumores y virus. Reduce los niveles de hormonas relacionadas con el estrés, como el cortisol y la epinefrina. Relaja los músculos. Mejora el sistema cardiovascular, aumenta la circulación de oxigeno, estimula el sistema nervioso, e incrementa la producción de endorfinas, antidepresivo natural. Alivia los síntomas de la depresión, la ansiedad, las obsesiones (cuando se ríe, no se piensa) y los desordenes psicosomáticos. Hace parecer mas joven, reduce el ronquido, mejora las relaciones interpersonales, mejora la auto estima, produce sensación de bienestar.

Si bien los médicos, a todos estos beneficios, le buscan causas físicas y llaman a la endorfina la “hormona de la felicidad”, es un hecho que las emociones positivas y el buen humor tienen un efecto reparador en el cuerpo y en el alma del ser humano.

Usted, ¿sonríe?

¿Mucho, poco o nada? Merece la pena poner atención a esta pregunta porque la sonrisa es síntoma de calidad de vida personal y social.

Para comprobarlo, se puede realizar este ejercicio: caminar por la calle unos minutos con gesto muy serio y durante otros minutos con una sonrisa, aunque sea chiquita. Verá que cuando sonríe, la gente se fija más y mejor en usted, también comprobará que es contagioso pues muchas personas le devolverán la sonrisa. El resultado será una sensación interior de buen humor que instantes antes le hubiera parecido imposible que fuera suya.

Como hemos dicho la sonrisa es natural en los seres humanos, a las 36 horas un recién nacido ya es capaz de sonreír a su madre, y es obvio que los niños ríen con mucha mas frecuencia que los adultos.
La mayoría de las personas al llegar a la edad madura, aunque nada malo les pase en su vida, ya no creen que puedan ser felices. Inconscientemente, van acumulando emociones negativas por las experiencias fallidas, el resentimiento, la frustración, la culpa, el temor, las tensiones del día a día, o por problemas nimios como discusiones con el vecino porque escucha la música a todo volumen. Así, con las preocupaciones y angustias la gente se olvida de sonreír.

También, una vida cada vez menos natural, la prisa, el exceso de trabajo u obligaciones nos hacen perder la sonrisa. Lo cual nos indica que necesitamos aprender a relajarnos física y sicológicamente para prestar un poco de atención a nuestro alrededor (y sorprendernos al encontrar muchas cosas y personas que nos invitan a sonreír), y para, en último caso, poder reírnos de nosotros mismos, de tantas cosas a las que damos importancia y no la tienen.

La risa, el humor constituyen un factor de libertad y de rebeldía del hombre: contra el tedio, contra lo absurdo y, sobre todo, contra uno y el elevado autoconcepto de sí mismo. Lo explica así, un escritor francés en su tratado sobre la risa: uno se cree muy importante, va caminando por la calle con toda su pompa y su dignidad a cuestas, y, de repente, se despista, choca contra una farola y se cae estrepitosamente; toda la rigidez y vanidad del caminante se reduce a escombros, a las carcajadas de los que lo ven y, con un poco de suerte, a las suyas propias.

Ese que se ríe de sí mismo al tropezar en la calle, según P.garcía, humorista de los tiempos de La Codorniz, difícilmente será un español; para este humorista, el español es de los tipos con menos sentido del humor del mundo. Y todo por su desmesurado sentido del ridículo. Nos podemos reír del prójimo, pero de nosotros que no se ría nadie. Por ejemplo, es típico entre los estudiantes españoles su bloqueo a chapurrear en el poco o mucho inglés que van aprendiendo, y todo por miedo a una hipotética mofa y escarnio público que sólo existe en su imaginación.

“Pecamos de autoimportancia que es la mentalidad más enferma que puede tener una persona. Si te tomas demasiado en serio, ya no eres serio, sino ridículo, y encima ya no eres digno, sino desgraciado” dice el psicólogo Luis Muñiz. En este sentido Muñiz cree que el humor, la risa, es la mejor vacuna contra la soberbia, la intolerancia y la opresión, y “si el ser humano no aprende a reírse de sí mismo, se ahoga en la soledad abrumadora del dogmatismo y recurre a la larga a la violencia como sustituto del humor y de la ternura para relacionarse con los demás”.

Recuperar el don de la risa

Más allá del caudal de optimismo que cada uno tiene, en base a su educación, experiencia, personalidad, etc., se pueden generar hábitos positivos.

Algunas personas tienen una gran capacidad de rescatar el mejor lado de las cosas, mientras, que otras sólo ven las dificultades. La buena noticia, es que a ser optimistas también se aprende.
Para los que perdieron la risa se sugiere lo siguiente: empezar sonriendo muscularmente frente al espejo. Observar la reconfortante imagen de una cara sonriente. Practicar y entrenarse diariamente en la conducta de la risa y de la sonrisa.

Pues, los hábitos determinan la forma de vida, incluso los más pequeños tienen gran influencia. Uno de los primeros pasos consiste en cuidar el lenguaje. Si continuamente se habla de penas y desgracias, sin duda será muy difícil tener ganas de reírse.

Para recuperar la facilidad de reír se han de eliminar los malos hábitos como las objeciones, las quejas, el pesimismo, etc. Se ha de abandonar el hábito de protestar y de hablar negativamente, de implicarse en comentarios desagradables y críticas.

Esto puede parecer algo que se corresponde a un mundo ideal y no al que vivimos, y que el optimista es alguien que vive fuera de la realidad; por el contrario, un sano optimismo ante las dificultades y reveses nos da el ánimo necesario como para pensar en las posibles soluciones, y actuar sin dejarse caer ante el primer contratiempo.

Mas cuando dejamos que una situación nos provoque emociones negativas, nos encontramos atrapados por el problema y resulta difícil ver una solución; en estos casos, se puede recurrir al sentido del humor como herramienta para salir del problema y ver las cosas desde una perspectiva más amplia y realista; porque que el humor es catártico (liberador), permite aclarar el panorama, limpiar las emociones y renovar el cuerpo para entrar en acción.

Puesto que el humor es una excelente estrategia para resolver conflictos y estimular la creatividad, resulta ser un recurso natural para combatir el estrés personal y profesional. Se ha comprobado que el humor en el lugar del trabajo, tiene una importancia vital, ya que mejora la motivación, el compromiso y la cooperación de los empleados.

Incuestionablemente, el sentido del humor abre las puertas para una mejor comunicación con los demás. A veces, nos sentimos molestos o preocupados, entonces un comentario humorístico, exagerado sobre lo que nos pasa, lleva a la risa, lo cual nos relaja y hace más fácil la comunicación.
Esta risa sincera invoca sentimientos de alegría y de felicidad. Y cuando uno esta alegre y feliz, es más fácil pensar creativamente acerca de un problema que cuando nuestra mente esta llena de sentimientos de desesperanza e inadecuación.

La sonrisa de la sinceridad y el perfume de la cortesía realizan verdaderos milagros en el mundo social y personal. Mas es urgente distinguir entre la sonrisa de la sinceridad y la sonrisa mecánica. La sonrisa de la sinceridad sale del mismo fondo del alma. La sonrisa mecánica es una mueca hipócrita y tenebrosa.
Es necesario aprender a sonreír sinceramente, para gozar y mirar con cariño a los demás. Si queremos que la gente se sienta feliz con uno, uno ha de sentirse feliz con los demás. Si, por ejemplo, uno no se siente feliz con su trabajo, si no quiere sonreír, es aconsejable escuchar buena música que nos ayudará a cambiar el carácter. Cuando oímos buena música, cuando pasamos largos ratos absorbidos escuchando buena música, elevamos nuestra mente a niveles más altos de conciencia y conseguimos concentrarnos en pensamientos y sentimientos fuertes y nobles.

Así podemos triunfar en la vida: sonriendo siempre llenos de sinceridad, viviendo alegres, trabajando con gusto y la suerte nos sonreirá dondequiera que sea.

M.A.S.

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