toc de comprobacion

Ana es una maestra de escuela de 30 años con una historia inicia 5 años antes de comprobaciones repetitivas de sus boletines de calificaciones; repetición de su ruta de conducción y pensamientos persistentes acerca de males que puedan afectar a sus padres así como preocupación excesiva por su salud y dificultades para ir a comprar comestibles ella sola.

Las conductas de comprobación aparecieron por primera vez cuando Ana iba al instituto, cuando tenia que comprobar que la estufa estuviese apagada antes de salir de casa. Recuerda que sus rituales aumentaron progresivamente durante la facultad y en esa época empezó a leer una y otra vez las páginas de los libros antes de los exámenes.

Durante los últimos 5 años, la paciente ha sufrido unas escalada de sus síntomas. Puede pasar perfectamente 3 o 4 horas ocupada con sus rituales de comprobación. Emplea al menos una hora yendo y viniendo al comprobar los quemadores de la cocina, la estufa y la puerta principal. Una vez ha quedado convencida de que todo esta bien, vuelven las ideas obsesivas, y necesita comprobarlo todo de nuevo, ya que piensa que si no lo hace la casa se quemará o entrará algún ladrón. Suele pasar varias veces con su coche por el mismo sitio, por miedo a haber atropellado a alguien o tropezado con algo. Su agenda es una verdadera pesadilla, ya que tiene que comprobar una y otra vez todo lo que se ha registrado. Afirma que hay una asociación entre los pensamientos obsesivos sobre los males que pueden afectar a sus padres y sus comportamientos repetitivos. Por ejemplo, cree que debe llamar a su madre cada día por la mañana y por la noche, sin importarle los inconvenientes que esto suponga. Dice que esta obsesionada con la idea de que, si un día deja de llamar, su madre puede sufrir un infarto y morir, y será por su culpa, por haberse olvidado de llamarla.

Cuando habla con el especialista, Ana es capaz de reconocer que sus miedos son absurdos; sin embargo, le parece casi imposible no hacer estas llamadas diarias sin sentirse extremadamente ansiosa y asustada. La paciente también reza oraciones de un modo ritual, teniendo que empezar de nuevo cada vez que comete el más mínimo error. Dice que estas oraciones garantizan que sus padres seguirán gozando de buena salud. Una vez más, en el contexto de la consulta puede admitir que, si un día deja de rezar estas oraciones lo más probable es que la salud de sus padres no resulte afectada. No obstante, también comenta que cuando intenta excluir este ritual de sus rutinas, se siente muy asustada y culpable. La paciente también sufre numerosos pensamientos obsesivos y una gran ansiedad respecto a su salud, que no mejoran con la ejercitación de los rituales.

Además de los pensamientos obsesivos y rituales, Ana describe cierta tristeza que aparece de forma intermitente pero afirma que no sufre ninguna aleta ración afectiva persistente, ni signo o síntoma de un trastorno del estado de ánimo. No presenta ninguna historia previa de trastorno de la conducta alimentaria ni de trastorno por tics.

En los últimos 5 años, Ana se ha ido aislando progresivamente a causa de sus rituales y de sus ideas obsesivas. No va sola a comprar a la tienda de comestibles por que la aterroriza que pueda hacer algo que la ponga en ridículo. Por tanto, solo sale de compras cuando la acompaña su marido o alguna amiga. Su aislamiento social y su necesidad de estar con su marido cada vez que sale han aumentado la tensión entre los cónyuges. Además de su tendencia a aislarse de los demás, la paciente ha empezado a tener dudas sobre si quiere tener un hijo o no. Su ambivalencia sobre un posible embarazo también contribuye al conflicto conyugal.

Ana acude a su primera entrevista psiquiatrita accediendo a las demandas de su esposo, quien había leído algo sobre nuevas investigaciones y nuevos programas terapéuticos para el Trastorno Obsesivo-Compulsivo, y la animó a buscar un posible tratamiento. Para Ana esto supone una tarea difícil, ya que tuvo una experiencia negativa cuando le comento lo que le pasaba a su ginecólogo. La paciente dice que se sintió humillada y que no quería buscar ningún tratamiento hasta que la insistencia de su marido le convenció a hacerlo.

Sus antecedentes médicos son irrelevantes con la excepción de leves cambios de humor premenstruales. Asegura que no ha sufrido de ningún traumatismo craneal ni infección del Sistema Nervioso Central. Su historia familiar incluye supersticiones, una extrema meticulosidad y comportamientos de acumulación en la madre y la abuela materna. También parece probable que haya una historia familiar de tics motores en el padre de la paciente y en dos tíos paternos. Ana no tiene antecedentes de abuso de alcohol u otras sustancias.

En la evaluación inicial, el examen del estado mental de la paciente revela un incremento de los movimientos motores, un afecto distimico/ansioso y llanto intermitente. No se evidencian trastornos del contenido o el curso del pensamiento.

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