Cirugía cerebral experimental para ayudar a aquellos con trastorno mental.


Cirugía cerebral experimental ayudar a aquellos con trastorno mental.

Jennifer Shortridge nunca pensé que podria escapar de la prisión de su mente.

“Yo no tenía una vida”. Jennifer dice. Su trastorno obsesivo compulsivo o TOC era tan grave que no podía sobrevivir sin estrictos rituales.

“tenia que hacer todos esos rituales y no sabía por qué. Nunca supe lo que estaba mal en mi. Yo sólo sabía que eso es lo que tenía que hacer que sólo los rituales me hacian sentir bien”. Jennifer dijo.

Había muchos OCD hábitos, tanto mental como física. Que siempre incluyen la repetición de un conjunto de números en cualquier tarea.

- La vinculación de sus zapatos una y otra vez hasta que se “sentía” la derecha.

- Lavarse las manos en un ritual mas de un centenar de veces al día.

- Comprobación de las cerraduras de las puertas y ventanas que incluyen la apertura y el cierre de cientos de veces.

- Repetidamente poner el cinturón de seguridad dentro y fuera hasta que se sintió bien.

- Aprovechar los dedos

- Escritura de la misma palabra una y otra vez.

Y muchos otros. “Era como que nunca se termina el que nunca se detenga.” También es agotador.

Jennifer empezo con el toc en torno a los 5 años empezó y continuó durante 22 años. La ansiedad y el estrés que desencadenan la conducta. En un momento, Jennifer se ha comprometido a que un hospital psiquiátrico especializado en el tratamiento de pacientes con TOC. Sin embargo, los tratamientos y la medicación no funciona para ella.

Entonces Jennifer se enteró de una cirugía cerebral experimental que utiliza Estimulación Profunda del Cerebro o DBS para tratar el TOC.

“Yo estaba en el punto en que no había otro lugar a donde ir. haia perdido toda experanza . Me estaba perdiendo todo. Yo estaba dispuesta a cavar mi propia tumba.” Jennifer dijo.

El pasado mes de enero fue a Jennifer Shands Hospital de Florida. El Unversity Cerebro McKnight de la Florida Instituto es uno de los pocos hospitales que era parte de la DBS para el TOC experimento.

Los médicos implantaron electrodos en la sección del cerebro de Jennifer que causó su TOC. Los electrodos están conectados a dos paquetes de baterías ahora situado a ambos lados de su pecho.

La estimulación profunda del cerebro es como un marcapasos para el cerebro. Impulsos eléctricos de modificar la actividad cerebral.

El resultado fue inmediato y sorprendente.

“Yo siento que estoy cerca de una nueva persona. Siento que crecí durante la noche.”

DBS no cura su TOC. Pero Jennifer ayuda a controlar su comportamiento. Ahora puede dejar de sí misma de la actividad compulsiva, como el lavado de manos y zapatos vinculación. Cuando ella entra en el coche, utiliza la radio como una distracción, hace clic en su cinturón de seguridad y desaparece. Al principio Jennifer no se dio cuenta de su comportamiento fue cambiando.

sin tan siquiera darse cuenta de que había dejado de hacer los rituales.”

Jennifer viaja a la Florida una vez al mes para los exámenes de investigación. Ella es parte de un proyecto de dos años y medio en el que la Cleveland Clinic también está participando. La clínica es uno de los pioneros centros de DBS y también ver si puede ser útil en el tratamiento de casos graves de depresión.

La FDA está considerando la aprobación de la DBS para el TOC como un dispositivo humanitario para las personas en casos extremos que han fracasado todos los otros tratamientos médicos.

Para las personas como Jennifer puede ser el único puente para romper el toc.

“Yo diría que esta cirugía salvó mi vida”.

DBS ya se utiliza para tratar la enfermedad de Parkinson, distonía y la epilepsia. Médicos de la Clínica Cleveland, se informó el año pasado de que sus pacientes experimentales OCD tienen resultados prometedores. Pero es desconocido cuánto tiempo puede durar el tratamiento. Si desea más información póngase en contacto con el Cleveland Clinic Centro de Restauración Neurológica en el 216.445.3550.

© 2009 WKYC televisión

Cirugía cerebral experimental para ayudar a aquellos con trastorno mental.


Cirugía cerebral experimental ayudar a aquellos con trastorno mental.

Jennifer Shortridge nunca pensé que podria escapar de la prisión de su mente.

“Yo no tenía una vida”. Jennifer dice. Su trastorno obsesivo compulsivo o TOC era tan grave que no podía sobrevivir sin estrictos rituales.

“tenia que hacer todos esos rituales y no sabía por qué. Nunca supe lo que estaba mal en mi. Yo sólo sabía que eso es lo que tenía que hacer que sólo los rituales me hacian sentir bien”. Jennifer dijo.

Había muchos OCD hábitos, tanto mental como física. Que siempre incluyen la repetición de un conjunto de números en cualquier tarea.

- La vinculación de sus zapatos una y otra vez hasta que se “sentía” la derecha.

- Lavarse las manos en un ritual mas de un centenar de veces al día.

- Comprobación de las cerraduras de las puertas y ventanas que incluyen la apertura y el cierre de cientos de veces.

- Repetidamente poner el cinturón de seguridad dentro y fuera hasta que se sintió bien.

- Aprovechar los dedos

- Escritura de la misma palabra una y otra vez.

Y muchos otros. “Era como que nunca se termina el que nunca se detenga.” También es agotador.

Jennifer empezo con el toc en torno a los 5 años empezó y continuó durante 22 años. La ansiedad y el estrés que desencadenan la conducta. En un momento, Jennifer se ha comprometido a que un hospital psiquiátrico especializado en el tratamiento de pacientes con TOC. Sin embargo, los tratamientos y la medicación no funciona para ella.

Entonces Jennifer se enteró de una cirugía cerebral experimental que utiliza Estimulación Profunda del Cerebro o DBS para tratar el TOC.

“Yo estaba en el punto en que no había otro lugar a donde ir. haia perdido toda experanza . Me estaba perdiendo todo. Yo estaba dispuesta a cavar mi propia tumba.” Jennifer dijo.

El pasado mes de enero fue a Jennifer Shands Hospital de Florida. El Unversity Cerebro McKnight de la Florida Instituto es uno de los pocos hospitales que era parte de la DBS para el TOC experimento.

Los médicos implantaron electrodos en la sección del cerebro de Jennifer que causó su TOC. Los electrodos están conectados a dos paquetes de baterías ahora situado a ambos lados de su pecho.

La estimulación profunda del cerebro es como un marcapasos para el cerebro. Impulsos eléctricos de modificar la actividad cerebral.

El resultado fue inmediato y sorprendente.

“Yo siento que estoy cerca de una nueva persona. Siento que crecí durante la noche.”

DBS no cura su TOC. Pero Jennifer ayuda a controlar su comportamiento. Ahora puede dejar de sí misma de la actividad compulsiva, como el lavado de manos y zapatos vinculación. Cuando ella entra en el coche, utiliza la radio como una distracción, hace clic en su cinturón de seguridad y desaparece. Al principio Jennifer no se dio cuenta de su comportamiento fue cambiando.

sin tan siquiera darse cuenta de que había dejado de hacer los rituales.”

Jennifer viaja a la Florida una vez al mes para los exámenes de investigación. Ella es parte de un proyecto de dos años y medio en el que la Cleveland Clinic también está participando. La clínica es uno de los pioneros centros de DBS y también ver si puede ser útil en el tratamiento de casos graves de depresión.

La FDA está considerando la aprobación de la DBS para el TOC como un dispositivo humanitario para las personas en casos extremos que han fracasado todos los otros tratamientos médicos.

Para las personas como Jennifer puede ser el único puente para romper el toc.

“Yo diría que esta cirugía salvó mi vida”.

DBS ya se utiliza para tratar la enfermedad de Parkinson, distonía y la epilepsia. Médicos de la Clínica Cleveland, se informó el año pasado de que sus pacientes experimentales OCD tienen resultados prometedores. Pero es desconocido cuánto tiempo puede durar el tratamiento. Si desea más información póngase en contacto con el Cleveland Clinic Centro de Restauración Neurológica en el 216.445.3550.

© 2009 WKYC televisión

LA DEPRESION MENTAL, TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO= A ENFERMEDAD MENTAL

LA DEPRESION MENTAL, TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO= A ENFERMEDAD MENTAL

La Depresión Mental es una de las mayores causas y que más absentismo laboral produce en el enfermo. Esta epidemia se cree que será la segunda causa de enfermedad para el año 2020 según la O.M.S., después de las patologías cardiovasculares.
Según algunos estudios serios han descubierto que la administración, y carencia de la Vitamina B12 es causante de los niveles de Serotonina circulante a nivel neuronal por nuestro cerebro y en los depresivos, alcohólicos y la fibromialgia los niveles de B12 suelen estar bajos o nulos. Si la serotonina es igual que la insulina para los diabéticos, hace pensar obviamente, en paliar la enfermedad depresiva con vitamina B12 + y sus interacciones con el resto de vitaminas hidroxolubres de grupo “B”. Sin embargo, la práctica médica no lo tiene tan claro o quizás la presión de las multinacionales farmacéuticas prefieren imponer otros productos químicos, desde el Litio, Fluoxetina, etc., y sus derivados a un sinfín de anestesiantes cerebrales que actuan sobre la mente. En los primeros estadios de la enfermedad el placebo funciona igual o mejor que los fármacos. Aún así la depresión mental sigue aumentando al igual que sus paliativos químicos. ¿Entonces cuales son las causas?
La neurocirugía aporta algunas soluciones a los trastornos psíquicos y cuyos resultados han sido en muchos casos satisfactorios desde que el Dr. Burzaco acometiese la osadía de meter el bisturí en el alma misma del enfermo: seccionado circuitos neuronales causantes de los trastornos. Ahora, en nuestra Asociación Tubal para Ayuda y Autoapoyo a los Enfermos Depresivos de Euskadi hemos “aconsejado” a uno de nuestros asociados y con objeto de que estudien los especialistas el caso con la intención de optar por la técnica quirúrgica, como posible solución.
Manolo, que así se llama el enfermo, ha decidido recientemente cambiar su nombre de pila y además de su nombre su aspecto físico ya está siendo transformado: a cambiado su pelo negro por mechas rubias, se ha depilado con láser, se siente bisexual unas veces y otras homosexual; algunos días se siente mujer. Manolo tiene 48 años de edad separado, padre de dos hijos y la evolución de su enfermedad que sufre: un Cuadro Obsesivo Compulsivo de larga data con sintomatología depresiva. Casi toda su vida ha estado internado en los psiquiátricos y ha agotado todas las técnicas y tratamientos desde los farmacológicos, Terapia Electroconvulsiva, Terapia interpersonal, etc.
realizarCitaré algunos de sus síntomas: pensamientos intrusos, como “que se le tuercen los dientes, que se le rompen…” “que tiene bultos debajo de los párpados”,”quitarse los lunares y demás imperfecciones”, “que tiene que se exploraciones de los pies y de todo su cuerpo por medio de un scanner..”
Tras tantos años de tratamiento farmacológico combinado co T.E.C. (corrientes eléctricas), que han traspasado su cerebro laceradamente como lanzas inquisitoriales. y a pesar de tantos esfuerzos realizados por la ciencia médica, Manolo, sigue lamentablemente en un estado de vivencial con fases descompensadas que le hacen imposible vivir con dignidad. Su imaginación desde una mente enferma que no se sabe si degenerativa en su propio proceso o por la acción de la farmacología administrada durante décadas: le han dejado como un “hombre de paja” como un espantapájaros. Sin embargo, a pesar de todo, desde que esta Asociación ha tratado a Manolo con psicoterápia, mucho cariño…, y su autoestima a aumentado considerablemente. Ahora llama por un teléfono móvil a sus familiares explicándoles su enfermedad y sus obsesiones y lo hace de una forma educada, con fluidez verbal, ante le costaba articular las palabras y sus pensamiento, estaba mucho más confusos y antisocial con tendencia al aislamiento; le hemos devuelto la dignidad y aunque persisten sus síntomas Obsesivos Compulsivos los controla mucho mejor. Y por ésta causa está decidido en acudir al quirófano “para extirpar sus neuronas rebeldes, causantes de sus trastorno obsesivos compulsivos”. Y lo que más nos asusta es su decisión asumida mansamente, inocentemente, como los corderos cuando van al matadero y a la vez barruntan el olor misterioso de la sangre causádole cierta reticencia a la operación quirúrgica. Y nos sentimos en cierta medida responsable si se produce el fracaso. Esta técnica quirúrgica, que los neurocirujanos comienzan a dominar, tras casi quince años de práctica. Pero, en los quirófanos existen riegos. Riesgos evidente; quizás el Láser o bisturí acaben con las perniciosas neuronas de Manolo que le han convencido en que cambie su nombre y ya… viejas y somnolientas por la química aún no han interferido en Manolo en la idea de operarse o no, pero de seguro lo harán.
Algunos críticos se refieren a esta técnica como “matar moscas a cañonazos” poque, algunos de los operados después de algunos años de mejoría, sus neuronas han creado nuevos circuitos y la enfermedad fantasma, ha aparecido con nuevos brotes, al igual que los árboles cuando los podan y, por la primavera brotan aún más vigorosos.
Me contaba Manolo que quiere dejar de sufrir. Que desde que le brotó su enfermedad ha trascurrido casi veinticinco años de un infierno embaldosado de buenas intenciones y de nulo resultado terapéutico. Manolo es un ser sentimental y sus sentimientos sutiles, y pese a su enfermedad no han quedado opacos, afloran con abundantes en cascada de lágrimas a la vez que profiere palabras amenazantes con el suicidio, como válvula de escape ante tanto y desgarrante dolor. Es una forma de pedir ayuda y prefiere encerrarse en su sufrimiento, lesionando el más pura esencia del alma. Porque Manolo es un ser pacífico, como casi todos los enfermos mentales.

Poca luz científica alumbra a la psiquiatría como instrumento paliativo en los procesos mentales que interfieren en el hombre. Sin embargo, algo se sabe: cuando un terapeuta habla a un paciente y éste escucha, el terapeuta no solamente realiza contacto visual y verbal, sino que la actividad neuronal del profesional ejercería un efecto sobre la actividad neuronal en el cerebro del paciente y viceversa. Resulta muy probable que las intervenciones psicoterapeutas provoquen cambios en el cerebro del paciente y desde esta perspectiva la aproximación biológica y social está muy cercana.
El hombre ha perdido el norte en cuanto a valores morales y religiosos y a dejado de orar, también de confesarse y por tanto con la conciencia cargada los problemas psíquicos se desencadenas y si esto no sirve, el vivir día a día es un puro acto de sobrevivencia, una especie de selva cuyos paisaje amenaza con depredadores variados y que todos conocemos. Producen en el hombre lo que será una de las mayores epidemia: la enfermedad mental. La figura del confesor (cura) ha pasado o está pasando a la del psicólogo o psiquiatra. El cerebro es sugestionables y el poder de la oración es un instrumento lícto y válido que el hombre nunca debería de abandonar; es así como hemos sido moldeados y nuestros genes y neuronas están adaptado a tales circunstancias, los cambios son muchas veces consustancialmente peligrosos.
fuente:Antonio Valcárcel Domínguez

NEUROCIRUGIA La cirugía de la mente


NEUROCIRUGIA La cirugía de la mente

La psicocirugía sigue siendo la técnica más polémica de la Medicina,
aunque resuelve determinadas patologías mentales que no responden a otra
terapia
.
MYRIAM LOPEZ BLANCO

Phineas Gage era un trabajador muy competente antes de aquella terrible
explosión. Sus compañeros le consideraban una de esas personas que si se hacía
notar era por su extrema discreción y por el trato siempre amable y cortés.
Provenía de Irlanda y trabajaba en EEUU extrayendo rocas con explosivos en
terrenos montañosos. En el trascurso de una explosión incontrolada, una barra
de hierro se incrustó con toda la fuerza de la carga explosiva en la parte
frontal de su cabeza y Phineas salió despedido por los aires.
Pero, para sorpresa de todos, Phineas Gage sobrevivió a la extracción de la
barra de hierro de su cráneo. Aunque ya no era el mismo. A medida que se iba
recuperando, lo único que quedaba del antiguo Phineas era la memoria y la
inteligencia. Había perdido por completo la elegancia y la discreción que le
caracterizaban.
En 1868, veinte años después, cuando el caso se había convertido en el centro
de atención de los médicos de medio mundo, un científico de Boston escribió
sobre él: «Es irreverente, siente satisfacción con las groserías más injuriosas
(cosa que no solía hacer antes), manifiesta poco respeto por sus compañeros y
no tolera consejos cuando éstos no coinciden con sus propios deseos».
El accidente de Cage demostró que se podía alterar el comportamiento humano
cuando se alteraban los lóbulos frontales del cerebro. Aquella fue la pista que
acabaría originando, un siglo más tarde, el tratamiento psiquiátrico más
polémico de la historia de la medicina: la psicocirugía.
Ha llovido mucho desde que la psicocirugía dio sus primeros pasos de la mano
del neurocirujano portugués Egas Moniz. Era 1935. En aquellos años, la
psicocirugía cayó en manos de los especialistas como la única herramienta
disponible para hacer frente a la enfermedad mental. Las instituciones
psiquiátricas estaban sobrepobladas porque no había absolutamente ningún
tratamiento específico disponible (como el choque insulínico o los
psicofármacos).
.
El primer procedimiento
.
La lobotomía prefrontal propuesta por Moniz -hacía un agujero de trépano en una
zona donde no hay grandes vasos y seccionaba, con un leucotomo, la sustancia
blanca del lóbulo frontal- resultó efectiva para el tratamiento de algunas
alteraciones del comportamiento y la técnica se empezó a extender por todos los
países. Con el tiempo, la técnica de la lobotomía frontal radical se fue
reduciendo a leucotomías más restringidas, aunque la seguridad del
procedimiento se empezó a poner en duda a medida que se iban acumulando datos.
Las operaciones se hacían «a mano alzada» con muy poco control del tamaño de la
lesión y con un alto riesgo de hemorragias. Además, esta técnica no se realizó
con la misma seriedad en unos lugares que en otros. La mayoría de las veces no
eran neurocirujanos especializados los que operaban, sino neurólogos, cirujanos
generales o incluso médicos itinerantes sin ningún entrenamiento en el área de
la neurocirugía.
«En EEUU, sobre todo, se operaba sin indicación quirúrgica ninguna, y se hacía
hasta en régimen ambulante, como si fuese una panacea», dice el doctor Gerardo
Martín, jefe de Neurocirugía del centro médico La Zarzuela de Madrid. Entre
1949 y 1952, se practicaron unas 5.000 lobotomías al año en EEUU en estas
condiciones. La selección del enfermo se hacía sólo en base a los síntomas. De
modo que no se sabía a ciencia cierta por qué causa se estaba operando a un
paciente, y si un paciente se moría era imposible saber si había sido por la
técnica en sí o porque, por ejemplo, había un tumor cerebral que no se había
podido detectar.
No obstante, hubo lugares en los que se hizo de forma más rigurosa. En Suecia,
por ejemplo, el doctor Rylander del Karolinska seleccionaba bien a los
pacientes y utilizaba una técnica quirúrgica muy depurada con la que obtenía
buenos resultados y pocas complicaciones. Eran los años 40.
Con el tiempo, se fueron encontrando medidas terapéuticas -como el shock con
cardiazol, o más tarde el largactil, que fue el primer medicamento que
controlaba algunos aspectos de la enfermedad mental y que los relajaba mucho-,
y la psicocirugía se fue restringiendo. Sin embargo, seguía habiendo enfermos
desesperados que no respondían al tratamiento, que sufrían mucho, que se
suicidaban, que cometían homicidios, etc.
En Suecia, a finales de los años 50, el equipo del doctor Leksell -inventor del
«gamma knife», una variante de la radioterapia pero para el cerebro- realizó un
estudio muy prometedor. Hizo un grupo de 60 pacientes a los que operó con una
técnica revolucionaria: la estereotaxia. En lugar de tener que abrir, lo que se
hizo fue poner un electrodo de un milímetro y hacer coagulaciones en un pequeño
volumen intracraneal situado en un punto crítico.
Así, el tamaño de las lesiones se redujo de forma importante -de varios
centímetros a unos pocos milímetros- y los efectos colaterales eran mínimos.
Antes, llegar a una zona concreta del cerebro con el fin de «cortar»
determinadas fibras que causan el síntoma suponía, literalmente, atravesar la
zona del cerebro previa a la lesión. Es decir, provocar trastornos en el resto
del cerebro. Sin embargo, la técnica estereotáxica, con un sofisticado sistema
de coordenadas, permitía dirigir el «disparo» al lugar exacto en el que se
quería intervenir.
En España, se hicieron las primeras psicocirugías en el año 1966. El doctor
Juan Antonio Burzaco, del Servicio de neurocirugía del Hospital Ruber
Internacional de Madrid, que estuvo trabajando con el doctor Leksell en Suecia,
se encargó, junto con el doctor López Ibor, de los primeros casos en el
Hospital Clínico de Barcelona. Y, hoy en día, con 30 años de experiencia en
este campo y unos 360 pacientes operados, el doctor Burzaco es, prácticamente,
la única persona en España que realiza intervenciones de este tipo.
«La primera paciente que operé era una chica de 21 años con neurosis que se
había cortado dos o tres veces veces la lengua a pesar de la medicación y de
estar ingresada», cuenta el doctor Burzaco. Desde entonces, han aparecido las
modernas técnicas de diagnóstico (la resonancia, el TAC, el PET -que lleva
instalado en España un año-, etc), capaces de retratar el funcionamiento y la
estructura del cerebro de un paciente, se han encontrado medicamentos muy
eficaces y han avanzado mucho los estudios del cerebro.
.
Opiniones enfrentadas
.
Sin embargo, hay especialistas que opinan que, con rigor científico, es
imposible acercarse a un problema de la mente con un bisturí, porque todavía
queda mucho por descubrir en lo que a las conexiones cerebrales se refiere. Es
el caso del doctor Francisco Mora, catedrático del Departamento de Fisiología
Humana de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, que
sostiene que no hay ningún fundamento experimental claro de lo que se está
haciendo en psicocirugía. «Es como matar moscas a cañonazos», dice el
neurólogo.
Pero, por otro lado, todavía hoy hay un número de enfermos agitados que tienen
que estar atados a la cama porque no responden a ningún tratamiento médico y
los efectos colaterales de la cantidad de fármacos que tienen que tomar son
peores que tenerlos sujetos. Otros, a pesar de la medicación, son casos
desesperantes que intentan suicidarse constantemente y se han quedado
paralíticos, o casi, en el intento; o se automutilan, a veces provocándose la
muerte; o son individuos agresivos, violentos, o en los que el sufrimiento es
desgarrador y constante. Son enfermos irreversibles, crónicos, muy graves, para
los que la psicocirugía es la última alternativa que les queda por probar para
acabar con la pesadilla. Sin embargo, esta especialidad sigue siendo el centro
de todas las críticas en los Congresos de Psiquiatría. «Sólo por hablar de este
tema, te quemas -dice el doctor Martin, que esporádicamente también realiza
operaciones de este tipo-. Pero todo este clima se remonta a la historia, que
cada uno cuenta a su manera, y a la mala práctica que se hizo antes de los 50».
Según el doctor Burzaco, muchos especialistas lanzan críticas contra la
psicocirugía sin haber visto nunca a un paciente o sin haber revisado la
bibliografía para analizar los resultados. «Es como ver la realidad y negarse a
aceptarla», dice. En un Congreso Mundial de Psiquiatría Biológica celebrado en
Estocolmo a principios de los 80 salieron a flote unas duras críticas durante
el transcurso de una mesa redonda dedicada al tratamiento de la agresividad
patológica. «Propuse que viniesen a Madrid, que viesen los ficheros de las
personas que hemos operado, porque son públicos, y que después de verlos
podrían opinar. Mientras tanto, lo único que se logra es convertir una reunión
científica en un mítin político», dice Burzaco. Algunos psiquiatras alegan que
es un arma de doble filo, que podría utilizarse contra los presos políticos,
contra las mujeres, contra los niños. Sin embargo, según Burzaco ese argumento
no es científico y se puede aplicar a todo, no sólo a la psicocirugía. «Un
cuchillo se puede utilizar para dar la vida o para dar la muerte -dice
Burzaco-. Y dos horas de televisión han llegado a hacer más daño que un
neurocirujano en toda su vida. Lo que ocurre es que lo misterioso o lo que no
conocemos parece siempre peligroso».
«Hoy en día, en el mundo se están haciendo psicocirugías en las que el PET
muestra claramente el funcionamiento cerebral antes y después de la operación y
se comprueba cómo se ha normalizado la situación del paciente -dice el
especialista-. Y se ha visto cómo una chica de 20 ó 21 años que llevaba desde
los 14 sufriendo una neurosis, se transforma en una mujer libre y sin complejos
después de la intervención». Según datos del doctor Burzaco, en una valoración
realizada recientemente con los pacientes operados de psicocirugía en España,
el 70% de los enfermos habían mejorado de forma importante y, con o sin
medicación, podían hacer una vida normal.
El 20% mejoraron, aunque no lo suficiente. Y el 10% a penas se modificó. El
doctor Enrique Ferrer, jefe del servicio de neurocirugía del Hospital Clínico
de Barcelona, no duda de que «esta técnica quirúrgica volverá. Porque cuando
está bien indicada, la psicocirugía ofrece unos resultados muy correctos. Sin
embargo, ahora está un tanto desprestigiada, y los psiquiatras no suelen pensar
en ella como una solución para sus pacientes».
En cambio, no todos los especialistas le auguran tan buen futuro a este
procedimiento. El doctor Francisco Mora cree que «a medida que avancemos en el
conocimiento del cerebro iremos apartando lo burdo, y lo burdo es la
psicocirugía».
Para el doctor Martín, aunque hoy las indicaciones han bajado mucho, «la
psicocirugía nunca ha muerto y nunca se ha dejado de practicar». El grupo del
Massachusetts General Hospital, en Boston, no ha dejado de hacer una cirugía
del sistema límbico llamada cingulotomía estereotáxica para tratar los
pacientes obsesivo compulsivos que no responden a la farmacología, y otros
problemas psiquiátricos.

fuente:el mundo

NEUROCIRUGIA La cirugía de la mente


NEUROCIRUGIA La cirugía de la mente

La psicocirugía sigue siendo la técnica más polémica de la Medicina,
aunque resuelve determinadas patologías mentales que no responden a otra
terapia
.
MYRIAM LOPEZ BLANCO

Phineas Gage era un trabajador muy competente antes de aquella terrible
explosión. Sus compañeros le consideraban una de esas personas que si se hacía
notar era por su extrema discreción y por el trato siempre amable y cortés.
Provenía de Irlanda y trabajaba en EEUU extrayendo rocas con explosivos en
terrenos montañosos. En el trascurso de una explosión incontrolada, una barra
de hierro se incrustó con toda la fuerza de la carga explosiva en la parte
frontal de su cabeza y Phineas salió despedido por los aires.
Pero, para sorpresa de todos, Phineas Gage sobrevivió a la extracción de la
barra de hierro de su cráneo. Aunque ya no era el mismo. A medida que se iba
recuperando, lo único que quedaba del antiguo Phineas era la memoria y la
inteligencia. Había perdido por completo la elegancia y la discreción que le
caracterizaban.
En 1868, veinte años después, cuando el caso se había convertido en el centro
de atención de los médicos de medio mundo, un científico de Boston escribió
sobre él: «Es irreverente, siente satisfacción con las groserías más injuriosas
(cosa que no solía hacer antes), manifiesta poco respeto por sus compañeros y
no tolera consejos cuando éstos no coinciden con sus propios deseos».
El accidente de Cage demostró que se podía alterar el comportamiento humano
cuando se alteraban los lóbulos frontales del cerebro. Aquella fue la pista que
acabaría originando, un siglo más tarde, el tratamiento psiquiátrico más
polémico de la historia de la medicina: la psicocirugía.
Ha llovido mucho desde que la psicocirugía dio sus primeros pasos de la mano
del neurocirujano portugués Egas Moniz. Era 1935. En aquellos años, la
psicocirugía cayó en manos de los especialistas como la única herramienta
disponible para hacer frente a la enfermedad mental. Las instituciones
psiquiátricas estaban sobrepobladas porque no había absolutamente ningún
tratamiento específico disponible (como el choque insulínico o los
psicofármacos).
.
El primer procedimiento
.
La lobotomía prefrontal propuesta por Moniz -hacía un agujero de trépano en una
zona donde no hay grandes vasos y seccionaba, con un leucotomo, la sustancia
blanca del lóbulo frontal- resultó efectiva para el tratamiento de algunas
alteraciones del comportamiento y la técnica se empezó a extender por todos los
países. Con el tiempo, la técnica de la lobotomía frontal radical se fue
reduciendo a leucotomías más restringidas, aunque la seguridad del
procedimiento se empezó a poner en duda a medida que se iban acumulando datos.
Las operaciones se hacían «a mano alzada» con muy poco control del tamaño de la
lesión y con un alto riesgo de hemorragias. Además, esta técnica no se realizó
con la misma seriedad en unos lugares que en otros. La mayoría de las veces no
eran neurocirujanos especializados los que operaban, sino neurólogos, cirujanos
generales o incluso médicos itinerantes sin ningún entrenamiento en el área de
la neurocirugía.
«En EEUU, sobre todo, se operaba sin indicación quirúrgica ninguna, y se hacía
hasta en régimen ambulante, como si fuese una panacea», dice el doctor Gerardo
Martín, jefe de Neurocirugía del centro médico La Zarzuela de Madrid. Entre
1949 y 1952, se practicaron unas 5.000 lobotomías al año en EEUU en estas
condiciones. La selección del enfermo se hacía sólo en base a los síntomas. De
modo que no se sabía a ciencia cierta por qué causa se estaba operando a un
paciente, y si un paciente se moría era imposible saber si había sido por la
técnica en sí o porque, por ejemplo, había un tumor cerebral que no se había
podido detectar.
No obstante, hubo lugares en los que se hizo de forma más rigurosa. En Suecia,
por ejemplo, el doctor Rylander del Karolinska seleccionaba bien a los
pacientes y utilizaba una técnica quirúrgica muy depurada con la que obtenía
buenos resultados y pocas complicaciones. Eran los años 40.
Con el tiempo, se fueron encontrando medidas terapéuticas -como el shock con
cardiazol, o más tarde el largactil, que fue el primer medicamento que
controlaba algunos aspectos de la enfermedad mental y que los relajaba mucho-,
y la psicocirugía se fue restringiendo. Sin embargo, seguía habiendo enfermos
desesperados que no respondían al tratamiento, que sufrían mucho, que se
suicidaban, que cometían homicidios, etc.
En Suecia, a finales de los años 50, el equipo del doctor Leksell -inventor del
«gamma knife», una variante de la radioterapia pero para el cerebro- realizó un
estudio muy prometedor. Hizo un grupo de 60 pacientes a los que operó con una
técnica revolucionaria: la estereotaxia. En lugar de tener que abrir, lo que se
hizo fue poner un electrodo de un milímetro y hacer coagulaciones en un pequeño
volumen intracraneal situado en un punto crítico.
Así, el tamaño de las lesiones se redujo de forma importante -de varios
centímetros a unos pocos milímetros- y los efectos colaterales eran mínimos.
Antes, llegar a una zona concreta del cerebro con el fin de «cortar»
determinadas fibras que causan el síntoma suponía, literalmente, atravesar la
zona del cerebro previa a la lesión. Es decir, provocar trastornos en el resto
del cerebro. Sin embargo, la técnica estereotáxica, con un sofisticado sistema
de coordenadas, permitía dirigir el «disparo» al lugar exacto en el que se
quería intervenir.
En España, se hicieron las primeras psicocirugías en el año 1966. El doctor
Juan Antonio Burzaco, del Servicio de neurocirugía del Hospital Ruber
Internacional de Madrid, que estuvo trabajando con el doctor Leksell en Suecia,
se encargó, junto con el doctor López Ibor, de los primeros casos en el
Hospital Clínico de Barcelona. Y, hoy en día, con 30 años de experiencia en
este campo y unos 360 pacientes operados, el doctor Burzaco es, prácticamente,
la única persona en España que realiza intervenciones de este tipo.
«La primera paciente que operé era una chica de 21 años con neurosis que se
había cortado dos o tres veces veces la lengua a pesar de la medicación y de
estar ingresada», cuenta el doctor Burzaco. Desde entonces, han aparecido las
modernas técnicas de diagnóstico (la resonancia, el TAC, el PET -que lleva
instalado en España un año-, etc), capaces de retratar el funcionamiento y la
estructura del cerebro de un paciente, se han encontrado medicamentos muy
eficaces y han avanzado mucho los estudios del cerebro.
.
Opiniones enfrentadas
.
Sin embargo, hay especialistas que opinan que, con rigor científico, es
imposible acercarse a un problema de la mente con un bisturí, porque todavía
queda mucho por descubrir en lo que a las conexiones cerebrales se refiere. Es
el caso del doctor Francisco Mora, catedrático del Departamento de Fisiología
Humana de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, que
sostiene que no hay ningún fundamento experimental claro de lo que se está
haciendo en psicocirugía. «Es como matar moscas a cañonazos», dice el
neurólogo.
Pero, por otro lado, todavía hoy hay un número de enfermos agitados que tienen
que estar atados a la cama porque no responden a ningún tratamiento médico y
los efectos colaterales de la cantidad de fármacos que tienen que tomar son
peores que tenerlos sujetos. Otros, a pesar de la medicación, son casos
desesperantes que intentan suicidarse constantemente y se han quedado
paralíticos, o casi, en el intento; o se automutilan, a veces provocándose la
muerte; o son individuos agresivos, violentos, o en los que el sufrimiento es
desgarrador y constante. Son enfermos irreversibles, crónicos, muy graves, para
los que la psicocirugía es la última alternativa que les queda por probar para
acabar con la pesadilla. Sin embargo, esta especialidad sigue siendo el centro
de todas las críticas en los Congresos de Psiquiatría. «Sólo por hablar de este
tema, te quemas -dice el doctor Martin, que esporádicamente también realiza
operaciones de este tipo-. Pero todo este clima se remonta a la historia, que
cada uno cuenta a su manera, y a la mala práctica que se hizo antes de los 50».
Según el doctor Burzaco, muchos especialistas lanzan críticas contra la
psicocirugía sin haber visto nunca a un paciente o sin haber revisado la
bibliografía para analizar los resultados. «Es como ver la realidad y negarse a
aceptarla», dice. En un Congreso Mundial de Psiquiatría Biológica celebrado en
Estocolmo a principios de los 80 salieron a flote unas duras críticas durante
el transcurso de una mesa redonda dedicada al tratamiento de la agresividad
patológica. «Propuse que viniesen a Madrid, que viesen los ficheros de las
personas que hemos operado, porque son públicos, y que después de verlos
podrían opinar. Mientras tanto, lo único que se logra es convertir una reunión
científica en un mítin político», dice Burzaco. Algunos psiquiatras alegan que
es un arma de doble filo, que podría utilizarse contra los presos políticos,
contra las mujeres, contra los niños. Sin embargo, según Burzaco ese argumento
no es científico y se puede aplicar a todo, no sólo a la psicocirugía. «Un
cuchillo se puede utilizar para dar la vida o para dar la muerte -dice
Burzaco-. Y dos horas de televisión han llegado a hacer más daño que un
neurocirujano en toda su vida. Lo que ocurre es que lo misterioso o lo que no
conocemos parece siempre peligroso».
«Hoy en día, en el mundo se están haciendo psicocirugías en las que el PET
muestra claramente el funcionamiento cerebral antes y después de la operación y
se comprueba cómo se ha normalizado la situación del paciente -dice el
especialista-. Y se ha visto cómo una chica de 20 ó 21 años que llevaba desde
los 14 sufriendo una neurosis, se transforma en una mujer libre y sin complejos
después de la intervención». Según datos del doctor Burzaco, en una valoración
realizada recientemente con los pacientes operados de psicocirugía en España,
el 70% de los enfermos habían mejorado de forma importante y, con o sin
medicación, podían hacer una vida normal.
El 20% mejoraron, aunque no lo suficiente. Y el 10% a penas se modificó. El
doctor Enrique Ferrer, jefe del servicio de neurocirugía del Hospital Clínico
de Barcelona, no duda de que «esta técnica quirúrgica volverá. Porque cuando
está bien indicada, la psicocirugía ofrece unos resultados muy correctos. Sin
embargo, ahora está un tanto desprestigiada, y los psiquiatras no suelen pensar
en ella como una solución para sus pacientes».
En cambio, no todos los especialistas le auguran tan buen futuro a este
procedimiento. El doctor Francisco Mora cree que «a medida que avancemos en el
conocimiento del cerebro iremos apartando lo burdo, y lo burdo es la
psicocirugía».
Para el doctor Martín, aunque hoy las indicaciones han bajado mucho, «la
psicocirugía nunca ha muerto y nunca se ha dejado de practicar». El grupo del
Massachusetts General Hospital, en Boston, no ha dejado de hacer una cirugía
del sistema límbico llamada cingulotomía estereotáxica para tratar los
pacientes obsesivo compulsivos que no responden a la farmacología, y otros
problemas psiquiátricos.

fuente:el mundo