¿Quién no ha contado alguna vez los escalones de su casa? ¿O ha dado la vuelta para comprobar que todo estaba cerrado? ¿O ha limpiado más de la cuenta un vaso? ¿O se niega a ir a un lavabo público? Todo esto es normal hasta que se exagera de tal forma que irrumpe en la vida cotidiana; lo que desencadena el TOC, el Trastorno Obsesivo Compulsivo, una de las 10 enfermedades más invalidantes según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Una enfermedad psiquiátrica poco común pero de bastante invalidez’, estas han sido las primeras palabras con las que el Doctor Jerónimo Saiz, Jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, ha empezado la rueda de prensa celebrada hoy en Madrid, sobre el Trastorno Obsesivo Compulsivo, la gran desconocida, tanto para los que la sufren, como para los profesionales que la tratan.

Durante un encuentro discernido en el que también se ha contado con la presencia de Susana Gómez-Lus, Medical Affarirs Lundbeck España, como moderadora; y Julio Vallejo, Jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital de Bellvitge e impulsor de la Asociación de Trastorno Obsesivo Compulsivo; los expertos han hablado de datos, números, porcentajes, avances, casos curiosos, posibles causas y consecuencias.

Se estima que el 1% de la población padece TOC, porcentaje que se queda corto si tenemos en cuanta que los psiquiatras aseguran que ‘estos Pacientes suelen tener una actitud reservada y pasan años antes de que acudan a consulta’. Podríamos pensar que una delgada línea separa una ‘obsesión’ de un TOC pero es ‘el comportamiento de la persona lo que determina la enfermedad’. Según ha explicado el Doctor Saiz, “una persona que padece TOC se angustia por ello, le desagradan estas obsesiones, es consciente de la exageración y lo absurdo que resulta, pero no puede evitarlo’.

Los doctores han contado casos como una persona que vivía con la obsesión de que algún día recogería un billete falso del banco, lo pasaría a otra persona sin saber que no era bueno y ésta tendría problemas con la policía por falsificación de billetes. Parece divertido, hay casos tan absurdos, exagerados e incomprensibles que rozan la parodia. Pero estos actos condicionan la vida de quienes lo padecen. Este Paciente nunca sacaba dinero del cajero, siempre iba al banco para que una persona se lo diera, fotocopiaba el billete, apuntaba el número de referencia y el nombre del trabajador. Al final, la policía tuvo que entrar en su casa a requisar toda la cantidad de papeles que había acumulado durante años.

Los síntomas tienen un inicio temprano. Los picos de edad rondan los 14 y los 22 años, aunque los Pacientes no van a la consulta hasta pasados entre ocho y diez años. Para el tratamiento, se combinan las terapias con psiquiatras y el suministro de fármacos, y para casos extremos se aplica neurocirugía.

Hay quien se lava constantemente hasta el punto de hacer saltar la epidermis de las palmas, quien se lava los dientes cientos de veces al día hasta destruir sus encías, quien vive creyendo que va a atropellar a alguien y cuando ve una sombra da marcha atrás y le cuesta horas llegar hasta casa… y así hasta un sinfín de rituales de limpieza, de comprobación, enumeración, jugar con los números de las matriculas… actividades absurdas que consumen tiempo y energía, además de generar angustia y sufrimiento en quienes las padecen.

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